La superviviente ‘Butihondo’ alza el vuelo

02/06/2020

Durante un mes y una semana, la única superviviente del envenenamiento de Cofete se recuperó en el Oasis Wildlife de La Lajita. Una pareja nidificante murió por la intoxicación

Dio cinco pasos, abrió las alas y se echó a volar, perdiéndose en los cielos de Tiscamanita: la guirre Butihondo, la única superviviente de la intoxicación del pasado 26 de abril en Cofete, recuperó ayer, lunes, la libertad en la guirrera del sur.

En el envenenamiento que sacudió a la conservación de la subespecie endémica en peligro de extinción -que además es símbolo de Fuerteventura- murieron dos guirres, la pareja que anidaba en Cofete, en el municipio de Pájara. Butihondo fue la única superviviente de esta que se recuperó gracias a los cuidados del equipo veterinario del Oasis Wildlife. Durante un mes y una semana, la hembra de Neophron percnopterus permaneció en el centro situado en La Lajita hasta superar la intoxicación.

Este lunes, un agente de Medio Ambiente la trasladó desde el Oasis Wildlife hasta la guirrera de Tiscamanita donde volvió a ser libre tras colocarle de nuevo un radiotransmisor. Gracias a este dispositivo, se pudo identificar al ejemplar en el momento del envenamiento de Cofete del pasado 26 de abril, además de conocer su edad (cinco años) y que ya había puesto huevos.

Los otros dos guirres, una pareja, inauguraron este año la estadística de la mortandad de la subespecie endémica, lo que supuso un golpe directo a la población de estas aves del parque natural de Jandía.

La estación biológica de Doñana (dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas), el Gobierno de Canarias y la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo empezaron en 1999 la lucha por la recuperación de la población de guirres en Fuerteventura que, de sobrevolar todos los cielos de Canarias, se había reducido a una veintena de ejemplares en la isla. Treinta años más tarde, supera los 250 ejemplares.

Como se comprobó en Cofete, la intoxicación por la ingestión de animales envenenados sigue siendo la mayor amenaza del guirre, junto a la colisión contra el cableado de alta tensión.