Quince personas secundaron la huelga de hambre, según la ONG. / Asamblea de apoyo a migrantes

El cuello de botella de los campamentos lleva a una nueva huelga de hambre

La ONG Accem defiende su gestión y asegura que responden «inmediatamente» ante cualquier incidente

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

Información sobre su situación administrativa y las opciones para continuar su proyecto migratorio. Es lo que demandaban las quince personas que secundaron una huelga de hambre durante la semana pasada frente al campamento tinerfeño de Las Raíces, según explican desde Accem, la ONG encargada de su gestión.

La protesta no se extendió más de dos días gracias a la intervención del equipo de profesionales del dispositivo, que mediaron en el conflicto. Añade la organización que reaccionaron desde el primer momento en que tuvieron conocimiento de la huelga, como hacen cada vez que detectan cualquier tipo de incidente. En este sentido, no niegan que se produzcan, pero sí defienden una gestión ágil para solucionarlos.

Lo que no permiten «en ningún caso», son los tratos racistas o vejatorios, como apuntaba la asamblea de apoyo a migrantes en un comunicado. «Somos una entidad que trabaja en pro de los Derechos Humanos, con un nivel ético de rigor y humanidad», afirma María del Mar García, responsable territorial de Accem.

No es la primera vez que los usuarios de Las Raíces protagonizan una protesta de este tipo, ni tampoco sus críticas a la gestión del centro, pero el contexto sí es distinto. Entre la primera, en marzo de 2021, y la última ha pasado más de un año: aquella respondía a unas «condiciones indignas» del centro –frío, deficiencias en las instalaciones y mal estado de las comidas– a lo que se sumaba el bloqueo de traslados a península.

Entonces la ONG daba cobertura a más del 80% de las plazas disponibles, con las consecuentes presiones internas, mientras que ahora la cifra de usuarios ha bajado a un 40% de la capacidad total del centro, según la cifra facilitada por la Delegación del Gobierno.

Sin embargo, los centros canarios continúan siendo un cuello de botella donde los recién llegados a menudo se desesperan tras ver frustradas sus expectativas. «El viaje suele estar atravesado por el engaño y las falsas promesas», explica García. «En parte, nuestro trabajo es situarlos y darles una respuesta multidisciplinar». Para ello cuentan con trabajadores sociales, un equipo sanitario 24 horas, abogados y psicólogos que atienden sus necesidades hasta que el ministerio los deriva a recursos específicos en función de su situación.