Truman Capote en la mítica fiesta que dio en el hotel Plaza de Nueva York el 28 de noviembre de 1966.

Truman Capote, la resaca tras la fiesta

Un documental disponible en Filmin sostiene que el escritor se 'suicidó' socialmente al revelar las miserias de la 'jet set' neoyorquina en su novela inacabada 'Plegarias atendidas'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

«Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para flagelarse», escribió Truman Capote en el prefacio de 'Música para camaleones'. Su último libro publicado en vida también contenía el desgarrador autorretrato del escritor y su imaginario gemelo, en el que afirmaba: «Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio».

Capote (Nueva Orleans, 1924, Los Ángeles, 1984) siempre fue consciente de su enorme talento: a los 23 años ya era una estrella de las letras con su novela 'Otras voces, otros ámbitos'. Pero también se fabricó un personaje a quien sus detractores consideraban oportunista, taimado y esnob. Detrás de la sofisticación y el glamour siempre se agazapaba el dolor: «Aquí estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el látigo que Dios me dio».

Vídeo. Tráiler de 'The Capote Tapes'.

El documental 'The Capote Tapes', disponible en Filmin, profundiza en la personalidad del escritor estadounidense más célebre de su tiempo a través de grabaciones y entrevistas inéditas con amigos y enemigos. «Su inteligencia le hacía totalmente único. Siempre quería tenerle cerca porque no había nadie como él», recuerda Lauren Bacall en un filme dirigido por Ebs Burnough, secretario de la Casa Blanca y director político de Michelle Obama durante la campaña presidencial de 2008. Entre sus imágenes destacan las de la fiesta que Capote organizó el 28 de noviembre de 1966 en el hotel Plaza de Nueva York en honor de Katherine Graham, la editora del 'Washington Post'. Al Black and White Ball acudieron a rendir pleitesía al niño mimado de la alta sociedad neoyorquina más de 500 invitados: Andy Warhol, Frank Sinatra, Mia Farrow, Norman Mailer, Tennessee Williams, los Rockefeller o los Rothschild. Fue la fiesta de la década.

Capote se encontraba en el cénit de su popularidad tras el éxito de 'A sangre fría', publicada pocos meses antes. Seis años atrás, el 'New York Times' había publicado la noticia del asesinato de una acomodada familia de granjeros en Kansas. Capote se preguntó cómo había impactado el suceso a los habitantes de una localidad del Medio Oeste donde nunca pasaba nada, y se plantó en Holcomb acompañado de su amiga Harper Lee, que por entonces esperaba ver publicada su primera novela, 'Matar a un ruiseñor'. El enfoque testimonial fue más allá de la mera crónica criminal. El escritor desarrolló una morbosa fascinación por uno de los asesinos a través de múltiples conversaciones con él en la cárcel. Con 'A sangre fría' inauguró un nuevo género: la novela de no ficción.

Truman Capote en Studio 54, fotografiado por Deborah Davis en la célebre fiesta de 1966 y póster del documental 'The Capote Tapes'.

'The Capote Tapes' contrasta su perfil más mundano y frívolo con la rotundidad y belleza de una prosa inigualable a través de fragmentos de sus obras. Confirma que al escritor no le gustaba el almíbar con el que Blake Edwards barnizó 'Desayuno en Tiffany's'. La publicación en 'Esquire' de algunos capítulos de 'Plegarias atendidas', la novela inacabada en la que presuntamente trabajó durante una década, se saldó con su ostracismo al revelar los trapos sucios de los ricos y famosos. Casi todos los 'cisnes', las bellezas millonarias con las que actuaba de confidente, le abandonaron. Y Capote se exilió entonces de Park Avenue a Studio 54, la discoteca en la que las celebrities protagonizaban bacanales de drogas y sexo. Las imágenes televisivas del escritor tan pasado de vueltas que es incapaz de hablar constatan una decadencia que se prolongó hasta su muerte en la mansión angelina del presentador Johnny Carson, un mes antes de cumplir 60 años.

El documental de Filmin revela así a Capote como pionero de la telerrealidad y la fascinación por los famosos. También le descubre como activista al mostrar su homosexualidad con descaro en una época en la que ser gay estaba penado. Y hasta nos sorprendemos en su faceta de 'padre' de Kathy Harrington, hija de uno de sus amantes y protagonista de una célebre fotografía en la que aparecen ella, Gloria Swanson y Capote dormido en 'Studio 54'.

Truman Capote dormido en Studio 54 entre su ahijada Kathy Harrington y la actriz Gloria Swanson.

Entre los escritores que desgranan sus recuerdos en 'The Capote Tapes', como Jay McInerney y Colm Tóibín, destaca Norman Mailer, que se describe entrando en un bar atestado de irlandeses borrachos junto a Capote «contoneándose como una princesa marica». Mailer estaba dispuesto a usar los puños para defender a su amigo, pero nadie se metió con ellos. «La gente se siente fascinada por mí, pero no me quiere», admitía el autor de 'El arpa de hierba'.