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Cristina Tamborero junto a uno de sus diseños. C.T.
Del salón de casa de sus padres al Ritz de París

Del salón de casa de sus padres al Ritz de París

Puntadas con hilo ·

Cristina Tamborero muestra por primera vez sus solicitadas prendas para invitadas y novias en la Semana de la Alta Costura

Sábado, 26 de febrero 2022

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La modista Cristina Tamborero (Barcelona, 1986) es una mezcla de la vena artística de su madre, pintora de profesión, y la buena mano de su abuela con la aguja, costurera por afición. De ella heredó el gusto por las cosas bien hechas y de su mano descubrió el mundo de la alta costura a muy temprana edad. Tendría 8 años cuando empezó a llevarla a los desfiles de París. «Me fascinaba. Me quedaba embobada viéndolos», recuerda con mucho cariño aquella bonita época que, sin ser consciente, dejó marcado su porvenir.

Un futuro que ya es presente y desemboca de nuevo en el París de la alta costura. Solo que en esta ocasión no será una mera observadora. Mostrará su nueva colección el próximo viernes 4 de marzo en uno de los majestuosos espacios del Hotel Ritz de la Ciudad de la Luz. Y su abuela también estará, pero de otro modo. «Esta oportunidad me la ha traído desde el cielo. Será un homenaje tanto a ella, como a mi madre, que va a estar en primera fila». Su progenitora ha estado siempre al pie del cañón, apoyando cada uno de sus pasos. Cristina comenzó cursando la carrera de Administración y Dirección de Empresas. «Una vez conocí los términos que yo defino como aburridos, pero totalmente necesarios, estudié diseño en el Instituto Europeo de Diseño (IED). Técnicamente no tenía ni idea», se sincera sin el pudor de quien conoce que el esfuerzo es una magnífica base para un triunfo salpicado de una buena dosis de valentía.

Cuando empezó el fenómeno de Instagram y de los blogs, Tamborero se creó uno que alimentaba a la par que estudiaba. «Me seguían las chicas que querían estudiar Diseño. Yo contaba mi día a día y colgaba imágenes de los vestidos de invitada que me hacía». Hizo lo propio con los seis vestidos de novia que confeccionó para su tesis final de carrera. 'Looks' que comenzaron a solicitarla. «Cerrábamos el salón de casa de mis padres, lo vaciábamos y montaba mi taller para realizar las pruebas a las clientas». Preguntada por el primer encargo que recibió, contesta sin titubear: «Fue el vestido de novia de una chica que se llama Elizabeth. Tenía una falda de tul de mil capas y un cuerpo bordado en pedrería, en el que estuvimos trabajando hasta la noche anterior», narra como si hubiese sido ayer.

«Lo hice con la ayuda de mi madre y de mi tía, que ya está muy mayor. La novia no sabe las manos tan queridas para mí que hicieron realidad su vestido», apunta con melancolía.

La fortuna se cruzó en su camino

En el salón de sus padres estuvo atendiendo pedidos durante un año, hasta que, a escondidas, se puso a buscar un local para empezar su negocio. Y la fortuna se cruzó en su camino. «Te aseguro que lo que te voy a contar es verdad», refiere con simpatía. «Estaba mirando en un portal de búsqueda de pisos y el ratón se me fue en el mapa al Paseo de Gracia, zona en la que ni buscaba al ser cara, pero dí con un bombón de piso, pequeñito y coqueto, que entraba en mi presupuesto. Solo verlo, me lo quedé». Un acto de osadía que dejó perplejo a su progenitor, un popular abogado, que, paradójicamente, lleva divorcios, alguno tan sonado como el de la tenista Arancha Sánchez-Vicario. «Él divorcia y yo caso», comenta en tono de broma, aunque asegura que tanto él como su hermana, que trabaja también en el despacho, le han mandado clientas que se volvían a casar. «Yo nunca les he enviado a ninguna», aclara entre risas.

Eva González vestida por Cristina Tamborero para Nochevieja.
Eva González vestida por Cristina Tamborero para Nochevieja. C. T.

De todas las celebridades a las que ha vestido, Eva González, con el estilismo de dos piezas blanco que vistió en la pasada Nochevieja, ha sido quien más repercusión ha tenido, y no solo a nivel mediático. «Muchas niñas me lo han pedido y han venido al taller a que se lo hiciésemos», comenta encantada. Y eso que fue todo un reto al tener que trabajar a distancia. Por suerte la andaluza, que refleja el estilo clásico a la par que fresco y actual de la firma, «lo puso muy fácil». También encajan en el perfil de la mujer a la que se dirigen dos celebridades a las que admira y sería un sueño vestir. Carlota Casiraghi y Ana de Armas. La hija de Carolina de Mónaco «es la elegancia personificada» y con la actriz, «dulce, pero con carácter», se siente muy identificada por el esfuerzo para llegar en su carrera hasta el lugar en el que está. Ese lugar que Cristina visionó junto a su abuela cuando tan solo era una niña.

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