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«Sigue habiendo gente que nos odia»

El director Iñaki Arteta recluta a jóvenes que no saben nada de ETA para que entrevisten a víctimas en 'Sin libertad. 20 años después', un documental que se estrena en la Seminci

Oskar Belategui

Jueves, 20 de octubre 2022, 14:29

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De la misma manera que un director escoge a sus actores, Iñaki Arteta realizó un casting para encontrar a los protagonistas de su nuevo documental. Reunió a estudiantes de Periodismo de toda España y les preguntó que sabían sobre ETA. ¿Cuántos años estuvo en activo? ¿Había una ideología detrás? Nómbrame a una víctima de ETA.

Los resultados fueron tan desoladores como indican las encuestas. Nadie en sus casas ni en las aulas les había contado a estos jóvenes, futuros periodistas, que una banda terrorista había estado matando hasta anteayer en nombre de la liberación del pueblo vasco. Arteta escogió a cinco estudiantes de entre 18 y 23 años: dos vascos, Jon Munarriz y Jagoba Giménez, y tres del resto de España, Andrea Mendoza, María Guix y Pablo Marín. Y les puso 'Sin libertad', el mediometraje que rodó hace veinte años, en el que 25 víctimas de ETA contaban su experiencia. Su misión sería entrevistar ahora a algunas de ellas para descubrir de primera mano la dolorosa historia reciente del País Vasco.

Vídeo. Tráiler de 'Sin libertad. 20 años después'.

'Sin libertad, 20 años después' es el resultado de este acercamiento entre generaciones, que verá la luz el próximo 26 de octubre en la sección Tiempo de Historia de la Seminci de Valladolid. El filme, que después se estrenará en cines, confronta las imágenes de 2002, cuando ETA seguía matando, con la vida actual de cinco de sus protagonistas. El director baracaldés cerraba entonces su película con un recordatorio a los 817 muertos a manos de la organización terrorista y una cita de Thomas Paine: «La pasividad de los pueblos es el origen de todas las tiranías».

Todos los entrevistados comparten el dolor por los hechos del pasado y la frustración por un presente en el que sienten que la injusticia que sufrieron no se ha reparado. Inmaculada Iruretagoyena es hermana de José Ignacio Iruretagoyena, concejal del PP asesinado en Zarautz en 1998 tras renunciar a llevar escolta. «Sigue habiendo gente que nos odia», asegura una mujer que continúa mirando a los lados y sin ir mucho por el pueblo. Jura sentir la misma rabia que hace 24 años. El odio irracional prosiguió con una bomba en el cementerio en el que está enterrado su hermano. Las víctimas, reflexiona, siguen sintiéndose culpables. «Dentro de diez años no se va a saber nada de nosotros. Solo se habla de los asesinos».

El 'Síndrome del Norte'

Mari Mar Negro no regresaba a la central nuclear de Lemoiz desde que se puso ante la cámara de Arteta hace veinte años. En 1978, su padre, Alberto Negro, ajustador de profesión, fue asesinado al estallar una bomba. Durante muchos años el suceso constó como «accidente laboral». Iberduero, promotora de la central, le proporcionó trabajo a Mari Mar hasta su jubilación. «Estorbamos, yo no puedo llorar a mis muertos públicamente», lamenta. «Solo están bien vistas las víctimas sin rencor, las que perdonan. Y yo no soy así».

El director de cine Iñaki Arteta.. pankra nieto

Begoña Elorza y José Antonio Díez son los padres del ertzaina Jorge Díez Elorza, asesinado en 2000 a los 26 años cuando era el escolta de Fernando Buesa. Ambos han afrontado el duelo de manera opuesta: ella hablando del tema y él tragándoselo todo. Si el atrevimiento del joven periodista le lleva a preguntar cómo han podido seguir juntos, las confesiones de la pareja rezuman verdad y esperanza. Los Díez Elorza no quieren saber nada de los asesinos y mucho menos entrevistarse con ellos. Confían en que el relato de la memoria se escriba sin intereses partidistas y dejan una frase terrible: «Una tragedia no une a una familia, la separa».

Eva Pato, la viuda del policía nacional José Santos, que se suicidó en 1994 en Pasaia víctima en lo que se vino en llamar 'Síndrome del Norte', prefiere que no se vea su rostro. «Creo que sigo queriéndole», se sincera, mientras muestra a su entrevistador los guetos en los que vivían las fuerzas de seguridad en Euskadi. No recoge a sus nietos en el colegio y en los restaurantes sigue sentándose donde pueda ver quién entra por la puerta. Al día siguiente de enterrar a su marido continuó limpiando los despachos de la universidad, donde uno de los profesores pidió que la trasladaran porque «olía a muerto».

Santiago Abascal aparece en el documental.

Así era este país, en el que un joven concejal de PP de Llodio acudía a la universidad con escolta. «Me veo un poco blandito», ironiza Santiago Abascal al contemplarse a finales de los 90, cuando quemaban la tienda de ropa de su familia en Amurrio y sus caballos amanecían con pintadas de Gora ETA. «Esta es una sociedad que ha vivido ovinamente», condena el actual presidente de Vox, que opina que los violentos «tienen hoy más fuerza que antes, están en las instituciones, deciden gobiernos y se ríen de nosotros en el Congreso de los Diputados».

Tras las entrevistas, los estudiantes de Periodismo parecen conmovidos de verdad. Y sorprendidos de una realidad que desconocían. «Que los adultos no nos hayan contado nada es desinformación», coinciden.

Mari Mar Negro regresa a la central nuclear de Lemoiz, donde murió asesinado su padre.

Mari Mar Negro, hija de un ajustador de la Central de Lemoiz asesinado por una bomba en 1978, tuvo que soportar durante años que la muerte de su padre fuera considerada «accidente laboral». ETA envió a su casa a un sacerdote de Portugalete, pueblo natal de Alberto Negro, para disculparse y el trabajador que facilitó el atentado acabó como concejal de la izquierda abertzale. «ETA hacía suyas las causas populares», explica Negro.

Begoña Elorza y José Antonio Díez, padre del ertzaina asesinado Jorge Díez Elorza.

«Hay que explicar las consecuencias de la agresividad y la intolerancia de lo que aquí se vivió», aleccionan los padres de Jorge Díez Elorza, el escolta de Fernando Buesa. «En la familia y los colegios se debería enseñar que no hay nada que justifique quitarle la vida a otra persona». Para Iñaki Arteta, «la permanencia del discurso político justificatorio de la violencia añade una sensación de mayor victimización».

Inmaculada Iruretagoyena en el cementerio donde descansa su hermano José Ignacio.

Inmaculada Iruretagoyena no solo tuvo que sufrir en 1998 el asesinato de su hermano José Ignacio, concejal del PP en Zarautz, sino que, tres años después, ETA colocó una bomba en su tumba para intentar matar a la cúpula del PP vasco. Inmaculada recuerda que hubo quien les afeó aquello en el pueblo, porque la onda expansiva al hacer estallar el artefacto rompió los cristales de los nichos próximos. «¿Los jóvenes de ahora que saben del terrorismo? Nada», afirma en el documental. Por eso Iñaki Arteta ha querido averiguar «qué significa la experiencia de un joven con una víctima».

«Hay mucha gente que ha sufrido en este país y con muchas historias que contar. Simplemente tienes que escuchar», concluyen los estudiantes de Periodismo en el documental. Su labor de investigación les ha llevado a ver por primera vez imágenes de personas mirando bajo su coche en busca de un artefacto explosivo y a escuchar el «algo habrá hecho» con el que se justificaron crímenes en Euskadi durante décadas.

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