La tormenta creativa de Satie

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01/05/2017

El novelista Alexis Ravelo firma el texto de ‘Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos’. Se estrena el 11 de mayo, con una única función, en el ciclo Música y Literatura, del teatro Pérez Galdós

Las Palmas de Gran Canaria

Todos somos Erik Satie. Nadie es Erik Satie. Y esto, que parece mi casa en Arcueil, en realidad no lo es. En realidad es mi cabeza, mi corazón, mi alma, ese desván que llevo en el centro del pecho como otros llevan una caja de caudales. Podría ser, perfectamente, otro sitio...No sé...El escenario de un teatro... un teatro del futuro...». Con estas palabras, escritas por el novelista grancanario Alexis Ravelo, se dirige al público Alfred Eric Leslie Satie (Honfleur, 17 de mayo de 1866–París, 1 de julio de 1925) en uno de los pasajes iniciales del montaje escénico y musical Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos, que se estrena el próximo 11 de mayo, a partir de las 20.00 horas, dentro del ciclo Música y Literatura, que se desarrolla en el teatro Pérez Galdós de la capital grancanaria.

Este nuevo espectáculo se desarrolla a partir del universo creativo y personal del compositor, pianista y escritor francés Erik Satie, uno de los creadores más innovadores e influyentes de comienzos del siglo XX. En concreto, ante el público del Pérez Galdós se presentará un Satie con 58 años, calvo, con gafas y barba, que se encuentra en su casa de Arcueil, donde vive casi como un anacoreta descreído con el mundo que le rodea.

«Es un filón como personaje. A mis 45 años, tengo claro que no estoy para inventarme historias donde no existen. Elijo temas que sean un filón, que me permitan escarbar mucho en su interior. Satie lo es. Creo que su vida y su obra, que van de la mano, porque así entendía él mismo el mundo, dan para tres o cuatro espectáculos teatrales más», apunta Alexis Ravelo, autor del texto original que da pie a esta aventura escénica y musical.

El director lanzaroteño Quino Falero lleva las riendas de un montaje que contará sobre el escenario con la actuación de Alfonso Lara y con José Luis Castillo al piano. Claudio Martín firma el vestuario y la escenografía, mientras que el trabajo de iluminación recae en Txema Fernández.

«He contado con una libertad absoluta para crear, dentro de unos límites de eficiencia económica, que me impongo sobre todo cuando se trata, como sucede en este caso, de una producción con dinero público», desvela Ravelo. La única premisa que le impuso Manuel Benítez, subdirector de programación de la Fundación Auditorio Teatro de Las Palmas de Gran Canaria, institución responsable del montaje, fue que «tenía que haber música en directo», asegura Ravelo. «Manolo [Benítez] tenía en mente a José Luis Castillo como pianista y a Quino Falero y su apuesta a me pareció estupenda», añade el novelista.

Erik Satie fue la primera idea que pasó por la mente del autor de la reciente novela Los milagros prohibidos (Siruela) cuando le propusieron la elaboración de un texto para un montaje del ciclo Música y Literatura. «También barajé los nombres de otros compositores, pero pensé en un primer momento en su figura, porque aunaba tres vertientes muy interesantes. Se trataba de un instrumentista, un compositor y un escritor. También dibujaba muy bien», rememora.

Una serendipia fue la culpable de la decisión final. «Me puse a repasar sus textos y su música. Me di cuenta de que era 17 de mayo de 2016, el día en el que se cumplían 150 años de su nacimiento. Entonces tuve claro que tenía que protagonizar este montaje», apunta entre risas el responsable de las novelas negras que protagoniza Eladio Monroy.

No fue la única serendipia que apareció en el camino inicial de Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos. «Cuando se contactó por teléfono con el actor Alfonso Lara, se encontraron con que acababa de volver de París, donde había visitado la casa de Satie. Es un apasionado de su obra y ha hecho un enorme esfuerzo para cuadrar su agenda profesional para poder participar en esta obra», explica.

Alexis Ravelo asegura que cuando comenzó a repasar la biografía y la enorme producción creativa de Satie pudo «repasar» las principales vanguardias artísticas del pasado siglo. «Fue desde el post-romanticismo hasta el dadaísmo, el cubismo e incluso el futurismo. A medida que lo fui estudiando, me percaté de un detalle fundamental. Siempre estuvo a la vanguardia de la vanguardia. En cuanto se olía que comenzaba a aparecer un canon, una fórmula a seguir, se iba corriendo. Es el paradigma del creador que está en constante movimiento. Un autor que no tiene ningún problema en enfrentarse a lo que está instituido», comenta.

Lo más sencillo y natural habría sido dejarse llevar por una vertiente biográfica, pero ese no era el objetivo que se trazaron los responsables de este espectáculo. «Mi primera excusa argumental consistía en reflexionar sobre su vida privada. Cuando muere, en julio de 1925, sus amigos no habían entrado jamás en su casa de Arcueil, a la que se trasladó tras dejar su piso en Montmartre. Durante 24 años, nadie entró allí. Solo él y los perros que recogía de la calle. Al morir, entraron y se encontraron con una colección de cien paraguas, con sus siete trajes de terciopelo verde todos iguales, con el retrato que le hizo Suzane Valadón, con la que mantuvo una relación, con unos dibujos medievales y con un montón de partituras y escritos que tenía guardados en las cajas de dos pianos que tenía amarrados, el uno con el otro. Mi excusa, ante ese panorama, es que durante todo ese tiempo estuvo componiendo sin tocar el piano», desvela.

Desde ese instante, en el espectáculo se desata una batalla creativa de primer orden, entre su vertiente como escritor y compositor y el Satie instrumentista. «El compositor intenta amordazar al intérprete, porque no quiere tocar la música que ya había compuesto. Quiere tocar solo la que tiene en la cabeza».

Durante su vida, Satie transitó por momentos de una enorme producción creativa. «Creó obras que se pisaron unas a otras. Escribió desde música de inspiración medievalista hasta coros para misas de una religión que se inventó, para perros, para que solo fuera escuchada por niños, para que nadie la escuchase, para mobiliarios... incluso para cine. Fue el primero que creó una composición para que siguiese los distintos fotogramas», apunta Ravelo desde la admiración.

Esta raíz biográfica permite que Satie. Monólogo musical para dos pianos vaya un paso más allá, en la línea creativa que inspiraba al propio genio galo que lo inspira. «El montaje aborda temas universales, como la figura del creador frente a su obra. Se adentra en cómo convive con la sociedad. Una sociedad que, por lo general, no le comprende. Él mira a esta sociedad desde un lugar de privilegio. A pesar de ser un incomprendido, tuvo mucho éxito. No hay que olvidar que se convirtió en una estrella con solo 24 años. Debussy fue quien le orquestó las míticas Gymnopédie». Así, dentro del universo pergeñado por el escritor isleño, el Satie compositor lanza una profecía: «Llegará un día en el que personas que no habían nacido cuando él vivía, llevarán unos aparatos, que aún no se han inventado, que les permitirán escuchar su música. Aunque no conozcan quién las compuso».

Alexis Ravelo dice que Satie fue un genio, aunque hoy sea un desconocido para muchos. «Si le pones a alguien los primeros compases de la Gymnopédie, seguro que le suenan. Aunque no sepan ni como se titula la pieza ni quién la compuso», reconoce con cierto pesar. Confía en que este espectáculo ayude a solventar esta situación, sobre todo si su escenificación tiene recorrido más allá del 11 de mayo, día de su estreno.