Entrevista a Augusto Hidalgo

“El PSOE tiene que ser un partido central en Canarias”

10/06/2018

A un año de las elecciones, Augusto Hidalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1972) hace balance de la gestión realizada, analiza el nuevo escenario político nacional tras la victoria de la moción de censura a Mariano Rajoy, y ve al Partido Socialista como una organización «central en Canarias» y el mejor colocado para ganar en 2019 los comicios y gobernar la autonomía.

— ¿El nuevo Gobierno de Pedro Sánchez le pone las pilas a todos los socialistas a un año de las elecciones locales y autonómicas? ¿Sube el grado de exigencia a los gestores socialistas, como usted?

— Creo que le pone las pilas al Estado y lo digo no con sorna, sino convencido de que es así. Mi valoración del Consejo de Ministros es que estamos ante la llegada de una nueva generación a tomar las riendas del país, al margen de que haya diferentes edades. Pero es una generación encabezada por Pedro Sánchez, por la socialdemocracia, algo que parecía que no iba a ocurrir en lo que quedaba hasta las elecciones generales. Evidentemente nos pone las pilas, para bien, a los socialistas, porque gobernar el país es una exigencia importante. Pero estoy convencido de que las primeras medidas, más allá de lo simbólico, tendrán impacto social, laboral o en materia de libertades, aunque tienen el handicap de las restricciones económicas y contar con unos presupuestos que son suyos.

— ¿Y en Canarias ve venir un nuevo ciclo político? Lo digo porque llevamos dos años centrados en la importancia del voto 175 y el 176, que ahora pasan a ser en todo caso el 85 y el 86.

— Estamos hablando de la capacidad de influencia sobre el Gobierno central, pero si vemos las expectativas de voto y el voto real en las últimas elecciones, la primera fuerza política durante los últimos años en Canarias ha sido el PSOE, hayamos gobernado o no. Y todas las encuestas anteriores a la moción de censura daban que el Partido Socialista iba a ser la fuerza más importante en votos, y creciendo. Esto es una inyección de moral, evidentemente. Somos la fuerza con más posibilidades de gobernar en Canarias y ese escenario tiene que servir en cuanto a interlocución con el Estado. Por tanto, el Partido Socialista Canario tiene que adquirir una función de partido central en Canarias, y en sus relaciones con el Estado, independientemente de que no estemos en el poder en la Comunidad Autónoma. En el otro ámbito, la existencia de Nueva Canarias, y que esta tuviera pactos a nivel insular y local con el Partido Socialista, ha determinado que parte de las medidas que defendíamos desde el punto de vista económico se hayan conseguido, y somos partícipes de ello. En Las Palmas de Gran Canaria hemos conseguido recursos para la ciudad con independencia de que los Presupuestos del Estado no sean los que deseamos.

— Si mañana tuviese enfrente a la nueva ministra de Hacienda, ¿qué le pediría, porque llevamos unos años de quejas continuas de los ayuntamientos por el excesivo rigor en el control de gasto local?

— Lo primero que le pediría es que cambiara la norma de la regla de gasto. Y ni siquiera que la hiciera desaparecer si eso supusiera un problema con la Unión Europea, sino que tenga en cuenta que se actuaba con una lógica perversa, porque el Estado no cumplía con la reducción del déficit e imponía sin embargo duras restricciones a las administraciones locales. Y el superávit de estas es tan alto que se puede jugar con él. La norma tiene que ser justa y las administraciones que hemos hecho los deberes, que estamos saneadas, deberíamos tener un tratamiento distinto. Lo actual provoca una situación kafkiana y que no podamos invertir en beneficio de los ciudadanos.

— Habla usted del Ayuntamiento como una administración saneada pero no dice lo mismo el PP.

— Nadie puede discutir el saneamiento de las arcas municipales. El único elemento de discusión es la ejecución de algunas partidas, pero eso es ridículo, porque se basan en la cuestión contable, cuando en realidad hay que ir a la liquidación presupuestaria y el año pasado hemos gastado 23 millones de euros más que el anterior. Dicen que el porcentaje de ejecución es menor pero porque nosotros incorporamos al final del año partidas que era imposible de ejecutar entonces pero que ahora se están ejecutando. Estamos hablando de casi 13 millones que incorporamos en los últimos dos meses del año, y que eran de recursos de otras administraciones, porque hemos trabajado intensamente en eso, al margen del color político. Así, hemos mantenido buenas relaciones con el Gobierno central y con el Gobierno canario, estuviese o no el Partido Socialista, porque eso era bueno para los ciudadanos. Los datos de saneamiento son incuestionables.

— ¿Pero que las cuentas municipales estén mejor significa necesariamente que los vecinos de la capital estén mejor? Le recuerdo que al principio del mandato se hizo hincapié en las bolsas de pobreza, exclusión social... y las ONG lo siguen destacando. ¿Se ha mejorado en ese capítulo?

— Que se ha mejorado, sin duda, pero evidentemente hay un camino por andar. Nosotros nos encontramos al configurar el gobierno municipal con un denominar común: la lucha contra la desigualdad. Y lo hicimos abordándolo por dos vías: por un lado, buscar recursos para aumentar la inversión, en una política típicamente keynesiana, para inversión productiva que generase empleo, y por otro lado un paquete de medidas que hiciera que nadie se quedase atrás, porque la situación de muchos vecinos era complicada. En el primer año presionamos mucho para que esto se cumpliera, y que las obras se empezaran y se terminaran. Esto la gente lo está palpando. Solo en el desempleo en Las Palmas de Gran Canaria la mejora es sustancial en tres años de mandato: teníamos casi 50.000 parados y estamos cerca de los 40.000. Y los datos de personas que estaban en la calle se han reducido de forma drástica. Ahora bien, sigue habiendo situaciones de desigualdad importantes, porque los índices de desempleo en Canarias siguen siendo altos.

— El llamado IBI social es uno de los pequeños fracasos. ¿Hicieron mal los cálculos, no llegaron a todos los que lo necesitan...? ¿Qué ha fallado?

— El IBI social son 6.000 familias que reciben hoy, con lo que estamos hablando de unas 15.000 o 20.000 personas, que reciben hoy una ayuda para afrontar el impuesto y que antes no lo recibían. Ese es el resumen del asunto. Creamos de la nada esa ayuda y de forma tan rápida que la oposición nos criticó porque no hubo debate, y lo que hicimos el año siguiente fue mejorar el decreto con las aportaciones de la oposición. Lo de menos es que la población objetivo sea una y después la que lo recibe sea otra; lo importante son esas 6.000 familias que no recibían ayuda y ahora sí.

— Hablemos de la MetroGuagua. ¿No le preocupa que se esté generando la sensación de que solo han sabido ustedes explicárselo al Banco Europeo de Inversiones, porque la contestación social evidencia que algo falla?

— [Sonrisas]. Cualquier cambio de paradigma, como en este caso la movilidad, genera debate, y esto es bueno. Éramos conscientes de ese riesgo...

— ¿Debate o rechazo?

— Debate, y el debate incluía posiciones contrarias, como en todas las ciudades del mundo cuando se ha intentado introducir un medio de transporte nuevo o cuando se opta por priorizar al peatón. Hemos hecho un debate sustentado en una planificación como jamás ha habido en la ciudad. La MetroGuagua es el proyecto estructural más planificado en la historia de Las Palmas de Gran Canaria. Hay que recordar que nace en el programa 2020 de Jerónimo Saavedra, después se hizo un plan de lo que se llamó «Guagua exprés», y salió de ahí el sistema BRT como el ideal para la ciudad. Eso se acompañó con un acuerdo de todos los colectivos ciudadanos para un medio de transporte de alta capacidad y eso lo asumió el anterior equipo de gobierno, pero nos encontramos con un proyecto que estaba condenado al fracaso porque no se veía capacidad de financiarlo. Y lo sacamos adelante, y en un año, con administraciones de distinto color político, que han puesto el dinero y están cumpliendo. Estoy convencido de que cada vez que vayamos cerrando un tramo de la MetroGuagua, la gente será consciente de que no solo hablamos de un medio de transporte, que no es poco, sino que estamos cambiando la movilidad y todo el tejido urbano, porque por donde pasa la MetroGuagua estamos cambiando alcantarillas, luminarias, ampliando aceras... Cuando inauguremos la calle Blas Cabrera Felipe, la gente verá que hemos ganado cinco metros de plataforma peatonal, con carriles exclusivos para ciclistas mejores que los actuales.

— Entonces los que conducen vehículo particular tienen que sentirse una especie en extinción en la ciudad. ¿Se está convirtiendo Las Palmas de Gran Canaria en un lugar odioso para el conductor?

— No, no. Ahora estamos en una sociedad, y en unas ciudades, construidas y diseñadas a partir del vehículo privado. La circunvalación, por ejemplo, está pensada para el vehículo privada y ni se pensó para el transporte público. Esa percepción hay que cambiarla, porque está estudiado en todas las ciudades del mundo, y no porque se nos haya ocurrido a unos iluminados del Ayuntamiento. Es la única forma de que no colapsen las ciudades. Hoy el tráfico aumenta porque la ciudad está creciendo económicamente, está teniendo más turistas, está teniendo más actividad. Y eso irá a más, y no podemos seguir construyendo más autopistas o más carriles. La prioridad es el peatón, el ciclista, los transportes de alta ocupación, como la MetroGuagua, el taxi... y al final el vehículo privado. Eso no significa que se margine al vehículo privado, sino que vamos a tener que crear alternativas para que no sea un trauma venir con el coche, aparcar en un parquin y moverse con comodidad y eficiencia en la ciudad en transporte colectivo.

— Mencionó antes el crecimiento turístico. ¿Empieza tanto turista a ser un problema en la ciudad? ¿Ve venir la turismofobia, la gentrificación? ¿Hay descontrol del alquiler vacacional?

— Son elementos que aunque estén relacionados tienen enfoques distintos. Hoy el turismo en la ciudad no es un problema; al contrario, es una mejora de nuestras expectativas económicas. Sin lugar a dudas. Es más, está ayudando a regenerar zonas importantes, como la segunda línea de playa, que había sufrido un deterioro importante. El turismo está creciendo de manera tan importante, en torno al 20%, que nuestra oferta alojativa, que es escasa, pues ronda las 7.000 camas, no es capaz de abarcarla. Eso ha provocado un impacto aprovechado por la vivienda vacacional, y ese negocio tiene una parte positiva, que es la rehabilitación del tejido urbano y colocando una oferta en el mercado. El problema es cómo se coloca esa oferta en el mercado.

— ¿Y la gentrificación?

— Es un problema que se da en todas las ciudades que hay una mejora económica, y que ocurre con independencia del turismo. Eso hace que la gente con menos recursos sale del centro y se va al extrarradio si recibe una buena oferta económica. Es un fenómeno que se da en todos lados y que no es que sea bueno ni malo. Nosotros tenemos la ventaja de cómo está configurada la ciudad, de manera que esa presión, si la hay, se reparte en varias zonas, y no como en Barcelona, que se concentra en La Rambla, el Barrio Gótico y la entrada de los cruceristas. La nuestra es una ciudad policéntrica. Eso ha favorecido que esa gentrificación no exista hoy aquí. Hay que asumir que el alquiler vacacional es algo que ha llegado para quedarse y lo que toca es regularlo.

Aquellas llamadas

Augusto Hidalgo se apunta al discurso de que en una legislatura de cuatro años apenas da tiempo de consolidar un proyecto. Por eso quiere repetir como candidato y lo admite sin ambages. Cree que el hecho de haber perdido la batalla por liderar la agrupación socialista en la ciudad no influirá y sitúa ese episodio como «algo normal en la vida de los partidos». Es más, hasta le quita importancia al hecho de que en la candidatura ganadora estuviesen algunos de sus concejales. Y hablando de partido, reconoce que recibió más de una llamada y más de una visita para presentarse a las primarias por el liderazgo regional del Partido Socialista e incluso para ser candidato a la Presidencia del Gobierno de Canarias. A todos, subraya el alcalde, les dijo que no, que su prioridad es repetir en la ciudad y culminar el proyecto que arrancó en 2015 con un tripartito cuya estabilidad pone siempre en valor.

Ya en clave de gestión, el alcalde lleva unas semanas con el llamado cuaderno de venta de la ciudad bajo el brazo promocionando en el extranjero las posibilidades de inversión en la capital. Asegura que la receptividad es alta pero se pregunta cómo es posible que en lugares como Bruselas siga habiendo agentes económicos que todavía desconocen las ventajas fiscales de invertir en Canarias. En otros lugares, lo que toca, según admite, es primero sacar el mapa y explicar dónde están las islas. En esos casos, agrega, el Puerto de La Luz y Las Palmas es polo de atracción importante. Y sobre el mismo, Hidalgo confía en que el cambio en la Autoridad Portuaria, con la salida de Luis Ibarra, la entrada de Juan José Cardona y ahora el cambio político en Madrid, no derive en inestabilidad.

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