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Jodie Foster en 'True Detective'. R
Crítica del episodio 4x06 de 'True Detective': el retorno del sol tras la larga oscuridad

Crítica del episodio 4x06 de 'True Detective': el retorno del sol tras la larga oscuridad

El capítulo expone por qué las dos policías no han hecho otra cosa que explorar su propia oscuridad, la más profunda

Martes, 20 de febrero 2024, 01:21

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Este texto contiene espoilers del final de 'True Detective 4'

El último capítulo de 'True detective: Noche polar' ha conseguido algo verdaderamente difícil: convertir la espiral (esa espiral) en un círculo para poder cerrarlo. Quién mató a Annie K, la causa de la muerte de los científicos, la relación entre la mina y Tsalal o la implicación de Hank Prior en esta historia; las soluciones a todos estos enigmas nos son desveladas en el episodio final. Por ello, no es casual que comience con Danvers y Navarro metiéndose en la cueva. Es un viaje hacia el centro del misterio y de ellas mismas. Porque, a través de la investigación, las dos policías no han hecho otra cosa que explorar su propia oscuridad, la más profunda.

Tras hallar en la cueva a Clark, el científico desaparecido, Danvers y Navarro lo persiguen hasta un laboratorio subterráneo que, a su vez, comunica con Tsalal. Allí lo capturan, y Clark les cuenta lo sucedido con Annie K: él y sus compañeros de la estación polar la asesinaron porque había averiguado que Tsalal falseaba las cifras de contaminación de la mina, ya que les interesaba que aumentara la polución para favorecer el acceso al permafrost, el objeto de sus investigaciones. Pero ¿quién mató a los científicos? ¿O qué? Una vez más, lo real y lo fantástico se entremezclan: Danvers sigue aferrándose a lo que ve, a lo que toca; Navarro, a las voces que la llaman desde la oscuridad.

Mientras, en la superficie, sigue la pantalla partida en dos bandas horizontales: el negro de la noche, el blanco de la nieve. Los bloques de color solo son rotos por las presencias de Peter Prior y de Rose Aguineau, que acude en ayuda del joven policía para deshacerse de los cadáveres de Otis Heiss y de Hank Prior. Peter, como Danvers y Navarro, también ha hecho un durísimo viaje hasta reconocer quién era realmente su padre. Y ha pagado un precio muy alto.

En medio de esa última noche del año que Danvers y Navarro pasan solas, aisladas en Tsalal, sin luz ni calefacción, Navarro vuelve a oír la voz que la llama una y otra vez, y se dirige hacia ella cruzando el hielo. Pero, finalmente, y bajo la forma del espectro de una indígena, recibe su respuesta: su nombre espiritual es Siqiññaatchiaq, el retorno del sol tras la larga oscuridad. Eso, y no otra cosa, es lo que Navarro ha estado buscando todo este tiempo.

Resuelto el asesinato de Annie K, pero sin nadie que pueda probarlo ni arrojar luz sobre lo sucedido a los científicos (Clark se suicida saliendo al exterior), el fino olfato de Danvers da con otra pista que la lleva hasta una de las limpiadoras de Tsalal. Han sido ellas las que, tras descubrir que los científicos de la base habían matado a Annie K, decidieron vengarse: amenazándolos con rifles los hicieron salir al exterior y los dejaron desnudos en medio de la oscuridad y del frío, donde murieron. Y aquí se desvela de qué iba esta interminable noche polar. De mujeres que han permanecido a oscuras, a la sombra, tanto que apenas han aparecido en la narración. De mujeres invisibles que no le importan a nadie, que saben que no van a recibir amparo alguno por parte de la ley y se toman la justicia por su mano. De mujeres maltratadas por hombres, de mujeres que se vengan por lo que los hombres les hacen a otras mujeres. Y de mujeres que se protegen: Danvers y Navarro también han sido maltratadas de una u otra forma. Por ello dan por bueno el informe de la autopsia: sí, ha sido una avalancha de nieve la que ha matado a los científicos. Caso cerrado.

El último plano

El sol regresa. En mayo, Danvers da su versión sobre lo sucedido antes sus superiores. La mina se ha clausurado, ella es jefe de policía de Ennis y parece que, al fin, ha concluido el duelo por la muerte de su hijo. Pero ¿dónde está Navarro? «Planteémoslo así. No creo que den con Evangeline Navarro en el hielo», responde Danvers. Y termina esta temporada de 'True detective' con un último plano de Danvers y Navarro mirando a un horizonte que ha dejado de ser negro. Están juntas, aunque oportunamente separadas en la imagen por una cortina, una separación que no sabemos si es meramente de carácter compositivo o nos indica que están en dos planos distintos: Danvers en el terrenal, Navarro en el espiritual. Es el único aspecto que se deja abierto a la interpretación del espectador.

Issa Lopez, como Danvers, ha hecho la pregunta correcta y ha obtenido la respuesta que buscaba: tras la larga oscuridad de la segunda y tercera temporada, su 'True detective' es el más visto de la saga, incluso por encima del primero, por más que le pese a Nick Pizzolatto, que ha dicho que todas las conexiones con la primera entrega de 'True detective' son una estupidez y se ha desentendido por completo de la última temporada. Vaya: parece que a Pizzolatto, como a aquellos que iniciaron una campaña machista contra la serie, también le molestan las mujeres con demasiado poder.

A pesar de los palos en las ruedas, Lopez ha demostrado su autoridad creando una historia que respeta el espíritu y la atmósfera de la original, pero que nos muestra el otro lado del espejo: frente a la luminosa y cálida Lusiana, la fría y lóbrega Alaska; frente a la experiencia masculina, la femenina; frente a los hombres que matan a las mujeres, las mujeres que exigen venganza. Por si eso fuera poco, Lopez ha cerrado perfectamente un círculo en forma de espiral y nos ha traído de vuelta a Jodie Foster, a sus poderosísimos primeros planos y a sus benditas arrugas. No se puede pedir más.

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