Shane MacGowan al frente de los Pogues en una imagen de 'Crock of Gold'.

La última borrachera de Shane MacGowan

El líder de los Pogues, hoy en silla de ruedas, protagoniza 'Crock of Gold', el documental musical del año y un imaginativo acercamiento a la historia y el alma de Irlanda

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

El villancico más bello jamás escrito, 'Fairytale of New York', contiene un sinfín de insultos que se dedican su autor, Shane MacGowan, y la cantante Kirsty MacColl. En algunas emisoras británicas se emite con pitidos para tapar palabras como 'faggot' (maricón). La canción cuenta la pelea de una pareja -ella yonqui, él alcohólico- a la vez que reflexiona sobre la emigración irlandesa, un drama que vivía un pico histórico a mediados de los 80, cuando los Pogues sonaban a todas horas. Ha pasado mucho tiempo y quizá no somos conscientes de que MacGowan, con su dentadura imposible, voz cazallera y borrachera perpetua, llegó a ser el irlandés más famoso del planeta.

Vídeo. Videoclip oficial de 'Fairytale of New York', el mayor éxito de los Pogues.

'Crock of Gold. Bebiendo con Shane MacGowan' llega a los cines el próximo 16 de abril tras obtener el Premio Especial del Jurado en el pasado Festival de San Sebastián, donde estuvieron su director, Julien Temple, y su productor, el actor Johnny Depp. El mejor documental musical del año reivindica al líder de los Pogues mediante un apabullante despliegue de imágenes de sus conciertos, trozos de películas, material de archivo y animaciones obra del ilustrador Ralph Steadman, colaborador del escritor Hunter S. Thompson, otra de las obsesiones de Depp. Un filme abrumador, deslumbrante, que en esta era de documentales de Netflix con bustos parlantes demuestra que se puede ser imaginativo en el género y contagiarse del espíritu punk que su protagonista ejemplifica a la perfección.

MacGowan (Pembury, Reino Unido, 1957) lo tenía todo en su contra para ser una estrella del rock y sin embargo triunfó. A los seis años ya trasegaba pintas de cerveza. «En aquella época pensaban que había que acostumbrar a los niños al alcohol desde pequeños, así no abusaban de mayores», relata en el filme. Sus primeros años en una Irlanda rural que mitifica alimentarán todo su imaginario. Temple arranca 'Crock of Gold' (caldero de oro, un elemento del folclore irlandés) con los Pogues en la cumbre para acto seguido mostrarnos a MacGowan, 63 años, confinado en la actualidad en una silla de ruedas. «Su estado de salud no es muy bueno», certifica Julien Temple a EL CORREO. «No se mueve, y eso tiene consecuencias para el cuerpo. Ya no bebe como antes, para emborracharse e ir de fiesta. Toma continuamente pequeños sorbos de vino blanco en un proceso lento de borrachera. Entra y sale del hospital. Habría que encontrarle una motivación para conseguir que anduviera y que escribiera nuevas canciones. Pero sigue teniendo una mente tan afilada como una cuchilla».

Vídeo. Tráiler de 'Crock of Gold'.

Los subtítulos son imprescindibles para entender el cerradísimo acento 'irish' de MacGowan, que charla en el documental con Johnny Depp y Gerry Adams, el expresidente del Sinn Féin. Aquel punki que se hizo famoso por acabar cubierto de sangre en los conciertos de los Sex Pistols tuvo la lucidez de devolver el orgullo a los irlandeses. Lo hizo poniendo al día la música tradicional y convirtiendo los conciertos en jaranas donde los músicos estaban igual de beodos que el público. «Alguna vez tocamos sobrios, pero lo pasábamos mejor borrachos», certifica. Firme defensor del IRA, MacGowan diserta sobre James Joyce o Yeats, aunque sea para ponerlos a parir. No se arrepiente de sus excesos y reconoce que hoy se volvería a enganchar a la heroína si tuviese la oportunidad.

«Shane es un símbolo de la supervivencia contra las dificultades, en cierto sentido es un símbolo de la historia de muchos irlandeses», reflexiona Julien Temple. «La hambruna de 1840 provocó la diáspora de irlandeses que emigraron a Nueva York o a Australia. En las canciones tradicionales está presente ese sentimiento de tristeza. Creo que por eso los irlandeses se identifican con Shane, que siempre se ha sentido irlandés pese a pasar su infancia en Londres o ir a un colegio, Westminster, donde estudiaron muchos primeros ministros. Shane se identificaba con la historia irlandesa, tenía una visión romántica de la vida en la granja, una creencia central en la manera de ser y existir que se refleja en sus canciones».

Shane MacGowan en 'Crock of Gold', junto a su mujer Victoria y su amigo Johnny Depp.

'Crock of Gold' puede verse así como un particular acercamiento a la historia y el alma irlandesas a través de la vida de un hijo pródigo y alcohólico, que en su 60 cumpleaños recibió un homenaje al que no faltaron Bono, Johnny Depp y el mismísimo presidente del país. «Si Shane hubiese estado toda su vida en Irlanda, seguramente se habría muerto por largarse», apunta Julien Temple. «En el Londres de los inicios del punk, encontró su sitio en el momento justo. Ser irlandés no era nada fácil, sabías que te iban a insultar. Había un dicho: no se aceptan negros, ni perros, ni irlandeses. Shane tuvo una adolescencia muy difícil, con drogas, robos, incluso estuvo internado en un centro psiquiátrico. En el punk encontró una cultura por la que podía ser aceptado y desarrollar su creatividad. El punk fue su salvación».

Hubo un año en que los Pogues llegaron a dar más de 360 conciertos. Pero el éxito planetario de 'Fairytale of New York' y la gira de 1988 hicieron que MacGowan tocara fondo. Su expulsión del grupo en Japón tras caerse del coche que le lleva a un concierto la experimenta como un alivio. Después formó grupo propio, The Popes, pero nada volvió a ser igual. «Me llaman poeta, joder, y no se dan cuenta de que me insultan porque soy un músico», refunfuña en 'Crock of Gold' mientras sueña «con volver a componer prolíficamente y a jugar al billar».

El cineasta Julien Temple

Julien Temple: «La música puede cambiar las cosas, y eso no interesa»

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La lista de músicos con los que ha colaborado Julien Temple (Kensington, Reino Unido, 1952) es deslumbrante: Sex Pistols, Judas Priest, The Kinks, Depeche Mode, los Rolling Stones, David Bowie, Iggy Pop, Neil Young, Tom Petty… El director de 'Principiantes' y 'Las chicas de la Tierra son fáciles' reconoce que no hubiera podido rodar 'Crock of Gold' sin la ayuda de Johnny Depp. «Johnny es un viejo amigo de Shane y mío. Mucho antes de que fuera una superestrella, hacía de canguro de mi hija June, que ahora es actriz. Y se quedaba extasiado ante mi colección de laserdisc, por entonces me dejaba todo el dinero en comprar películas. Yo era consciente de la dificultad del proyecto, de que iba a ser doloroso y que quizá no iba a poder acabar la película por la actitud de Shane o porque yo tiraba la toalla. Cuando Johhny se involucró supe que, si la cosa iba mal, él iba a mantener el barco a flote. En muchos momentos, su presencia permitía que se podía seguir filmando. Hay un momento en que Shane dice que no quiere más entrevistas y a Johnny se le ocurre ponerse a charlar como si la cámara no estuviera».

-¿Qué músico con los que ha trabajado a lo largo de su carrera le ha impactado más?

-Buf, yo fui un adolescente que le dio un sentido al mundo a través de la música. Los Stones y los Kinks me arrebataron cuando era un chaval que iba a la escuela. Trabajar con gente que amaba ha sido una gran suerte. Adoro a Neil Young, es un tipo honesto, humano y realista. De David Bowie me quedo con su energía colaborativa y su nivel de implicación. Los Kinks fueron fundamentales en mi comprensión del mundo para alguien que creció en Londres en los años 60. Los Sex Pistols cambiaron completamente mi vida, ellos me enseñaron que podía rodar películas y documentales si tener que esperar a tener 60 años. Amo a Keith Richards, es un gran innovador y una persona muy divertida con la que trabajar. No trabajo con gente que no me gusta.

-¿Y escucha música actual o se ha quedado anclado en aquella época?

-Ya no soy un adolescente que tiene una relación tan intensa con la música. Se hace muy buena música en muchas partes del mundo, pero me temo que ya no tiene el impacto que tuvieron, por ejemplo, los Pistols, a los que se odiaba o amaba. Consiguieron apretar el interruptor que encendió el país. El mundo ha cambiado. Hoy para triunfar en la música tienes que ser aburrido y tu música no tiene que tener mucho significado. Si eres bueno y tienes un mensaje específico, solo te va a escuchar tu tribu, eso es más seguro para los que nos dirigen. Porque la música puede cambiar las cosas, y eso no interesa.