Catherine Deneuve y Fernando Rey en 'Tristana'.

'Tristana' cumple medio siglo

Luis Buñuel llevó a su terreno a Galdós hace 50 años en una corrosiva y amoral descripción del amor entendido como concepción patriarcal

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

«Soy tu padre y tu marido, y hago de uno u otro según me conviene», alecciona Don Lope (Fernando Rey) a Tristana (Catherine Deneuve), la huérfana que ha acogido en su caserón toledano cumpliendo la promesa que le hizo a su madre antes de morir. Don Lope será su tutor, su amante y su marido. Un hidalgo crepuscular en un tiempo que ya no es el suyo, cuyas lecciones morales a su pupila torpedeará con su comportamiento. Así, abomina del dinero pero respirará cuando su hermana rica muera; se dice defensor de los pobres y es un rancio clasista; critica a la Iglesia y acabará tomando chocolate con churros con un grupito de curas; condena el matrimonio y la moral burguesa pero no parará hasta pasar por la vicaría con Tristana.

Hace justo cincuenta años, Luis Buñuel estrenaba en España una obra que mantiene intacto su poder perturbador y amoral. Una adaptación libre de una novela de Benito Pérez Galdós, del que se cumple en 2020 un siglo de su muerte, que supuso su segunda película rodada en nuestro país tras el golazo metido a la censura con 'Viridiana'. Palma de Oro en Cannes en 1961, 'Viridiana' tardó 16 años en estrenarse y lo hizo el mismo día de la legalización del Partido Comunista. El hijo del director, Juan Luis Buñuel, recuerda que la primera vez que la película entró en España lo hizo oculta bajo los estoques y el capote de un torero. Al paso por la frontera, los guardia civiles se cuadraron al paso de la cuadrilla del matador y gritaron «¡suerte!» en una escena que hubiera encantado al autor de 'Un perro andaluz'.

'Tristana' lo tuvo más fácil para rodarse y estrenarse. Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo, facilitó las cosas tras hablar con el propio Buñuel en un intento de dar una imagen de apertura al exterior en un tiempo en que la dictadura de Franco recibía condenas internacionales. El director amaba la obra de Galdós y hacía tiempo que quería llevar al cine una novela suya. Sin embargo, se permitió bastantes licencias en la adaptación, entre ellas suprimir el carácter epistolar del libro, reforzar el personaje de Don Lope en detrimento del pintor amante de Tristana, que encarna Franco Nero, y trasladar la acción del Chamberí de finales del siglo XIX al Toledo de los años 20, en plena dictadura de Primo de Rivera. Ansiaba rodar en la ciudad en la que había quemado las noches en esa misma época junto a sus compañeros de la Residencia de Estudiantes, Federico García Lorca y Salvador Dalí.

Luis Buñuel y Fernando Rey en el rodaje de 'Tristana'.

El cineasta ya había quedado encantado con Fernando Rey en 'Viridiana'. El éxito de 'Tristana' y de su trabajo posterior con Buñuel, 'Ese oscuro objeto del deseo', supuso su pasaporte para una carrera internacional con títulos como 'French Connection. Contra el imperio de la droga' y 'El viaje de los malditos'. Por su parte, Catherine Deneuve, improbable huerfanita toledana, escribió al realizador para expresarle su deseo de trabajar bajo sus órdenes. En sus deliciosas memorias, tituladas 'Mi último suspiro', Buñuel recuerda la broma que le gastó a Fernando Rey, ya muy popular en 1969. Se conchabó con los alumnos de un colegio para que desfilaran junto a ellos y pidieran autógrafos solo al director. A la tercera firma, el actor comprendió el juego y soltó una carcajada.

El decadente y libertino Don Lope se paseará por enclaves de Toledo muy queridos para Buñuel: la iglesia de San Justo, la estación de tren, la estatua mortuoria del cardenal Tavera sobre la que se inclina Tristana, la plaza de Zocodover, el café El Español, recreado en un estudio de Madrid, el campanario de la catedral, cuyo badajo se convierte en la cabeza de Don Lope en las pesadillas de la protagonista… La película se estrenó el 29 de marzo en el cine Amaya de Madrid y fue la primera en proyectarse en los aviones Jumbo de largo recorrido que estrenó Iberia aquel año. Como cuenta Manuel Hidalgo en su libro 'El banquete de los genios. Un homenaje a Luis Buñuel', en la célebre comida de directores de 1972 en honor del aragonés, Hitchcock se sentó junto al homenajeado y no paró de hablar sobre 'Tristana'. En concreto, de la pierna amputada y de la prótesis que Buñuel muestra sobre la cama en una imagen fetichista que cautivó al autor de 'Psicosis'. La historia del rijoso y librepensador hidalgo y su protegida permanece como una irreverente y corrosiva descripción del amor entendido como concepción patriarcal y una crítica social a un mundo y unas obsesiones que todavía permanecen entre nosotros.

'Tristana' está disponible en Filmin en una edición remasterizada.