Escaleras que atrapan al barrio

29/04/2018

Marina lleva 70 años viviendo en San Nicolás. Y en los últimos años se siente atrapada en el barrio, como otras muchas personas mayores. Las escaleras mecánicas que la conectan con la ciudad llevan meses rotas, lo que aísla al risco y dificulta la movilidad de este y otros barrios.

De todos los ascensores y escaleras mecánicas que tiene la ciudad para facilitar la movilidad de los vecinos, solo el ascensor de Lomo Verdejo está en funcionamiento, según un informe realizado por el área de Fomento y Servicios Públicos del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

El resto está inoperativo: el ascensor de Obispo Romo sufrió un acto vandálico el pasado 19 de abril que lo mantiene inutilizado, pendiente de una inversión de 1.257,14 euros; las escaleras de San Antonio están paradas, sin que en ningún caso se mencione la causa; las escaleras mecánicas de San Nicolás están destrozadas porque le empotraron un carro de la compra y porque las lluvias afectaron a su sistema mecánico, lo que exige 4.078,44 euros para su reparación; y los daños del ascensor y de las escaleras de la calle Miguel Servet (San Juan-San José) ascienden a 5.637,59 euros.

Estas cifras tienen consecuencias. Y las sufren personas. «Aquí hay gente que tiene cien años y lo tiene difícil para salir», explica Carmen Hernández, quien en las últimas semanas ha enviado varios escritos al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para que arreglen la escalera de San Nicolás, situada en la calle Micaelita Pérez Vizcaíno, con la que se llega a Primero de Mayo. «Muchos tienen que coger el taxi porque no se puede subir todas las escaleras», prosigue esta ciudadana. A su lado, una vecina cuenta lo que padece su madre cada vez que tiene que salir. «Tiene 97 años y llega muertita», indica, «cuando llega a casa está asfixiadita y encima se ha operado de las rodillas».

Carmen Hernández era profesora del conservatorio de música y compró la que es su casa hace más de una década para poder ir caminando al trabajo. Ahora, ya jubilada, ve cómo los desplazamientos a pie en el barrio se han vuelto demasiado complicados para las personas mayores.

Y todavía los que viven en Domingo Guerra del Río pueden entrar desde la zona del castillo de Mata y recorrer la calle, pero los que viven más arriba se encuentran con un laberinto de escaleras que resulta inafrontable. «He presentado escritos al Ayuntamiento y he mandado e-mails pero no responden», destaca esta vecina, quien lamenta la falta de interés del grupo de gobierno con esta problemática. «La cristalera de esta escalera», señala en relación a la que está en la calle Micaelita Pérez Vizcaíno, «la rompieron hace dos meses y todavía no han venido ni a quitar los restos de cristales» esparcidos por la calle.

Vecinos como Marina todavía recuerdan la alegría que se vivió en el barrio cuando las escaleras mecánicas fueron instaladas. «Pensamos que esto era la felicidad», explica mientras toma el fresco y el sol de la mañana, «pero ahora está siempre parada».

En San Nicolás se tiene la sensación de que las escaleras no han funcionado con regularidad nunca, aunque desde el Consistorio capitalino se asegura que el dispositivo fue roto en diciembre. La concejala de Fomento y Servicios Públicos, Inmaculada Medina, explicó que a fines de año la escalera fue puesta en marcha tras una inversión superior a los 20.000 euros y «solo duró un mes».

Al respecto dice que «nosotros arreglamos siempre los desperfectos y tratamos de hacerlo con agilidad pero el problema surge cuando hay que esperar la llegada de alguna pieza de fuera», aseguró, «es una lástima que tengamos que soportar actos vandálicos en elementos necesarios para garantizar los desplazamientos de mayores y de personas con movilidad reducida».

El problema añadido a esta situación es el hecho de que el Ayuntamiento tiene que correr con todos los gastos derivados de las reparaciones ya que el contrato firmado con las empresas solo recoge el mantenimiento o los fallos mecánicos. Lógicamente esto exime a las adjudicatarias de afrontar los destrozos que causan los actos vandálicos.

Los vecinos reclaman la instalación de cámaras de seguridad que vigilen estos elementos las veinticuatro horas del día para tratar de garantizar la seguridad y su operatividad. Y la concejala Medina ha recogido el guante. «Estamos ya estudiando la posibilidad de que en los nuevos pliegos se incluya esta posibilidad, aunque tendrán que ser cámaras antirrobos y antidestrozos porque si no, primero romperían las cámaras y luego las escaleras», detalla.

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