Iam Somerhalder es el protagonista de 'V-Wars'.

'V-Wars', el menos creíble de los apocalipsis televisivos

El actor Iam Somerhalder se cambia de bando, de vampiro en 'The Vampire Diaries' a activo combatiente en la presente producción

Eduardo Paneque
EDUARDO PANEQUE Gijón

La televisión ha contado el fin de la humanidad (o casi) desde múltiples perspectivas, desde los zombies hasta los apagones eléctricos que arrasaron todo cuanto conocemos. Nos han colonizado los extraterrestres y hemos sobrevivido a la llegada de mutantes-lagartos. Ahora, vampiros -¡lo que nos faltaba!-. La diferencia del nuevo apocalipsis tiene un rasgo diferencial. Son malos, pero no tanto. 'V-Wars' apela a la victimización -¡que se lo cuenten a sus víctimas!- para buscar la expiación del espectador. Bien es cierto que todo lo que se diga en estas líneas resultará magnánimo: un despropósito entretenido al menos tiene eso, que es estupendo para seguirlo mientras se cacharrea con el teléfono móvil.

No es un producción original. El daño ya se había perpetrado antes. 'V- Wars' adapta los cómics y las novelas de Jonathan Maberry y tiene como protagonista a Iam Somerhalder. El actor cambia los colmillos de 'Crónicas Vampíricas' por la bata del científico que intenta parar la infección. Él es Luther Swann, médico de profesión que ve cómo su mejor amigo, Michale Fayne (Adrian Holmes), desarrolla un virus que le transforma en vampiro convirtiendo a otros tantos a su paso. En su defensa: a pesar de la paranoia desatada, 'V-Wars' pone el foco en la salvación personal más que en la propia destrucción del mundo tal y como lo conocemos.

Dos amigos que cambian de bando en el segundo capítulo y cuyos caminos se van separando cada vez más. Siempre al fondo, la esperanza de reconducir la situación en la búsqueda de un bien común superior. En su contra, y para alcanzarlo, una concatenación de tópicos típicos aunque sin tocar un fondo tan horrible como pudiera parecer a priori. De hecho, lo visual supera lo endeble de los guiones evitando la tentación de lanzar el mando del televisor contra la pantalla.

La batalla campal entre humanos y vampiros tarda varios episodios en ponerse seria. Y según avanza, también lo hace su apelación a las amistad entre los dos protagonistas, introduciéndonos (o queriéndolo) en una espiral emocional. Unos lazos que, por otra parte y a pesar de los flashbacks, tampoco quedan perfectamente explicados para que la emoción cale en aquellos espectadores que sigan 'V-Wars' sin pestañear. Si no están en ese rol, ¡olvídense! Solo queda la química de los actores para que un mínimo de credibilidad sobreviva al metraje.

La serie no se puede considerar fallida, simplemente errante en la historia que quiere contar o de priorizar donde debe de poner el foco para enganchar al espectador. Quizá con unos creadores o guionistas diferentes se hubiera llegado a un aterrizaje distinto. Por ello, para quien haya seguido el texto hasta aquí y ahora se disponga a chutarse varios episodios en vena pensará que no era tan mala como aquí se decía. Incluso se puede pasar un rato de diversión y disfrute. Ahí es donde entran en juego las expectativas. O como dirían los modernos, el 'hype'. Porque al final, 'V-Wars' solo es una serie mediocre. Nada más.

Vídeo. Tráiler de V-Wars.