«La eutanasia no es para mí una opción», afirma Unzué. / R. C.

Juan Carlos Unzué, exportero y exentrenador

«Con la ELA me he propuesto llegar a la tanda de penaltis»

«No sé si yo seré el míster de los 4.000 diagnosticados en España, pero puedo decir que en ese equipo hay muchos cracks»

ARANTZA FURUNDARENA

Desde hace más de dos años, Juan Carlos Unzué (Pamplona, 1967) padece Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa con un pronóstico de tres a cinco años de vida. Podría haberse hundido, pero este navarro de 54 años, que ha sido portero y entrenador, ha reaccionado como cuando era el segundo de Luis Enrique: viéndole a la derrota la parte positiva. Ahora tiene un objetivo. Desde su silla de ruedas sonríe, da charlas, anima... Y acaba de presentar 'Una vida plena', delicioso libro destinado a recaudar fondos para investigar esa enfermedad que hoy no tiene cura.

–Cómo va su partido contra la ELA: minuto y resultado.

–De momento estamos empatados. Y además el reloj corre lento. No me veo más allá del minuto 15 o 20 de la primera parte. El partido lo vamos a hacer largo. Como yo era bueno parando penaltis, mi esperanza es llegar a la tanda de penaltis, a ver si con suerte le paro alguno, je, je...

–¿Ha heredado el espíritu de su padre, que de agricultor con una burra pasó a tener una empresa de piensos?

–Él me ha inspirado a la hora de ser una persona valiente, atrevida, de tirarme a la piscina y conseguir que los proyectos no se queden solo en sueños.

–Su sueño era ser Arkonada...

–Sí. Y mis 17 años de profesional jugué con las medias blancas en honor a él.

–Hoy predica que no hay que quejarse de nada.

–Pues no. Porque la queja solo consigue que te frustres más. Con la ELA no puedo hacer nada de lo que hacía antes en el plano físico, pero mi capacidad cognitiva sigue ahí, sigo pensando, emocionándome, disfrutando. Y sintiéndome útil. En el momento en que dejamos de sentirnos útiles somos muertos en vida. Además, nadie sabe cuándo se va a morir. Ni yo mismo sé si me voy a morir de ELA.

–En España hay unos 4.000 diagnosticados. ¿Se siente el míster de ese equipo?

–Si yo soy el míster, te aseguro que en mi equipo hay muchos cracks, gente que realmente me inspira. Conozco a compañeros en la fase final, cuando te hacen una traqueostomía, comes a través de una sonda o te tienes que comunicar a través del iris y de una pantalla. Y algunos de ellos, incluso en esa situación, son capaces de mantener la sonrisa. Soy muy competitivo y si ellos han sido capaces, yo también.

–¿Tiene miedo a la muerte?

–Sinceramente no. Soy consciente de que, si nada cambia, me han acotado mi tiempo de vida. Pero la tranquilidad que siento cuando miro atrás y veo que he llevado una vida plena me ayuda a no sentir miedo.

–Dicen que su abrazo con Luis Enrique duró dos minutos.

–Él también estaba en una situación complicada y fue un 'qué nos vamos a contar el uno al otro'. Lo mío en cierta manera es natural, perder a un hijo no.

–¿Conoce esa película en la que Susan Sarandon tiene ELA y decide poner fin a su vida?

–Sí, pero mi posición es la opuesta. Yo a día de hoy tengo claro que no quiero recurrir a la eutanasia. No sé si más adelante cambiaré. Hoy creo que voy a poder seguir emocionándome y comunicándome aunque pierda mi capacidad de habla. Eso me lleva a pensar que voy a encontrarle sentido a mi vida hasta el último día.