María Mercedes Coroy, en un fotograma de 'La llorona'.

'La llorona', una película sobre el horror, pero no terrorífica

Jayro Bustamante culmina su tríptico dedicado al insulto en Guatemala con una película que utiliza el mito latinoamericano para hablar sobre el genocidio que asoló el país

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

' La llorona', no confundir con la película de New Line Cinema y Atomic Monster Productions que el cineasta Michael Chaves estrenó el pasado año, es la opción terrorífica de este fin de semana. Pero no es un filme de terror al uso, sino sobre el horror. Como ya hizo Guillermo del Toro con 'El laberinto del Fauno' para adentrarse en la Guerra Civil española, Jayro Bustamante, autor de las estimables 'Ixcanul' (2015), sobre el racismo hacia la población indígena, y 'Temblores' (2019), sobre el estigma de la homosexualidad, ha utilizado el conocido mito latinoamericano, que cuenta la historia de una mujer que por despecho acabó ahogando a sus hijos y desde entonces vaga sollozando arrepentida por los ríos, para denunciar el genocidio que tuvo lugar en Guatemala durante la guerra civil.

La cinta, que ha sido seleccionada para representar al país en los Oscar, pone el foco en el general Enrique Monteverde, que en los últimos compases de su vida afronta un juicio en el que se decidirá si el militar supervisó la masacre y la violencia indiscriminada contra los indígenas del país o no. Una noche, víspera del día en que se va a pronunciar la sentencia de culpabilidad, escucha el llanto de una mujer, mientras su esposa e hija creen que está sufriendo accesos de demencia relacionados con el alzhéimer. Comienza así un descenso a los infiernos que no se detendrá, a pesar de que posteriormente el juicio se declare nulo. No sospechan que su nueva ama de llaves, Alma, está allí para infligir la justicia que, finalmente, el juicio no logró.

A medida que decenas de ciudadanos molestos con la decisión se vayan concentrando en los alrededores de la casa, la duda, la culpa y la responsabilidad van pensando en unos familiares que cada vez cuestionan más las maniobras del general, al que da vida un excepcional Julio Díaz, capaz de llevar la soberbia de un personaje cruel y mezquino hasta el límite.

Bustamante, que evita en la medida de lo posible lo sobrenatural -ya es suficientemente estremecedor el relato que una de las víctimas realiza sobre los abusos de los militares- ha tomado aspectos de la realidad para dar forma a la película. Así, Enrique Monteverde es un trasunto del general y antiguo presidente Efraín Ríos Montt, que en 2013 fue condenado por genocidio y crímenes contra la humanidad, aunque dos semanas después, la sentencia fue revocada por un error de procedimiento.

Sabrina de la Hoz, en un fotograma de 'La llorona'.

Sencilla y discreta, pero también sin las estridencias típicas de los productos estadounidenses, la película adolece de falta de ritmo, pero tiene hallazgos interesantes, como esa asfixiante secuencia en la ambulancia o el rumor de fondo que empapa todo el metraje y que representa al gentío que reclama justicia ante las afrentas del pasado. En este sentido, lo más interesante del resultado es ver cómo la familia comienza a sentir también ese dolor a sentir en sus propias carnes en un mensaje también contra los testigos de esas atrocidades que miran hacia otro lado para mantener sus privilegios.

Con el estreno tan reciente de la otra 'La llorona' -en EE UU se llamó 'La maldición de la llorona'- a mediados del año pasado, y con una cartelera tan loca que, debido a la pandemia, no deja de reestrenar títulos, puede que algún incauto se acerque a las salas pensando que va a ver una obra de terror fantasmagórico. Quizá sea su mayor problema.