Parte del reparto de 'Élite', en un fotograma de la tercera temporada.

'Élite' ya da muestras de cansancio

La serie de Netfix repite recurso en su nueva temporada, partiendo de un asesinato para desgranar las nuevas aventuras de los estudiantes del instituto Las Encinas

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

'Élite' nunca ha aspirado a ser una obra maestra del entretenimiento. Ni falta que le hace. La misión de la serie de Netflix siempre ha sido reunir delante del televisor, el ordenador, la tableta o el 'smartphone' a adolescentes con las hormonas revueltas, a la búsqueda de su ración de misterio, cuerpos tonificados, sexo y musiqueta de la buena, que decían los añorados Ganglios. En ese sentido, la ficción de Zeta Producciones funciona como un reloj y da lo que promete, ni más ni menos. Pero lo cierto es que esta tercera temporada acusa algo de cansancio.

Vaya, ya te estás contradiciendo.

No, me explico. La nueva temporada arranca exactamente donde lo dejó la anterior. (Ojo, cuidado, que va un 'spoiler' si no has visto la segunda temporada). La segunda comenzaba con la extraña desaparición de Samu para desvelarnos, al final, que todo había sido una estrategia urdida por él y Guzmán para atrapar a Polo, que en la primera había asesinado a Marina, la hermana de Guzmán y el amor prohíbido de Samu, sospechoso principal en toda aquella historia -a ver, es una telenovela, a mí no me mires-. Pues bien en esta tercera temporada, se utiliza el mismo recurso que en la primera: un nuevo asesinato, en la única discoteca que frecuentan los del instituto Las Encinas -luego hablaremos de esto, porque vaya tela-, marca el inicio a estos episodios que vuelven a jugar con los flashbacks para desentrañar quién ha sido el culpable.

Tres fotogramas de 'Élite'.

Bueno, tampoco es para tanto, ¿no?

Hombre, algo de jeta sí que tienen los creadores, pero es cierto que el interés, más o menos, se mantiene. Otra cosa es que el periplo que siguen las tramas hasta llegar al culpable sea, en cierta medida, tramposo e irrelevante. Ah, y luego hay un detalle bastante loco: la regla de oro para que un flashback funcione es que, ubicado en el presente, un personaje se fije en algo, recuerde y entonces la acción se traslade al pasado. Pues bien, aquí hay un momento muy raro en el que las tornas se giran y se va del pasado al presente. Como si alguien recordara algo que va a pasar en el futuro. En fin, muy, muy extraño.

Pero es que aquí hemos venido a ver fiestas y sexo.

En tal caso no te preocupes porque el pijerío y el vicio siguen ahí. No hay capítulo -y creo que no me equivoco- que no tenga su ración de cuerpazos y fiesta, ya sea en la discoteca Barceló -la verdad es que de vez en cuando podrían cambiar de enclave- o en una mansión con suelos de marmol, jardín y piscina. Y, ojo, tenemos nuevo trío a la vista y escarceos y problemas con las drogas. No en vano, una de las tramas se resuelve de forma magistral en una fiesta con apagón incluido. De música, como siempre, bastante bien con pistas de, entre otros, HVOB o Treasure Fingers & BOSCO, por citar un par de artistas relevantes.

La fiesta del apagón.

Pero, habrá alguna novedad relevante...

Te cuento un poco cómo están las cosas. Polo ha regresado al instituto porque al final los chavales no consiguieron demostrar que era culpable. Además, el instituto está atado de pies y manos porque las madres de Polo financian el centro. El joven continúa con Cayetana, pero no parece del todo feliz -ya te había comentado lo del trío-. Samu y Guzmán, por su parte, siguen obsesionados con darle caza, mientras la pareja que conforman Ander y Omar está pasando por un bache: el primero tiene cáncer y ambos parecen estar distanciándose. Carla, la marquesa, tampoco pasa por un buen momento ya que se divide entre acusar a Polo -ella sí sabe quién asesinó a Marina- o no hacerlo para tratar de mantener su alto nivel de vida. Por cierto, un nuevo chico le tirará los tejos. Nadia, por su parte, parece haberse olvidado de Guzmán y ha encontrado un joven aparentemente perfecto. Rebeca sigue enamorada de Samu y preocupada con el negocio de drogas que maneja su madre. Y finalmente están los hermanastros Valerio y Lucrecia, a los que su padre ha decidido cortar el grifo. De ricos a pobres en un instante.

Entonces, ¿qué?

Pues te diría que la tercera temporada de 'Élite' se deja ver, sin duda. Si has sido seguidor de la serie, encontrarás motivos de sobra para continuar con ella, pero es cierto que apenas arriesga. De hecho, sus creadores parecen haberse asegurado que, pese al posible cambio de ciclo, algunos de los personajes actuales puedan seguir en una hipotética cuarta temporada. Ah, y una cosa más: además de resolver el misterio, el último capítulo sirve también de epílogo que explica el futuro de los muchachos. Pues bien, es el epílogo más largo de la historia de la televisión. Se hace interminable. No pasaba nada porque no todo quedase cerradito.

Las tres temporadas de 'Élite' están disponibles en Netflix.

Vídeo. El tráiler de la tercera temporada.