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Matt Damon en 'Cuestión de sangre'.

Matt Damon: «Soy el actor que no hizo 'Avatar'»

El actor lucha por demostrar la inocencia de su hija en 'Cuestión de sangre', un filme de Tom McCarthy aplaudido en Cannes

maría estévez

Los Ángeles

Jueves, 12 de agosto 2021

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Matt Damon se transforma en 'Cuestión de sangre' en un matón sureño con la misión de demostrar la inocencia de su hija, que cumple condena en una prisión francesa. El actor apunta que la película de Tom McCarthy ('Spotlight') es «lo que percibimos de la América de hoy» y muestra su gratitud a los coguionistas franceses Thomas Bidegain y Noé Debré por ofrecer una perspectiva más objetiva de Estados Unidos. Si a Damon le hubieran dicho cuando era niño que iba a dar una clase magistral en Cannes, probablemente se hubiera reído, no en vano creció en Cambridge, en la ciudad pobre vecina a Boston, donde sobrevivir en las calles no era tarea fácil. Dispuesto a cambiar su vida, se inscribió en un curso de teatro y allí conoció a su mejor amigo, Ben Affleck. Hoy, a sus 50 años, es un actor polifacético, director y guionista, a quien le gusta la literatura, hablar español y cuidar de sus tres hijas.

–'Cuestión de sangre' fue recibida con una ovación en Cannes.

–Cuando trabajas con grandes actores, siempre terminas con una buena película. Tengo hijas y puedo verme en la piel del personaje. Desde que soy padre me he abierto como persona, ya no necesito exigirme tanto. Un padre siempre ama a sus hijos y un hijo siempre ama a sus padres, pero, en esta historia, ambos están distanciados a su manera.

–La película recuerda el caso de Amanda Knox.

–Durante un tiempo estuve fascinado con ese caso. Mi curiosidad me sirvió como inspiración inicial. El origen de la premisa es la de un padre y una hija luchando contra su tensa relación. El personaje viene de un lugar culturalmente muy específico que muchos van a reconocer, porque cae en el estereotipo del votante de Donald Trump.

Vídeo. Tráiler de 'Cuestión de sangre'.

–¿Cómo entiende a este personaje?

–Es un tipo duro, de Oklahoma, musculoso, fuerte, como muchos de allá, con una gran vitalidad y muchos valores personales. Cuando se muda a Francia en busca de una nueva pista que pueda exonerar a su hija, poco a poco se va transformando.

–¿Cree que las salas de cine se recuperarán de la situación que viven por la pandemia?

–Me emocionó ver en Cannes cómo todos aplaudían cada película. Eso es un recordatorio de por qué hacemos esto y por qué nos reunimos en una sala de cine. Me conmovieron los aplausos hasta las lágrimas. No pude resistirme a llorar durante el estreno y dejé volar las emociones acumuladas durante una pandemia que se llevó mi adorado cine. No lo hubiera apreciado tanto de no haber pasado por el confinamiento. Deseo mirar con optimismo al futuro, porque no hay nada más maravilloso que estar en una sala con mil personas conmovidas como tú ante lo que estás viendo.

Un hombre con suerte

–Es uno de los pocos actores que nunca causa un escándalo.

–Le pago a mucha gente para que me critique a diario y no me dejen creérmelo, ja, ja. Creo que tuve mucha suerte de enamorarme de una mujer que no trabaja en la industria del entretenimiento. Es ella (la argentina Luciana Barroso) quien me mantiene de pie en el mundo real. En Hollywood hay una voracidad enorme para alimentar el ego, lo que vende es el sexo y el escándalo.

–¿Se ha arrepentido de alguna película?

–Soy el actor que no hizo 'Avatar', imagínate si me arrepiento. La verdad es que no pude viajar a Nueva Zelanda y me quedé con ganas de trabajar con un visionario como James Cameron. También tuve que pasar de hacer 'The Fighter' y en el destino se cruzó Christian Bale.

–¿Entonces cree en el destino?

–Me parece que a veces la fortuna está de nuestro lado, pero, en otras ocasiones, las decisiones que tomamos son las que influyen en tu vida.

Matt Damn y Lilou Siauvaud en 'Cuestión de sangre'.

Un héroe de la América de Trump en la cinematográfica Marsella

OSKAR BELATEGUI

Redención y justicia. Es lo que busca el protagonista de 'Cuestión de sangre', un rudo operario de una plataforma petrolera estadounidense que viaja a Marsella para visitar a su hija, en prisión por un asesinato que afirma no haber cometido. Lejos de casa, las cosas no serán nada fáciles para un padre dispuesto a todo para demostrar su inocencia. Damon se mete en la piel de un hombre solitario, con un pasado convulso. Sin conocer a nadie, sin hablar el idioma y con la desconfianza de su propia hija, a la que ya falló en el pasado, el personaje se embarcará en una cruzada que le llevará a los rincones más oscuros de Marsella en busca de respuestas.

Tom McCarthy, director de la magnífica 'Spotlight', se inspiró en autores como Andrea Camilleri y Jean-Claude Izzo para escribir una historia que transcurriera en una ciudad portuaria europea. Cuando tuvo claro el escenario –la cinematográfica Marsella–, quiso reinventar al prototípico héroe americano en tiempos de Trump. «EE UU había dado un alarmante viraje hacia el populismo y los estadounidenses estaban cada vez más alienados, no solo unos de otros, sino también del resto del mundo», lamenta el director. «Esa realidad supuso un revulsivo que proporcionó una nueva perspectiva sobre el viaje del personaje al extranjero, en el que trata desesperadamente de orientarse en una cultura, idioma y sistema judicial diferentes para salvar a su única hija».

–¿Vive pensando en el futuro?

–Sí, claro, como todos los demás, pero eso no significa que tenga una bola de cristal. Disfruto el presente. Sé que no es fácil, pero siento que toda mi vida he estado mirando hacia el futuro, y ahora estoy disminuyendo la velocidad, porque la vida va demasiado rápido. Cuando era adolescente me di cuenta de que no iba a ser atleta profesional, así que dejé de preocuparme por la edad. Soy un hombre que ha tenido mucha suerte.

–Su madre le educó con ideas progresistas

–Sí. Cuanto mayor sea la división económica en el mundo, más protegidos estarán los que tienen dinero por temor a sufrir daños. El sistema de escuelas públicas en América se creó para romper barreras y durante mucho tiempo funcionó muy bien porque ayudó a promover la ciudadanía, pero ahora los niños que nacen privilegiados van a escuelas privadas fuera del sistema y eso, automáticamente, comienza el ciclo de construir muros alrededor.

–¿Qué le hace elegir un proyecto?

–El director. Trabajo en base a quién dirige la película.

–¿Piensa volver a trabajar con Ben Affleck?

–Estamos hablando de hacer varias cosas. Él quiere dirigir y yo también. Queremos producir y seguir actuando, entre los dos podemos generar buen material. Necesitábamos estar juntos para volver a trabajar.

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