Carolina Yuste y Camila Sodi son Desi y Cata en 'Sin huellas'. / Daniel Escale García

'Sin huellas', un wéstern moderno en Alicante

Carolina Yuste y Camila Sodi protagonizan esta serie sobre dos kellys a las que tienden una emboscada cuando limpian la casa de una familia rica de la zona

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

La escena es sumamente caótica. Desi y Cata, dos jóvenes exhaustas y malheridas, atraviesan el Fun West de El Campello, en Alicante, un recinto que simula el Oeste americano y que, normalmente, sirve de escenario para despedidas de soltero o competiciones de paintball. Ajenas a nuestras protagonistas, cientos de personas se divierten en la que parece ser la plaza de este pueblo de cartón piedra, agitando sus pistolas de juguete, con disfraces del todo a cien, caballos y especialistas ejecutando las cabriolas vistas una y mil veces en las películas del género.

«¡Cortamos!», grita uno de los operarios. La escena, que se rueda en un 14 de febrero especialmente caluroso, aparecerá en 'Sin huellas', la nueva ficción con sello español que Prime Video estrenará en 2023. Carolina Yuste y Camila Sodi son Desi y Cata. Una gitana, la otra mexicana, ambas son amigas, comparten piso y trabajan como empleadas del hogar. Pero un buen día, son despedidas y reciben el peor de los encargos: limpiar la casa de una de las familias más ricas de Alicante.

Allí se dan cuenta de que les han tendido una emboscada y se ven envuelts en un asesinato. «Les quieren meter en un marrón porque son unas mujeres absolutamente invisibles para la sociedad y son perfectas para comérselo», reflexiona Yuste (Badajoz, 30 años) tras la secuencia que acaban de rodar. La ganadora de un Goya a la mejor actriz de reparto por 'Carmen y Lola' asegura que más allá de la acción, la comedia o el thriller en los que se enmarca la ficción, a ella lo que le enganchó es «esta historia que se cuenta por detrás».

«Una señal clarísima»

A su lado, Sodi (Ciudad de México, 36 años) vive su primer rodaje a este lado del charco. «Tenía ganas de mudarme a España -dice- y esta propuesta salió de la nada, una de esas cosas mágicas del universo. Un casting para una serie que se empezaba a rodar en dos meses en Alicante. Era una señal clarísima».

No fue fácil realizar la prueba a miles de kilómetros de distancia. «La hicimos por Zoom e internet empezó a ir mal. Carolina ya había sido seleccionada y me daba la réplica, pero yo me quedaba con la imagen congelada… Fue un desastre», recuerda. Algo debió ver el equipo, porque pronto recibió Sodi la noticia de que el papel era suyo. «Me he mudado con toda mi familia a España y estoy muy ilusionada. Eso sí, he subido como cinco kilos con tanto jamón, croquetas y ensaladillas rusas», cuenta divertida.

Tres imágenes del rodaje en el Fun West de El Campello. / Daniel Escale García

A nadie se le escapa que puede haber similitudes, al menos en el punto de partida, con 'Sky rojo', la serie que se estrenó en marzo de 2021 y que abordaba la espectacular huida de tres prostitutas de un club de alterne. Criticada por hipersexualizar a sus protagonistas y romantizar, de alguna manera, la prostitución, nada en el tono de 'Sin huellas' parece asemejarse a la ficción de Netflix. «Para mí era muy importante esa visión. Ha habido cuatro personas dirigiendo y tenía que haber, sí o sí, paridad. Por otro lado, son dos mujeres normales, no esta cosa del imaginario masculino proyectado en cómo son dos mujeres. Es muy difícil ver series protagonizadas por mujeres en las que no estén sexualizadas de alguna manera», reflexiona Yuste.

Sodi corrobora las palabras de su compañera con un ejemplo: «No usamos maquillaje en toda la serie, pero ni una gota. Nos ponen un poquito para unificar, si hay un grano o una imperfección, pero no hay ni labial ni rimel. También hay una sensación de que físicamente no están tratando de ser atractivas para nadie. Solo son seres humanos pasando una experiencia».

Y aunque ya avisa, entre risas, Sara Antuña de que nunca hay que creer a una actriz cuando dice que no usa maquillaje, concede la productora y showrunner de la serie, junto a Carlos de Pando, en que 'Sin huellas' «no tiene nada que ver», más allá de que dos mujeres protagonicen la ficción. «'Sky rojo' buscaba ser un tercer acto constante, una cosa frenética con protagonistas de videojuego, con una estética de heroínas empoderadas con un rifle; Cata y Desi son dos amigas que están deseando llegar a casa, quitarse los zapatos, darse una ducha y meterse dos ibuprofenos y un colacao. Tienen cero ganas de ser heroínas», afirma.

El desierto alicantino. / Daniel Escale García

De hecho, cuenta De Pando que una de las cosas que tenían claras desde el principio es que iban a evitar la palabra «épico» y el plano típico de 'Armaggedon', con la cámara lenta y los personajes avanzando, «pero no porque esté mal, sino porque buscábamos otro tono más auténtico». Dice De Pando que, precisamente, eso ha sido lo más difícil, dar con el tono. Porque la serie mezcla thriller, acción, drama y comedia, «y todo eso a veces te lleva a lugares comunes». ¿La solución? «Pasarlo todo por el filtro de la verdad, que nos creamos lo que les ocurre», contesta.

Hartos de las mismas localizaciones

Detrás de los ocho capítulos hay ocho manos, las de Paco Caballero, Samantha López, Koldo Serra y Gemma Ferraté. Cada uno de ellos se ha ocupado de dirigir dos capítulos. Cabe preguntarse si ha sido difícil unificar los estilos para dar coherencia al resultado. «Creo que estaba todo muy bien escrito, ya venía hecho», explica López. Serra, por su parte, indica que hay «un padre superior», que es Paco Caballero, que con el primer episodio «marca el tono y el lenguaje». Pero hace hincapié, con el hilillo de voz que le ha dejado el polvo del desierto, en que los montadores y los directores de fotografía son los mismos para todos los capítulos.

Ese tono es el de un wéstern moderno. De hecho, entre las bromas más o menos privadas del equipo, se refieren a la producción como un «paella wéstern». Paella, obviamente, por aquello de estar rodado en Alicante, pero también por la mezcla de géneros, y wéstern no solo por los parajes desérticos, el viento y los desfiladeros, sino «porque hay también una cosa de gente muy pequeña enfrentada a fuerzas muy grandes». Además, se ríe Antuña, «eso nos permitía hacer el chiste durante la promoción de corrupción, como la paella, hay en toda España, pero como en Valencia, en ninguna parte».

Tres imágenes del rodaje. / Daniel Escale García

Esa idea de wéstern moderno está muy presenta en el código formal de la ficción, «con planos muy largos, contemplativos a veces, rodados en 'scope' para buscar el tipo de encuadres del spagueti wéstern», deja caer un Serra encantado de salir de Madrid: «Es una gozada rodar en Alicante. Veo las series rodadas en Madrid y son siempre las mismas putas localizaciones. Vienes a Alicante y todo es nuevo, virgen, y eso hace la serie más rica».