Reportaje primer plano

Siete años sin la diva del soul

06/08/2018

Amy Winehouse , de cuya muerte se acaban de cumplir 7 años, rompió estereotipos. Británica y judía, su voz recordaba a la de las grandes divas del jazz. Su tormentosa vida sentimental y su adicción a las drogas y al alcohol la convirtieron en centro de la prensa sensacionalista. Su figura estará siempre unida al barrio londinense de Camden.

Por encima de los escándalos que protagonizó, el legado de Amy Winehouse es el de una artista excepcional a la que la crítica musical elevó al nivel de mitos del jazz como Sarah Vaughan, Dinah Washington o Ella Fitzgerald, tras la publicación de su álbum debut ‘Frank’ (2003). Con sólo 20 años, Amy Winehouse sorprendió con unas canciones y una voz muy alejadas de las habituales en las estrellas del pop que la industria musical fabricaba con asiduidad, y recibió el Ivor Novello a la mejor canción contemporánea por ‘Stronger than me’, premio que también recibiría por `Rehab’ y ‘Love is a losing game’.

Amy Jade Winehouse nació en Londres el 14 de septiembre de 1983, hija de una farmacéutica, Janis, y un taxista, Mitch, que se separaron cuando la cantante tenía 9 años, un hecho que marcó su infancia, que transcurrió en el barrio de Southgate, al norte de la capital británica. Winehouse, que a los diez años había creado una banda de rap llamada Sweet ‘n’ Sour, siempre renegó del pop y de la industria del espectáculo, y no soportaba que se la relacionara con Simon Fuller, su descubridor y también creador de fenómenos como el de las archiconocidas Spice Girls.

«Escucho la música de nuestro tiempo y me enfado», decía Winehouse, que encontró en el jazz su refugio desde la adolescencia. «Diría que el jazz es mi lenguaje», afirmaba una artista que en su adolescencia formó parte de la prestigiosa National Youth Jazz Orchestra.

Amy Winehouse se mudó en su adolescencia a Camden, un barrio en el que su huella sigue presente y en el que creció como cantante actuando en locales como ‘The Dublin Castle’ o ‘The Hawley Arms’, en los que siguió siendo habitual una vez convertida en diva de la música.

La ‘reina de Camden’ disfrutaba de la atmósfera de aquellos conciertos de cuando aún no era una gran estrella y no necesitaba ni del alcohol ni de las drogas para subir a un escenario ante miles de personas, como en el Festival de Glastonbury o el festival Rock in Rio.

Siete años sin la diva del soul
El éxito de ‘Back to black’

«Escribo sobre situaciones que no puedo superar, escribo y me siento mejor» confesó Winehouse, que en la canción ‘Rehab’, su mayor éxito, cuenta cómo se negó a acudir a rehabilitación por sus problemas con el alcohol como consecuencia de su primera ruptura con Blake Fielder Civil.

Su segundo y último álbum de estudio, ‘Back to Black’ (2006), del que se han vendido más de 20 millones de copias, la consagró como artista y la lanzó a la fama mundial, gracias a su evolución desde el jazz de los inicios de su carrera musical hacia el soul.

El disco, producido por Mark Ronson y el productor de ‘Frank’, Salaam Remi, es un mapa por las sombras que perseguían a Amy desde los 16 años, y en especial las de su relación con Blake Fielder Civil, que reflejó en canciones como ‘Love is a losing game’, ‘You know I’m no good’, ‘Tears dry on their own’ o la que da título al álbum, ‘Back to Black’.

Siete años sin la diva del soul
La coronación en los Grammy

Tonny Bennet no dudó en comparar a Amy Winehouse con Ella Fitzgerald y Billie Holiday, después de grabar con ella la canción ‘Body and Soul’ en los estudios Abbey Road de Londres apenas unos meses antes de la muerte de la cantante.

La canción supuso, de forma póstuma, el sexto Grammy para Winehouse, que en 2008 se consagró como la gran artista revelación al recibir cinco de los seis galardones a los que había sido nominada por ‘Back to Black’, en una gala en la que participó vía satélite desde los estudios Riverside de Hammersmith, en Londres, porque le había sido denegado el permiso para viajar a Estados Unidos. Premiada como mejor artista revelación por su disco ‘Black to Black’, Winehouse también recibió el Grammy a la mejor artista pop por ‘Rehab’, y el premio al mejor álbum de pop vocal.

Siete años sin la diva del soul
Otra leyenda en ‘el club de los 27’

La tarde del sábado 23 de julio del año 2011, a apenas unas calles del bullicioso mercado de Camden Town, en Londres, sólo el sonido de los flashes y algún sollozo rompía el silencio frente al número 30 de Camden Square, donde lo inevitable se había hecho realidad. Con su muerte a los 27 años, Amy Winehouse se convertía en leyenda, como Brian Jones, Janis Joplin, Kurt Cobain, Jimi Hendrix o Jim Morrison.

El fracaso, apenas un mes antes, de su último concierto en Belgrado, en el que ni quería ni ya podía cantar, fue el preludio del trágico final al que se precipitó una cantante convertida en mito, víctima del alcohol, las drogas, la depresión y la bulimia, y de un entorno que no supo protegerla, tal y como refleja el documental ‘Amy: la chica detrás del nombre’, ganador del Oscar en 2016. La autopsia reveló que su cuerpo contenía 416 miligramos de alcohol por decilitro de sangre. Ni rastro de drogas. «Estaba limpia», asegura la familia Winehouse, empeñada desde entonces en enseñar la cara desconocida de una cantante que quería que se la recordara como «genuina» y que sin duda lo fue.