Carlota y Carolina de Mónaco. / VALERY HACHE / AFP

Carolina de Mónaco y su hija Carlota cuentan su historia íntima

En una entrevista, las mujeres de la realeza monegasca confiesan que han tenido que enfrentar actitudes machistas

PILAR VIDAL Madrid

Carolina de Mónaco, princesa de Hannover, y su hija Carlota Casiraghi han desnudado su alma a la revista francesa 'Madame Le Figaro'. Carolina, a sus 63 años, está acostumbrada a que toda su vida hayan hablado de ella, pero, dice, «es necesario tener una piel dura ante las intrusiones. Mejor permanecer ajenos incluso a los elogios», reconoce en la entrevista. A ninguna de las dos les gustan las redes sociales, a las que consideran violentas.

La hermana de Alberto de Mónaco tenía muy claro que no quería la misma educación que habían tenido ellos para sus hijos. «Recibí una educación que, de alguna manera, fue un vestigio del siglo XIX. No veíamos mucho a nuestros padres, tenía una niñera inglesa y un ama de llaves francesa. La educación de mis hijos, obviamente, no tiene nada que ver con la educación que recibí», rememora la princesa.

A sus tres hijos -Carlota, Andrea y Pierre- les otorgó «mucha libertad» y confianza para que fueran ellos los que se valiesen por sí mismos. De hecho, ninguno de los tres hermanos Casiraghi tuvo institutrices y acudieron a escuelas públicas en el campo.

Además, tanto Carolina como Carlota coinciden en que están muy orgullosas de ser monegascas y consideran una ventaja pertenecer a un país tan pequeño que les ha dado una gran cercanía con el resto de ciudadanos. «Somos un lugar de acogida. La burocracia no es pesada y la comunicación es fácil: existe una sinergia real entre todas las instituciones culturales», asegura Carlota.

Ambas están muy sensibilizadas con la discriminación de la mujer y la violencia de género. «Ser mujer y expresar tu singularidad es una lucha, sea cual sea tu posición. Es una lucha, no una guerra, pero no es algo fácil», dice Carlota y eso que ella ha nacido en una sociedad más avanzada a la que le tocó vivir a su madre. «Mi madre me decía que no necesitaba ir al colegio, lo decía de buena fe», confiesa. «También recuerdo un profesor en la universidad que me dijo que yo estaba ocupando el puesto de un alumno, pero yo siempre quise superar los obstáculos. Siempre me sentí en competencia con los chicos: quería hacerlo mejor que ellos, en la escuela o en el rendimiento deportivo», recuerda la princesa de Hannover.

A Carlota le gustaban los libros antes incluso de aprender a leer, por eso se decantó por la Filosofía, que estudió en la Sorbona de París y ha hecho de ella la única razón para mostrarse socialmente. También a su madre, cuando era niña, le gustaba leer libros para adultos que cogía de la biblioteca de sus padres aunque no entendía nada desde la primera hasta la última línea.

La genética las ha bendecido con una belleza natural que a pesar del paso de los años sigue casi intacta, sobre todo en Carolina que es una abuela estupenda. A Carlota, con 34 años, la vejez no le preocupa aún pero reconoce que «envejecer no es un placer, y hay muchas mujeres a las que sí les afecta».

En esta entrevista demuestran que son algo más que las glamurosas anfitrionas del baile anual de la Rosa o del 'front row' de los desfiles de París. Madre e hija han mostrado su historia íntima en esta entrevista.