Siete meses sin una tregua

Desastres naturales, una epidemia, crisis humanitarias, la quiebra de un gigante turístico... Los primeros siete meses y medio de esta legislatura están siendo intensos para el Gobierno de Canarias, sin apenas tregua para afrontar desastres de todo tipo que ponen a prueba la capacidad de respuesta y de coordinación de las administraciones públicas, pero también sacan a la luz algunas deficiencias estratégicas para afrontar situaciones adversas.

El Antiguo Testamento relata que Egipto sufrió diez plagas como castigo ante la negativa del faraón a dejar salir a los judíos. Los estudios han determinado que estas calamidades tuvieron lugar a lo largo de nueve meses. Para su suerte, se produjeron de una en una.

Sin castigo divino de por medio, en los siete meses y medio que han pasado desde que Ángel Víctor Torres tomó posesión del cargo de presidente, el Gobierno canario ha tenido que hacer frente a la quiebra de un gigante turístico, desastres naturales, epidemias, crisis humanitarias... Y como ocurrió el fin de semana pasado, varios de estos males tuvieron lugar en simultáneo y en algunos casos, como consecuencia unos de otros, creando desconcierto en la ciudadanía y poniendo a prueba la capacidad de respuesta de las administraciones. Por menos, el faraón hubiera dejado salir de Egipto a todos los esclavos.

Porque lo cierto es que no se ha salido de una para entrar en otra. La primera gran crisis surgió la tarde del 17 de agosto, justo un mes después de que Torres asumiera el Gobierno. Gran Canaria se enfrentó al gran incendio, pero no fue el único. En 15 días, la isla sufrió hasta tres fuegos, aunque el más imperante fue el que se originó en Valleseco: ocho municipios afectados, miles de evacuados y casi 10.000 hectáreas calcinadas. El presidente y los técnicos del Cabildo, Federico Grillo, y del Gobierno, Florencio López, fueron las caras visibles de la información, con una estrategia de comunicación efectiva exponiendo la situación sin quitarle gravedad, pero sin eufemismos.

El 25 de agosto se dio por controlado el incendio, pero la tregua duró poco. Un mes después, una nueva plaga bíblica caía sobre el maná isleño: el turismo. Thomas Cook se hundió y Canarias volvía a vivir una situación de crisis para abordar soluciones a medio plazo que salvaran al sector y respuestas inmediatas para los turistas atrapados. Aún con esta situación encima de la mesa, una nueva calamidad alcanzó a las islas. Como en la novena plaga del Éxodo, Tenerife se quedó a oscuras. El 29 de septiembre, un cero energético sembró el caos en la isla durante nueve horas.

En paralelo, la llegada de pateras iba en aumento, pero no fue hasta finales de octubre cuando el Gobierno decidió coger el toro por los cuernos. El flujo de inmigrantes ya sobrepasaba la capacidad de respuesta y cogió desprevenidas a las administraciones, que habían desmontado el operativo articulado años antes. Administraciones y ONG esperaban respuestas en la reunión con el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, un encuentro que finalmente supo a poco.

Y cuando aún el coronavirus parecía un problema lejano, La Gomera saltó a la primera línea al registrar el primer caso en España. El sistema sanitario respondió con solvencia y, de paso, consolidó a la consejera de Sanidad, Teresa Cruz, tras semanas en la cuerda floja. Cuando ya está claro que intentar controlar la epidemia es querer poner puertas al campo, la clausura de un hotel en Tenerife con más de 700 personas volvió a poner a prueba protocolos, coordinación y capacidad de las administraciones.

Esta situación de por sí complicada, coincidió en el tiempo con un fin de semana en el que Canarias vivió el peor episodio de calima de los últimos 40 años, acompañado de fuertes vientos. La densa capa de polvo oscureció durante tres días las islas, redujo la visibilidad, suspendió los carnavales -excepto en Santa Cruz-, llenó las calles de tierra y encerró a los canarios en sus casas.

Una de las consecuencia más grave fue el cierre del espacio aéreo de las islas, circunstancia que dejó en evidencia la falta de un plan estratégico para atender a todos los viajeros que se quedaron colgados durante horas, incluso días, en el aeropuerto de Gran Canaria. Ese domingo, las islas volvieron a arder. Hasta seis incendios se propagaron por Tenerife, que además vio cerrada la autopista, y en Gran Canaria el fuego de Tasarte llegó a Inagua. Quedan tres años y medio de legislatura. Y más plagas bíblicas.