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Berta Prieto y Belén Barenys, creadoras y protagonistas de 'Autodefensa'. / RC

A favor y en contra de 'Autodefensa'

La nueva serie original de Filmin sobre dos veinteañeras no deja indiferente y ha generado halagos y críticas entre sus espectadores

ANDREA MORÁN | MIKEL LABASTIDA

'Autodefensa', el segundo proyecto de ficción propio de Filmin, ha llegado generando bastante más ruido que cualquier otra obra anterior de la plataforma. Solo la publicación de su tráiler despertó críticas por el retrato que presentaba de la juventud. Su estreno ha dividido también a los espectadores. Berta Prieto y Belén Barenys son las creadores y protagonistas de esta producción que gira en torno a dos veinteañeras que viven en Barcelona y cuyo principal ánimo es divertirse. La serie, de diez episodios, está dirigida por Miguel Ángel Blanca. Los primeros cinco capítulos están disponibles desde el martes 29 de noviembre. El resto, el 6 de diciembre.

Dos redactores de Pantallas se posicionan a favor y en contra de este título que ha sido nominado a los premios Feroz en las categorías de Mejor Serie de Comedia y Mejor Guion.

A favor. Por Mikel Labastida

No es tan fiera como la pintan

En el tercer capítulo de 'Autodefensa' presenciamos una especie de terapia de grupo a la que asisten las dos protagonistas -de poco más de 20 años- de la serie y en la que relatan, junto al resto de participantes, cómo se enfrentan a episodios de ansiedad frecuentes en su día a día. Cuentan con naturalidad lo que les desvela, lo que les frustra, lo que les pesa. Citan escenas cotidianas relacionadas con el trabajo, con el sexo, con las redes sociales. Y ya está. La segunda producción propia de Filmin va de eso precisamente, del desencanto generacional de dos jóvenes que observan el futuro con pesimismo, que viven el presente con cierto descreimiento y que tratan de divertirse a toda costa como herramienta defensiva.

Se representan a ellas. A nadie más. No tienen el deber de ser ejemplo ni portavoces de nadie. A menudo sucede con las series protagonizadas por jóvenes que se les carga el sanbenito de tener que reflejar lo que siente una generación y la obligación de crear personajes con los que deban identificarse todos los que coinciden en edad. Es algo que no se les pide a las ficciones adultas. En ese caso a nadie se le ocurre tachar a un título de ser poco representativo, de plantear solo una realidad o de caer en estereotipos.

No tengo nada que ver con los personajes que interpretan Berta Prieto y Belén Barenys. Tampoco lo tenía con Walter White o con Don Draper y aún así me interesaban sus vidas, sus derroteros. Y quería saber más de ellos. Me gustan las series que me llevan a lugares que no conozco, a gente con la que no trato, a mundos que no frecuento ni comprendo. Y que me ayudan a entenderlos, o simplemente me aproximan a ellos, que no es poco. Me siento distante porque me pillan lejanas sus vicisitudes, sus modos de vida, sus precariedades, su forma de divertirse, pero eso no impide que puedan interesarme. Sucede con esta serie. A ratos logro adivinar por qué se comportan así sus protagonistas. Otras me enfadan y solo me apetece dejar de mirarlas.

'Autodefensa' llama nuestra atención porque es honesta en su planteamiento y pese a los exiguos recursos técnicos y económicos con los que se ha rodado resulta creíble. Eso es importantísimo en una serie. Encontrar el tono adecuado, no parecer artificial en sus planteamientos, saber de lo que habla para no caer en lo impostado. Eso lo hace bien la nueva serie de Filmin, creada por Miguel Ángel Blanca y por las propias actrices a partir de situaciones reales vividas por ellas. No ambiciona ser universal, es consciente del retrato que presenta (el de dos chicas que quieren ser artistas y comparten piso en Barcelona) y aborda conflictos actuales, relacionados con el feminismo o con la salud mental, sin que parezcan sermones o peroratas. Hay algo más que llama la atención en 'Autodefensa'. Y es que en ningún momento trata de justificar a sus protagonistas, las deja actuar tal cual con sus contradicciones y sus miserias, lo cual en momentos hasta puede resultar incómodo.

Volviendo al capítulo tercero, al que antes hacíamos referencia, hay un momento en que una de las chicas rompe a llorar atrapada en la angustia y su compañera en lugar de calmarla de un modo convencional se dedica a grabar un 'story' bromeando con lo que le sucede. No es trascendental ni trata de cerrar el capítulo dando una lección sobre lo supuestamente aprendido. Ese sentido del humor y esa aparente falta de pretensiones también son puntos a favor.

'Autodefensa' juega a ser libre. En la forma corriente en que plantea todo tipo de asuntos y en los aspectos formales (cada episodio cuenta con tipografía y cabecera propia, de acuerdo con una temática concreta).

En contra. Por Andrea Morán

La performance de la juventud

No debe resultar sencillo ser joven hoy en día y seguramente aún más difícil será querer representarlo todo el tiempo. 'Autodefensa' invita a hacer una lectura generacional, lo cual no sería justo con la serie ni con sus creadores, porque juventudes hay muchas y aquí se ha decidido mostrar solo una. Eso tiene todo el sentido del mundo, claro, pero lo interesante sería que la parcialidad se expandiera, creciera por arriba y por abajo, ganara en profundidad e incluso se agrietara porque nunca somos solo una cosa. Quizá eso es lo que más se echa de menos en la nueva serie original de Filmin: cumple con todos los hashtags esperados bajo la foto de lo 'joven urbanita', pero no aporta ningún otro que haga temblar esa categoría, tan reduccionista y limitante. Al menos en los cinco primeros episodios ya disponibles.

Berta y Belén son amigas que comparten piso y vivencias en Barcelona. Mantienen conversaciones de resaca y organizan rituales para resetear su vida. Se acuestan con desconocidos, tienen relaciones no monógamas y se prometen que nunca más volverán a drogarse. Su trabajo y los quehaceres diurnos ocurren fuera de campo (o eso hay que imaginar, quién sabe) y, por tanto, la precariedad que brota es un tanto pija y soberbia de la que habría estado bien saber reírse y, además, hacerlo sin pudor. En alguna escena se tantea la posibilidad, pero el dardo no se lanza con suficiente fuerza.

Si buscamos referentes, no convendría mezclar jóvenes con jóvenes por el simple hecho de serlo. Poner 'Autodefensa' al lado de 'Euphoria' por compartir franja de edad y excesos no le hace ningún favor a la primera, que seguramente ha estado escasa de presupuesto. Sí tiene más sentido traer a colación 'Broad City', la sitcom en la que Ilana Glazer y Abbi Jacobson, también en un registro de autoficción, se interpretaban a sí mismas acumulando disgustos y aventuras por Nueva York. Aquello comenzó como una webserie (un formato no tan lejano a este) y brillaba por su mordacidad. A 'Autodefensa' le habría venido bien ese arrojo y el talento narrativo para ponerse en ridículo. Al fin y al cabo, hablamos de dos chicas blancas, heterosexuales, independizadas, que se dedican a trabajos artísticos (Berta Prieto como escritora y dramaturga; Belén Barenys como actriz y cantante). Con este punto de partida, ¿acaso el humor no es la única escapatoria posible?

Dicho todo esto, la serie tiene conversaciones que se agradecen y pone en escena titulares importantes a día de hoy (por ejemplo, el alto porcentaje de jóvenes que sufren ansiedad o la idea del consentimiento). Se parodia sin remilgos a los falsos feministas que temen ser cancelados y se vive con naturalidad la desnudez. Pero estamos en 2022. A estas alturas no es punk ni original el drogarse por las noches (en elipsis) y estar en el sofá sin camiseta. Y esta serie presume de serlo.

De ahí que cuando todo amenaza con reducirse solo a eso, cabe preguntarse si en los últimos cinco episodios nos espera algo más. De no ser así, 'Autodefensa' terminará siendo un retrato demasiado estático y ensimismado que se recrea en la performance de la juventud en lugar de narrarla para hacerse entender.