La canariedad no está en riesgo de desaparición

Canariedad no es lo mismo que sentimiento de pertenencia. Hace referencia a esos elementos culturales que nos caracterizan y que nos diferencian de otros pueblos, sin hacernos mejores ni peores

Enrique Bethencourt
ENRIQUE BETHENCOURT Las Palmas de Gran Canaria

Pues no, pese a la alarma desatada, la canariedad no está en grave retroceso ni en trance de desaparición. Lo avalan la cantidad de grupos folclóricos existentes, los clubes de lucha canaria, los practicantes de la vela latina o del salto del pastor. Tener, pese al prematuro fallecimiento de José Antonio Ramos, la mayor y mejor generación de timplistas de nuestra historia, dando además el salto de la popular parranda a compartir espacio con grandes orquestas. Las fiestas populares diseminadas por toda nuestra geografía. Nuestra gastronomía, sobre la base de los excelentes productos del país, que no se queda solo en los platos tradicionales, sino que crea, avanza y se supera día a día. O la celebración conjunta del Día de Canarias, que retornará con fuerza cuando se acaben las actuales restricciones pandémicas. En definitiva, la mayoritaria identificación de la gente de esta tierra con ese conjunto heterogéneo que constituye la canariedad.

Cierto es que, también, con algunos elementos en evidente riesgo, como el dialecto canario, acosado por el vosotrismo y otras amenazas, por una uniformización empobrecedora y tras la que laten muchos de nuestros complejos históricos.

Una canariedad que es patrimonio de todos los hombres y mujeres de Canarias, al margen de su adscripción ideológica o de su modelo de organización política, sean de izquierdas o de derechas, progresistas o conservadores, autonomistas, regionalistas, federalistas, centralistas o partidarios de crear un estado libre asociado o independiente, abstencionistas o amantes de las urnas; y que no es una exclusiva de los que aquí nacimos: la comparten también los canarios de adopción, muchas personas que llegaron a las islas desde los más diversos lugares del mundo y que aquí han proyectado sus vidas.

Se trata de esos elementos culturales que nos caracterizan y que nos diferencian de otros pueblos, sin hacernos mejores ni peores; como la paella y las fallas en el caso de la Comunidad de Valencia; o la lengua, los castellers y la sardana, en el caso de Cataluña.

Una identidad canaria que, en el estudio de TSA para CANARIAS7 de 2018, y en una pregunta con multirrespuestas, basculaba, a juicio de los entrevistados, sobre sus paisajes y el clima (87,4%), la forma de ser de los canarios (58,6%), su cultura (58,2%), su manera de hablar (26,4%), su historia (15,9%) y la conciencia de ser canario (11,5%).

Estudios sociológicos

Canariedad, por tanto, no es lo mismo que sentimiento de pertenencia. Ese que se pregunta en los estudios sociológicos y que, en nuestro caso, plantea la mayor o menor identificación a la comunidad o con el Estado: solo canario, más canario que español, igual canario que español, más español que canario o solo español. Y en el que sí que se han producido cambios en las últimas dos décadas; por razones probablemente multifactoriales. Pasando el solo canario y más canario que español del 49,6% de 2001 al 36,1% del reciente Sociobarómetro de Canarias de diciembre de 2021.

A falta de más profundos análisis, estoy convencido de que influye una globalización cultural que difumina lo local para imponer lo procedente del exterior, sea Londres, Nueva York, Miami o Madrid. Las redes sociales, los hábitos televisivos, los consumos musicales han cambiado nuestra percepción del mundo. Aunque paralelamente, nada es blanco y negro, aparece y toma fuerza una valoración de lo local y una reclamación de mayores grados de soberanía alimentaria o energética y, asimismo, de fomento y disfrute de la creatividad autóctona en los más diversos ámbitos.

Se debería profundizar, asimismo, en la influencia o no de los niveles de formación. Pero sin despacharse precipitadamente. Lo digo por el hecho de que las franjas de población más joven, las de mayores niveles formativos de nuestra historia (y, con toda seguridad, las más presentes en redes e influidas por la globalización), son las que muestran un mayor sentido de pertenencia canario. Así, este alcanza el 49,2% entre los de 18-24 años y un 44,9% entre los de 25-34 años, según el Sociobarómetro de Canarias de diciembre, valores muy por encima de la media (36,1%).

Demografía

En los cambios experimentados en los últimos veinte años también tienen relevancia los elementos demográficos. En este periodo se han establecido en las islas más de 400.000 personas procedentes de otras comunidades autónomas o de diferentes estados, mayoritariamente europeos, pero también de América Latina y, en menor medida, de África; y que forman parte de los nuevos canarios y canarias de este siglo XXI, que comparten nuestras preocupaciones y anhelos, nuestros sufrimientos y alegrías. Pero no hay que pretender que se sientan «solo canarios» o «más canarios que». Sería absurdo e irrespetuoso. Más aun cuando la inmensa mayoría considera perfectamente compatibles las distintas identidades: 88,9% valora totalmente compatible o bastante compatible sentirse al mismo tiempo canario y español, frente a un 6% que lo considera poco compatible y un 0,9% nada compatible.

Una compatibilidad que se muestra incluso en quienes votan a formaciones del espacio nacionalista o canarista. Aunque entre los votantes de CC y NC el porcentaje de los que se consideran solo canarios o más canarios que españoles supera el 43%, siete puntos más que la media canaria, la mayoría, un 53,6% en el caso de los de CC y un 49,1% en los de NC, se considera canario y español por igual.

Señala el Estatuto en su articulo 27 que «los poderes públicos canarios velarán por la protección y la defensa de la identidad, patrimonio histórico y los valores e intereses de Canarias, del legado etnográfico y arqueológico de los aborígenes prehispánicos y de las demás culturas que han ido poblando el Archipiélago, así como de las distintas modalidades lingüísticas, en particular del silbo gomero».

Por tanto, la canariedad, ese patrimonio común, dinámico y cambiante, seguirá formando parte de las experiencias vitales de todos los que habitamos esta tierra; y deberá continuar siendo protegida por los poderes públicos. Lo del sentido de pertenencia, un asunto distinto, ya veremos cómo evoluciona.

Enrique Bethencourt es miembro de Canarismo y Democracia y autor del libro Nacionalismo canario 3.0