Paco Umbral, en una de las fotografías que recoge el documental. / R. c.

Paco Umbral, la persona escondida bajo el disfraz

Llega a la cartelera 'Anatomía de un dandy', un documental que repasa la vida y obra del que fuera el último gran cronista de Madrid

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

El año 2000 tocaba ya a su fin cuando Paco Umbral se hacía con el premio Cervantes. Siete años más tarde, el escritor fallecía habiendo dejado tras de sí más de un centenar libros y más de 135.000 artículos. Sin embargo, gran parte de su vida seguía siendo un misterio. Ahora, un documental titulado 'Anatomía de un dandy' arroja luz sobre una figura tan enigmática como atractiva, un trabajador incansable y autodidacta que no cesó en su empeño hasta convertirse en una de las figuras literarias más importantes de nuestro país.

Charlie Arnaiz y Alberto Ortega dirigen con mimo una pieza que parte de una premisa muy sencilla, verbalizada por el propio Umbral a la reflexión de un entrevistador: «Paco, yo tengo la sensación de que toda tu obra, al final, habla de ti». «Toda, absolutamente toda. Yo lo que tengo que hacer es contar mi vida, que es lo que han hecho los buenos, porque todas las vidas son iguales y tienen temas comunes a la especie humana. El amor, la soledad, la ambición, el sexto, el instinto de matar, el instinto de morirContando mi vida estoy contando a los demás», responde el escritor.

Una grabadora de cinta, una libreta y dos actores representando a un periodista y la figura del escritor madrileño, con sus características gafas y su larga melena blanca, sirven de fondo a las decenas de fragmentos de entrevistas periodísticas, radiofónicas y televisivas que el documental recupera y que apuntalan cada fragmento de los textos del autor, que Aitana Sánchez-Gijón narra con delicadeza y rotundidad.

Estructurado en seis capítulos, que toman algunos de los títulos más emblemáticos de Umbral, 'Anatomía de un dandy' indaga en los diferentes aspectos de su vida, dando voz a escritores, periodistas y artistas. Arranca con 'La noche que llegué al Café Gijón', el lugar por el que todo literato en los sesenta debía pasarse. Aquel tipo alto y rubio pronto causaría impresión. De su irrupción en aquel sagrado claustro, hasta Fernando Fernán-Gómez llegaría a decir que se notaba que «no había llegado un cualquiera». «Nunca sabías si lo que decía era ficción o verdad», cuenta el escritor Raúl del Pozo, que conoció a Umbral en aquel «parque temático de la España inmortal» al premio Cervantes.

Paco Umbral, vestido como un dandy, en una de las imágenes que aparece en el documental. / R. C.

Entregado a su Olivetti –«Hay que quemarse en algo en la vida», sostenía– y malviviendo en una pensión, Umbral escribía para catorce cabeceras de toda España. Tecleando con solo dos dedos, mandaba artículos a la velocidad del rayo –dos o tres al día–, se inventaba reportajes y realizaba entrevistas. «Disfruto de manera casi pecaminosa», confesaba. Fue Camilo José Cela quien primero apostó por Umbral como escritor. Para entonces, este ya había ido construyendo su personaje y su disfraz: la melena, la bufanda, el abrigo, el cuello alto, la vanidad... Un dandy o, como el decía, un quinqui vestido por Pierre Cardin, cuyos orígenes le impedían integrarse plenamente en las clases altas.

Dos de las imágenes que recoge el documental. / R. C.

Orígenes, que se abordan en el segundo capítulo, 'El hijo de Greta Garbo', y que resumen esa infancia de posguerra y su empeño en ocultar quién había sido su padre. «Cada día contaba distintas historias, nunca la real», reflexiona Ángel Antonio Herrera. Pese al amor hacia su madre, sorprenden sus palabras: «Quería que trabajara en un banco. Al morirse, me había liberado».

Más dura, sin duda, fue la muerte de su hijo Pincho, a los cinco años, debido a una leucemia. Cuenta su viuda, la fotógrafa María España, que con él descubrió la infancia que no tuvo. «Iba de duro, pero no era realmente así», afirma mientras cintas de audio domésticas muestran a un Umbral inédito, charlando con su pequeño.

De las ácidas columnas de sociedad que el madrileño alumbró con absoluto desparpajo, de sus líos de faldas o de sus sombras y miserias –Juan Cruz habla de su egocentrismo; Del Pozo de que fue «mimado por el sistema»– y de la «soledad» de sus últimos días, en palabras del fallecido David Gistau, también trata un documental que aborda la figura del que fuera el último gran cronista de Madrid.