El plástico marca la línea de costa

05/04/2018

Es un problema global al que Fuerteventura no es ajena. La línea de pleamar, sobre todo en la costa oeste, la dibuja un rastro de microplásticos que llegan con la corriente del norte. Estos residuos, que la fauna marina ingiere haciéndolos entrar en la cadena de alimentación, desembarcan con otros contaminantes adheridos.

Hace pocos días, medios internacionales se hacían eco de que la isla de desechos plásticos del Pacífico ocupaba ya una extensión tan amplia como los países de España, Francia y Alemania juntos. Sin duda, uno de los grandes problemas medioambientales a los que el mundo tendrá que hacer frente en próximos años y a los que, por desgracia, la isla de Fuerteventura no es ajena. Una investigadora de Gran Tarajal, Bárbara Abaroa, de 26 años y licenciada en Ciencias del Mar por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPG), se dispone a analizar hasta qué punto los microplásticos, así como sus contaminantes adheridos, están presentes en costas majoreras. Su trabajo durará aproximadamente seis meses y lo realiza gracias a una beca de investigación del Cabildo de Fuerteventura.

La investigación, Evaluación de contaminantes orgánicos persistentes adheridos a microplásticos en la costa de Fuerteventura, tiene dos objetivos: uno es «evaluar la concentración de microplásticos en Fuerteventura, sobre todo en las playas que son zonas especiales de conservación de aves o de cetáceos y que son importantes para la Reserva de la Biosfera»; y el segundo es «estudiar los contaminantes que vienen adheridos a esos microplásticos», ya que «los contaminantes orgánicos persistentes son afines al microplástico y tienden a adherirse a él».

Esos contaminantes «se bioacumulan en los organismos» que los ingieren y «acaban entrando en la cadena de alimentación». La investigadora explica que el zooplancton y el fitoplancton, de los que se alimenta muchos pescados, «ya absorben nanoplásticos» (fragmentos menores de 5 milímetros), así como sus contaminantes adheridos (pesticidas, hidrocarburos, PCB, DDT, etcétera). La investigación de Abaroa, cuyo trabajo de campo se basará en la recogida de muestras de microplásticos, se centra en toda la costa insular, pero sobre todo en la mar del norte -la costa oeste de la isla-, la más afectada por los microplásticos que trae la corriente del norte. Es en la mar del norte, casi en cualquier de sus playas, donde, «tristemente, la línea de la marea está marcada por microplásticos, algo horrible que se puede ver a simple vista sin necesidad de lupa».

Abaroa explica que «ya nos estamos comiendo el plástico» que se ha introducido en la cadena de alimentación, así como sus contaminantes adheridos. En playas de la isla ha localizado aves muertas con plástico en sus estómagos. En la costa majorera abunda un tipo de plástico: los pellets de polietileno virgen, unas bolitas de plástico para fabricar botellas, vasos, platos, etcétera; se desconoce de dónde procede tal cantidad de pellets, quizás de vertidos de barcos o fábricas en algún lugar del mundo. Aunque el problema de los microplásticos no depende solo de Fuerteventura, ya que la mayoría de estos elementos proceden de otros puntos del planeta, la investigación de Abaroa contribuirá a determinar, entre otras cuestiones, en qué puntos del litoral es más necesario ejecutar campañas de limpieza o recogida de estos residuos. «El plástico hoy está en todo, hasta en cremas faciales y suavizantes. Tenemos que concienciar de reducir el consumo de plástico, reutilizarlo y reciclarlo», dice. Con respecto a la contaminación de plásticos en los océanos, «es un problema a afrontar por todos los países del mundo en su conjunto».