Alarmante situación de los comedores sociales de la capital

«Hay hambre en nuestras calles»

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13/02/2018

El comedor social de la parroquia de Santo Domingo, en Vegueta, lleva alimentando a las personas con dificultades desde el año 2009. Es uno de los cinco comedores que existen en la capital grancanaria, donde el colapso y la necesidad dan buena muestra de que lo peor de la crisis aún no ha pasado.

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De lunes a viernes, una media de 30 personas para el desayuno y cerca de 35 para el almuerzo, se acercan hasta la plaza de Santo Domingo para poder saciar al hambre, lavar la ropa, o simplemente asearse. Allí les esperan diariamente unos seis voluntarios, con Blanca Caballero al frente, para recordarles que no están solos. Todos son bien recibidos en la parroquia, salvo que lleguen «bebidos o bajo los efectos de las drogas. Debe predominar el respeto porque esto es un hogar», resalta Amada Torres, una de las encargadas de la acogida inicial.

El papel que juegan los voluntarios del comedor es fundamental para que la armonía predomine el ambiente. Caballero admite que «ya conocemos a todos los que vienen. Nunca hemos tenido que tener un guardia, los que no se pueden adaptar, pues no los acogemos, pero es una minoría».

«Debe predominar el respeto porque esto es un hogar».

La cifra de asistentes al comedor no para de aumentar año tras año. Aunque comenzaron a operar en plena crisis, las demandas de ayuda crecen y crecen anualmente. María del Carmen Caballero, otra de las encargadas de acogida del comedor, señala que «estamos en zona roja. Acogemos a todo el cono sur de la ciudad, unido a la zona de Vegueta». Aunque la capacidad del recinto tiene un límite, siempre procuran no dejar a nadie sin alimentos. Los que se quedan por fuera también reciben su parte. La situación es alarmante, «podemos decir que existe un colapso en los comedores sociales», afirma Blanca.

«Hay hambre en nuestras calles»
Perfiles de los asistentes

El perfil de los asistentes a la parroquia suele variar, pero hay un dato que es realmente preocupante, y que ha crecido en los últimos dos años, la presencia de jóvenes, tanto solos como en pareja. Este es un hecho que tiene en alerta al comedor, «en todos los años que llevamos aquí, no habíamos visto tanta gente joven como ahora. Algunos vienen en pareja, porque ninguno de los dos tiene trabajo ni relación con la familia. Muchos otros vienen solos». Problemas con la justicia, adicciones, desempleo y soledad son algunos de los motivos que los llevan a tocar la puerta de la iglesia pidiendo caridad. En cuanto a género, predomina la asistencia de hombres, con una edad que oscila entre los 40 y los 60 años. Es un perfil tipo que se ha mantenido estos años, salvo la triste excepción de los jóvenes.

«No habíamos visto tanta gente joven como ahora».

Desde el comienzo «siempre ha predominado la asistencia de canarios. Tenemos también hay algunos marroquíes, y ha repuntado el número de italianos. El año pasado teníamos a bastantes» apuntan las responsables del comedor. Desde la unidad familiar de Cáritas parroquial también trabajan con las familias en dificultades que no asisten al centro. «Les hacemos una compra mensual de productos básicos de alimentación e higiene. Es importante trabajar también con las familias».

«Hay hambre en nuestras calles»
En Las Palmas de Gran Canaria «se está pasando hambre»

Todas aquellas personas que quieran colaborar, lo pueden hacer económicamente o en forma de voluntariado. «Me gustaría que la gente tomara conciencia de que hoy estás allí y mañana puedes estar aquí. No hace falta tener adicciones para estar en un comedor social» apunta Amada, que admite que «hemos tenidos parejas, sin trabajo y sin ayudas, que han tenido que entregar a sus niños para que puedan comer». El paro es uno de los grandes azotes para los demandantes. «En Las Palmas de Gran Canaria se está pasando hambre. Bastante hambre». Blanca Caballero se muestra tajante, «esto le puede pasar a cualquiera. Por muy bien que le vaya en el trabajo, un día todo puede cambiar. Cuando no hay trabajo, ni ahorros, ni ayudas, llega el hambre».

Las puertas, siempre abiertas

Estas acciones van mucho más allá de las creencias de cada uno, como señalan las voluntarias. «La iglesia siempre va a tener la puerta abierta. No preguntamos la raza, ni la condición ni su religión». La mayor motivación que tienen para asistir cada día al comedor es la satisfacción de ayudar, recordando que «somos madres, y no nos gustaría que nuestros hijos pasaran por esto».

«No preguntamos la raza, ni la condición si su religión».

En los bancos de la plaza de Santo Domingo, seis hombres tratan de resguardarse del frío y la intensa lluvia. A pesar de no tener techo, saben que mientras haya solidaridad, no les faltará jamás un plato de comida caliente. El comedor les espera con una sonrisa y los brazos abiertos.

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