Jean Paul Gaultier rodeado de modelos al terminar uno de sus desfiles. / AFP

La herencia de Jean Paul Gaultier

Retirado de las pasarelas, el diseñador francés sigue siendo una influencia para las grandes firmas

Gloria Salgado
GLORIA SALGADO Madrid

Jean Paul Gaultier revolucionó la moda en la década de los ochenta, introduciendo las bases que hoy forman parte del ADN de un buen puñado de firmas. Acabó con los géneros mezclando los armarios de hombres y mujeres y subió a la pasarela lo que veía en la calle.

«Diseñador inconformista busca modelos atípicas. Rostros deformes no abstenerse». Así rezaba uno de los anuncios que Gaultier publicó en la prensa hace ya 40 años. El modista buscaba más allá de los cánones habituales de belleza que se mostraban en las pasarelas. «Hacía pruebas a las modelos profesionales para saber si podían andar normal, como en la calle, no de la forma artificial en que lo hacían», explicó la pasada semana en Madrid, durante la presentación de la exposición que él mismo ha dirigido sobre la relación entre dos industrias que han marcado su vida: el cine y la moda. Una le llevó a la otra a muy temprana edad y siempre han ido de la mano para crear espectáculos que, a día de hoy, siguen siendo tendencia.

La escenografía, la banda sonora y la actitud de los modelos son la culminación de una creación colectiva a la que no todos otorgaban la misma relevancia. Una teatralidad que no restaba importancia al mensaje. Una defensa de la diversidad a la que se unía un potente alegato por el empoderamiento femenino. Durante su carrera, Gaultier, «poco a poco» fue centrándose en la «evolución social de las mujeres y los hombres». Desde que «en Hollywood muestran a la mujer como un objeto, como cortesanas, a cuando toman fuerza, mientras que el hombre va volviéndose frágil», comenta con una sonrisa constante dibujada en su rostro. Pero, aclara, no es que busque que las mujeres solo sean poderosas y los hombres objetos, «ambos tienen derecho a ser deseables». Lo que pretende es «la emancipación de los sexos, que se disipen las fronteras, los clichés».

Una liberación representada en sus símbolos más reconocibles como son el marinero y la corsetería más transgresora. Ambas, curiosamente, inspiradas por su abuela materna, con la que tuvo una relación muy estrecha en su infancia. Gustaba vestirle con rayas azules marinas y blancas y esa imagen la trasladó al emblema erótico del marinero, representado en uno de sus perfumes más populares, 'Le male', al que dio vida hace más de un cuarto de siglo.

Tan carnal con su versión femenina, recogida en un frasco enfundado en un corsé de pechos cónicos, una de sus piezas estrella desde que Madonna lo encumbrase durante su gira 'The Blonde Ambition' (La ambición rubia), de 1990.

Un 'funeral' por todo lo alto

Cincuenta años de transgresión a los que él mismo puso el punto final con su adiós a las pasarelas hace dos años. Fue una despedida sin lágrimas. El 'enfant terrible' de la moda francesa realizó un espectacular desfile que, lejos del llanto, acabó siendo una celebración de la creación de una estética y una actitud que ha hecho historia en la moda.

«He tenido la suerte de poder hacer lo que me gustaba», dijo el diseñador a la prensa tras el espectáculo en el Teatro de Châtelet de París, que contó con orquesta y cantantes y duró cerca de hora y media en la que fue constantemente ovacionado por los más de 1.500 asistentes. Entre ellos, el diseñador Nicolas Ghesquière, que comenzó como su asistente, y la modelo Laetitia Casta, a la que dio su primera oportunidad cuando tan solo tenía 14 años, unas medidas poco convencionales y dientes separados.

Se rumoreaba incluso que asistiría su mentor, Pierre Cardin, con quien Gaultier empezó con 17 años. No lo hizo, pero dejó claro que creía en él. «Es el único al que apoyé», dijo del genio que siempre ha defendido que «todo el mundo es bello».

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