La actriz y directora Leticia Dolera. / Jordi Alemany

La Butaca

Leticia Dolera: «Me han llegado a decir que me he metido en el feminismo para hacer dinero»

La actriz se ríe de su imagen de activista feminista en '¿Qué te juegas'? y deja atrás la polémica tras prescindir de Aina Clotet al quedarse embarazada en la serie que ha dirigido: «Me desconecté de las redes para evitar la ola de odio tan bestia»

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Leticia Dolera (Barcelona, 1981) está en la Complutense de Madrid para proyectar a los alumnos de Periodismo '¿Qué te juegas?', una comedia de Inés de León estrenada este fin de semana, en la que se ríe de su imagen de activista feminista. «Me hace ilusión volver, aquí hice un máster de feminismo», descubre. La actriz ha convertido su libro 'Morder la manzana' en un best seller con el que muchas lectoras han tenido su primer contacto con el feminismo. En breve presentará en Cannes la serie que ha dirigido para Movistar, 'Déjate llevar', objeto de una gran polémica después de que Dolera decidiera prescindir de la actriz Aina Clotet al quedarse esta embarazada.

– ¿Supera '¿Qué te juegas?' el test de Bechdel, ese que sirve para comprobar si los personajes femeninos hablan de algo más que de hombres?

– Sí. El personaje de Amaia Salamanca y el mío hablamos de nuestra amistad, dos mujeres con nombre propio hablan de algo que no es un hombre. Eso no significa que una película sea buena o mala, hay grandes películas que no cumplen el test y no pasa nada. Es un sistema que nació como una broma en una tira cómica y que sirve para poner de relevancia la falta de representación femenina en el cine.

– ¿Aceptaría el papel de una mujer florero?

– Sí. Igual que haría de nazi y no lo soy. Lo que me importa es lo que cuenta la peli en su conjunto, las intenciones del director. No me importa si mi personaje es grande o pequeño o su ideología. Interpretar desarrolla la empatía, aprendes a ponerte en el lugar de otro que no piensa como tú y que no ha vivido tus experiencias. Tienes que entender los personajes para poder defenderlos.

– '¿Qué te juegas?' se ríe de la imagen de activista feminista que tenemos de usted.

– Bueno, el guion existía antes de entrar yo, el personaje no estaba escrito para mí. Mi aportación fue que ella también se masturba después de la primera cita, como el chico de la película. Entiendo que la gente cuando me ve diciendo «como feminista que soy» se cree que lo he añadido yo.

– Hasta hace nada era un tabú que una mujer hablara de masturbarse en una película.

– Sigue siendo un poco tabú, sobre todo a nivel social. Por eso está bien que el cine retrate la sexualidad y el deseo femenino, aunque sea en una comedia blanca como esta.

Crítica de '¿Qué te juegas?'

– Las estadísticas no mienten: una película dirigida por una mujer sigue siendo una rareza en el cine español.

– Tenemos que hacer todos autocrítica. Si la cultura es un espejo de la sociedad, somos la mitad de la población y también debemos ser la mitad de la imaginación, las ideas, los personajes y la mirada. Está muy bien ser actriz como yo y ser mirada, pero también que nosotras miremos. Estoy harta de escuchar «a las mujeres no hay quien las entienda». Pues deja que nos contemos y nos entenderás.

– ¿Por qué un productor prefiere un director a una directora?

– No es un prejuicio voluntario, hemos crecido con ello. Cuando el cine nació había muchas mujeres trabajando, pero cuando entró Wall Street en el negocio empezaron a desaparecer. Es una discriminación invisible, les exigimos más a los directoras. De hecho, hay estudios con currículos que se envían a las universidades; a las mujeres se les exige más experiencia y a los hombres se les valora el potencial.

– ¿Usted lo ha notado al trabajar con directoras y directores?

– Yo he vivido situaciones con directoras de fotografía y escuchado los comentarios que se les hacía. No entraban a discutir. No se trata de que seamos quejicas, sino de que pongamos en marcha políticas transformadoras para conseguir una cultura más rica y diversa. Me parece estupendo el sistema de cuotas progresivas que establecieron en Suecia. Muchos directores se echaron las manos a la cabeza, pero no ha habido menos taquilla, sino más presencia del cine sueco en festivales internacionales.

– ¿A qué ha tenido que renunciar para dirigir su serie 'Déjate llevar'?

– He rechazado películas como directora y un par de proyectos como actriz cuando todavía la serie no tenía luz verde. Yo sentía que tenía que contar esta historia. Por el camino escribí un libro y rodé '¿Qué te juegas'?. Cuando estábamos en los ensayos de la película me dieron luz verde a la serie.

– ¿Se arrepiente de haber despedido a Aina Clotet de la serie?

– Lo único que podía haber hecho es hablar yo antes, pero no podía porque estaba rodando como directora, actriz y guionista. Me supo mal que desde los medios el relato imperante fuera que había sido un caso de discriminación. Y no lo fue. La discriminación se da cuando un empresario se quiere ahorrar un dinero o evitar problemas. Me duele que este caso se haya querido vestir de un problema social. Existía una imposibilidad artística: una actriz embarazada de seis meses no puede encarnar el personaje de una mujer que no quiere ser madre. Las actrices trabajamos con nuestro cuerpo. Si vas a hacer de Usain Bolt y te rompes el pie, no vas a poder hacer esa peli. Haber retrasado el rodaje, me decían. Como si yo fuera tan poderosa y eso no implicara despedir a gente que estaba contratada. Aina no lo estaba, no había tenido los guiones ni nada. En esas 80 personas del equipo había embarazadas. Me sorprendió que se le diera tanto eco.

– ¿Había ganas contra usted?

– Me desconecté de las redes para evitar la ola de odio tan bestia. Y también noté inquina en columnas de periódicos. Me aislé bastante. Está claro que el feminismo incomoda, mover las bases de un sistema y provocar un cambio social. Amigas me decían que no iba contra mí, sino contra lo que represento. Yo no voy de abanderada de nada, todas lo somos.

– Se ha convertido en un referente para muchas chicas que han descubierto el feminismo a través de su libro.

– No me arrepiento. Ojalá hubiera leído un libro así cuando era joven. He dado la cara en algo que me parece vital y que está por encima del odio que yo haya podido recibir. También me acusan de haber señalado a compañeros. Y no he señalado a nadie, más allá de Harvey Weinstein, la 'Manada' y un chiste sobre Morgan Freeman.

Leticia Dolera da vida a una cómica que interpreta monólogos en bares en '¿Qué te juegas?'.

– ¿Merece la pena el escrutinio diario en las redes sociales?

– Las redes sociales no son el mundo real. El otro día me dijeron que solo el 5% de la población española usa Twitter. Y lo que pasa ahí se hace noticia en los medios. Es sorprendente. Cuando ocurrió todo aquello dejé de estar en Twitter. No quiero que coarte mi libertad, ahora le presto menos atención. Nos estamos acostumbrando a acción-reacción, sin pasar por la reflexión.

– ¿Se imaginaba que el libro iba a tener tanta repercusión?

– Para nada. Las chicas y chicos que lo leen me dicen que está explicado de tú a tú. Cuento historias personales y de mis amigas, y cuando relato la historia feminista lo hago como si estuviéramos tomando un café. Yo leía a Nuria Varela, Ana de Miguel o a Virginie Despentes. El feminismo es una teoría política que te hace pensar mucho. Y me daba pena que muchas de esas autoras no llegaran al gran público, al que le vendrían muy bien estas herramientas. Pensé que yo podía ser un puente.

– En el libro cuenta las contradicciones que siente al ser feminista en una sociedad heteropatriarcal sobre todo siendo actriz, lo que le obliga a posar sexy en las fotos.

– Yo al principio no me lo planteaba, tenía que hacer esas fotos, mostrar que podía ser sensual para que la gente me mirase y me tuviese en cuenta. Después pensé que no quería que se me valorara por eso, cuando me lo pidan no lo voy a hacer. Y al final me di cuenta de que no era libre, porque a las mujeres se nos clasifica entre putas y santas. Por ejemplo, ¿por qué me he maquillado para venir aquí hoy? Como decía Rosa Luxemburgo, quien no se mueve no siente sus cadenas. Yo las he sentido, me las quitado y me quedan las cicatrices. No me voy a culpar por querer verme bien en unas fotos.

– ¿Significarse así ha sido bueno o malo para su carrera?

– Me lo preguntan mucho. Primero me decían que iba a ser perjudicial, y después que yo me había metido en el feminismo para hacer dinero y sacarle partido. Yo también me he preguntado cómo puedo lograr el equilibrio entre ambas facetas y encontrar mi voz desde la libertad. Estoy en la búsqueda, no tengo una respuesta.

– ¿Su representante no le dice nada?

– Tengo mucha suerte porque es un hombre feminista. Cuando pasó lo de 'la Manada' me llamaban de muchos medios para entrevistarme. Y él me apoyó, si sientes que tienes que hacerlo, hazlo, me decía.

– Santiago Segura es productor de '¿Qué te juegas?' y tiene un pequeño papel. ¿A usted le gusta el humor de Torrente? El propio Segura admite que hoy tendría difícil rodar una nueva entrega.

– Solo he visto la primera. Yo creo que él podría rodar un nuevo capítulo, no hay censura, hay muchos cómicos haciendo ese tipo de humor. De lo que se trata es de incorporar otras voces al humor. Ya no nos hace tanta gracia lo de 'Encarna'. No se trata de ser políticamente correcto, sino de escuchar nuevas voces, como las chicas monologuistas, que tienen que aguantar todavía el salir al escenario y que les digan que enseñen las tetas. Hacen chistes sobre la masturbación, la regla, las pajas a los tíos... Son chistes que nunca nos han contado.

– No me ha contestado: ¿se ríe con Torrente?

– Vi la primera con 17 años... Me suena haber visto algún chiste gracioso en los tráilers. Santiago tiene sentido del humor.

– ¿Le preocupa que haya una involución en las políticas sobre violencia machista tras el 28 de abril?

– Los ciudadanos tenemos que ser responsables en ese momento de decisión de poner el voto en la urna. Hay unos derechos sociales mínimos a los que no debemos renunciar porque ha costado mucho conseguirlos. No podemos tolerar que desde discursos del odio y del miedo, de la exaltación y la emoción, nos hagan perder el foco. No podemos ir para atrás.

– ¿Se sabe algún chiste de feministas?

– Ser feminista es muy duro, porque el morado no pega con todo.