Borrar
Última hora Retenciones en la Avenida Marítima tras un accidente entre un taxi y una moto
Un fotograma de 'Los Anillos de Poder'.
El señor de los anillos en Amazon | Crítica del episodio 8 de 'Los Anillos de Poder': érase una vez Sauron

Crítica del episodio 8 de 'Los Anillos de Poder': érase una vez Sauron

Concluye la primera temporada de la serie más cara del momento, no haciendo honor a su sonado presupuesto. Una octava entrega, confusa y tristona, deja en el aire numerosas incógnitas cuya respuesta debería importarnos

Viernes, 14 de octubre 2022, 16:38

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

El irritante último plano del séptimo capítulo de 'Los anillos de poder' apuntaló la idea de que los responsables de la serie del momento, en términos de marketing, nos toman por... ¿tontos? Buscan como target al gran público, mermando ciertas posibilidades creativas, pero subrayar con un rótulo, por si no nos ha quedado claro, tras dos episodios explicativos, que las Tierras del Sur ahora son Mordor, es dirigirse al espectador medio con excesiva condescendencia. Esta actitud, que sigue la senda del infantilismo imperante en la sociedad, puede pasar factura en la próxima temporada, ya en fase de producción. Es probable que se caiga parte de la audiencia por el camino: la aventura que nos habían vendido se ha quedado en una peripecia alargada con escaso fundamento más allá de su empaque visual, bien planteado por Bayona en el inicio de la historia para perderse por el recorrido. Hay personajes con un claro potencial, que ojalá se exploten en un futuro, pero la sensación de insatisfacción es difícil de apaciguar tras un clímax poco inspirado en la sesión final. Los guionistas se la han jugado al quién es quién, a sembrar la duda sobre la identidad de Sauron, y a la información que ya tenemos gracias a la trilogía de Peter Jackson, imágenes instaladas en nuestra memoria que apelan, inevitablemente, a lo emocional. Sostener más de ocho horas de metraje con esta premisa no es la mejor de las bazas si el grueso de las ficción consiste en una excesiva presencia de diálogos entre dos sujetos, mano a mano, con escasas ideas de puesta en escena, filmados en plano y contraplano.

Hay escenarios espectaculares en esta octava entrega, que se muestran como una bella colección de postales. La majestuosidad de los paisajes no impregna a los protagonistas con ningún sentido de la épica, más allá de la cámara lenta y los subidones de la música incidental. El trabajo detrás la cámara de Wayne Che Yip se antoja meramente ilustrativo, muy televisivo, con el abuso de los primeros planos para cumplir con lo mínimo. La ausencia de una atmósfera en tensión se agrava con un capítulo poco sorprendente que se permite el lujo de no contar con Adar, los orcos, Durin y demás roles que han dejado algo de huella en nuestras atribuladas mentes. Nori se va de viaje, porque sí, con el extraño que cayó del cielo, que «¡es bueno!», como él mismo grita. Todo apunta a que es Gandalf tras un enfrentamiento con las tres misteriosas deidades disfrazadas de carnaval que han durado dos telediarios. «Sigue a tu nariz», comenta el extraño vagabundo a la pelosa antes de emprender su travesía después de una eterna despedida ante el resto de los menudos, los antepasados de los hobbits que ya conocemos. Algo así hay que decirles a los guionistas con plantilla de una serie de tal magnitud que camina como un dinosaurio. Tarda en dar un paso, no sigue instinto alguno, no se suelta el pelo. Que descubramos la identidad de Sauron gracias a un pergamino, cuando el linaje de los monarcas de las Tierras del Sur lleva mil años extinguido, es, cuando menos, perezoso. Galadriel tropieza con la Wikipedia.

Noticia Relacionada

Sauron, léase -megaspoiler- Halbrand, deviene un villano más que se adapta a la fórmula de Thanos, que quiere salvar el mundo a su manera, a través de la oscuridad. La evolución del personaje no casa, repasando cronlógicamente lo acontecido a lo largo de una temporada que acaba con la forja de los tres famosos anillos de los elfos, una potente imagen simbólica que pierde impacto cuando no se ha explicado bien cómo se ha llegado hasta ahí. La canción final de los créditos es lo mejor de la conclusión. 'Los anillos de poder' tiene todavía mucho por delante, y mucho que demostrar.

Vídeo.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios