Los indecisos tienen la llave

21/04/2019

El 41% del electorado que aún no tiene claro a quién votar será clave para determinar qué alianza suma mayoría para gobernar. Todos los candidatos dirigen sus mensajes a intentar atraer a los dos millones y medio de españoles que aún dudan

La contienda electoral se libra más que nunca en el terreno de los indecisos. Como en una ceremonia de cortejo, las fuerzas políticas despliegan su plumaje en forma de promesas, ofertas programáticas, ataques al adversario y autoalabanzas, para tratar de convencer a quienes aún no tienen claro a quién votar de que elegir sus siglas es la mejor opción.

Si antes los candidatos hablaban solo para los convencidos, ahora se ven apremiados a dirigirse con más ahínco a los que todavía dudan, porque son precisamente los indecisos los que van a resultar decisivos el 28A. El dato es significativo: frente al 32% de las elecciones generales de 2016 ahora el porcentaje de quienes no han decidido su voto es según el CIS del 41,6% -casi diez puntos más-, lo que significa que hasta dos millones y medio de españoles podrían decantarse por un partido u otro a última hora.

Este aumento, que iguala el récord que se alcanzó en diciembre de 2015, se explica por varios factores, entre los que está el hecho de que en estas elecciones no solo hay más fuerzas políticas en liza -es la primera vez que concurren cinco partidos en todas las circunscripciones del territorio nacional-, sino que muchos de sus planteamientos y ofertas electorales se mimetizan entre sí hasta diluir las fronteras.

Algunos politólogos atribuyen parte del crecimiento de los indecisos a la mayor conciencia política de la sociedad y la capacidad crítica para cuestionar los postulados de los partidos sin lealtades inquebrantables a ningún color político. Por otra parte, los estudios demoscópicos señalan en ese grupo puede haber también un porcentaje de voto oculto, de quienes prefieren no decir a quién van a votar aunque lo sepan y optan por señalar en los sondeos que aún no han tomado una decisión.

La necesidad de marcar distancias y diferenciarse del adversario está llevando a los principales partidos de ámbito nacional a diseñar una campaña dura, incluso bronca, en la que abunda más la agresividad verbal y las propuestas a veces peregrinas que el debate constructivo sobre los intereses reales de los ciudadanos.

Solo el PSOE ha optado por una campaña de perfil bajo, en la que Pedro Sánchez evita cuidadosamente entrar al trapo de provocaciones y se centra en vender la gestión de sus diez meses de Gobierno, una estrategia que si bien le está dando buen resultado en los sondeos no deja de despertar suspicacias entre un sector de los propios socialistas, que recuerdan que eso mismo fue lo que pusieron en práctica en Andalucía con el resultado conocido.

Lo que hagan al final los dos millones y medio de indecisos no va, según los expertos, a dar un giro radical al resultado porque es improbable que todos los votos vayan en bloque a un mismo partido, pero su distribución entre los distintas fuerzas será determinante para inclinar la balanza de las posibles alianzas de Gobierno a un lado u otro del espectro ideológico.

La recta final de la campaña se anticipa en todo caso ruidosa y áspera, en una carrera hacia las urnas donde todos los candidatos se disponen a echar el resto para atraer el voto de los indecisos, pero nadie tiene claro cómo hacerlo.

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