Enrique Urbizu y Carlos Gómez, autores del libro 'La caja de madera', en Bilbao. / Jordi Alemany

Lecciones de cine de Enrique Urbizu

«Si los chavales solo leen tuits, no podrán con dos páginas de Baroja», alerta el director bilbaíno, que presenta en Zinebi un manual de cine coescrito junto a Carlos Gómez

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Enrique Urbizu (Bilbao, 1962) lleva muchos años alternando su oficio de director con la enseñanza. Su experiencia en las aulas le ha servido para escribir junto al también profesor Carlos Gómez, que fue alumno suyo, 'La caja de madera. Estudios sobre puesta en escena cinematografica', un manual para cualquier lector interesado en el cine como lenguaje que este sábado presentaron sus autores en Zinebi acompañados de Joxean Fernández, director de Filmoteca vasca. La entidad de gestión de derechos audiovisuales DAMA, la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid (ECAM) y la revista 'Caimán-Cuadernos de Cine' editan un volumen concebido como libro de consulta que nos enseña que en las películas nada se deja al azar. Ese concepto etéreo e invisible de la puesta en escena resulta crucial.

«Se trata de intentar percibir una película no solo con el gusto, sino con el criterio», establece el autor de 'Todo por la pasta', que siempre habla de cine con sapiencia y vehemencia. «Todos los productos audiovisuales que consumimos tienen una puesta en escena, del Telediario a la misa del Papa. Nada es inocente, ni el color del fondo ni el volumen del sonido», ilustra. «El gusto lo tenemos todos, es como el culo, pero el criterio se basa en el conocimiento y la experiencia. El criterio se forma, se ensancha, está en discusión, entra en crisis… Si hablásemos del violín o de la cirugía sería más evidente la distinción entre gusto y criterio», compara el realizador, que asegura que en su formación fueron vitales las visitas al museo de Bellas Artes bilbaíno los domingos por la mañana junto a su aita. «Ahí me hice la mitad de cineasta».

'La caja de madera' analiza películas de autores consagrados como David W. Griffith, Jean Renoir, King Vidor, Jacques Tati y Stanley Kubrick para poner al descubierto las principales herramientas de la puesta en escena. También incluye un glosario de términos que sintetiza la experiencia del realizador bilbaíno, que debutó hace ya más de 30 años con 'Tu novia está loca'. Así, en un rodaje se recomienda «dormir bien, vestir ropa cómoda y ser educado con la gente». En el set «tienen que pasar cosas», pero la logística de producción debe estar perfectamente organizada. «La duda es buena, el titubeo es malo», establece Urbizu en una máxima perfectamente aplicable a la vida.

Urbizu y Gómez conciben su labor de enseñanza como una llamada a detenerse y a abrir los ojos en un tiempo que padecemos bulimia audiovisual. Las plataformas estrenan series sin cesar y existe una presión por verlas para participar del discurso sobre ellas en las redes sociales. El director de 'La caja 507' detecta «un desconocimiento sangrante» en alumnos que se han apuntado a una escuela de cine e ignoran a los grandes autores. Y eso que tienen la historia del cine a un golpe de clic. «A mayor acceso, menor conocimiento, es el síndrome de la nevera llena», apunta el cineasta, que define el presente como «un ciclo de fragmentación y ligereza, de rapidez en la emisión de los mensajes». «La capacidad lectora y de comprensión se reduce si los chavales solo leen tuits, no podrán con dos páginas de Baroja o con una película de Visconti».

Enrique Urbizu en el rodaje de la serie 'Libertad'.

Al ganador de seis Goyas con 'No habrá paz para los malvados', desvela, le han llegado a decir en un despacho que hoy no sería posible hacer 'Todos los hombres del presidente', que recuerda haber visto a los 14 años en el cine Astoria, porque los personajes hablan mucho. En estos tiempos de «aturdimiento y entretenimiento», en los que triunfan las películas de Marvel, Urbizu siente envidia de Francia, donde los planes de educación hace mucho que reservan un hueco para la formación audiovisual. «El otro día llevé a clase un cómic que tenía de hace 50 años de 'Los Vengadores', con el idiota con el martillo, es la misma cultura popular. En Canadá queman tebeos de Astérix y Tintín. Yo ya sabía cuando los leía de chaval que tenían tintes xenófobos, pero aquellos álbumes me abrieron al mundo. Mientras, dejamos que nuestros hijos vean 'El juego del calamar', la serie esa de chinos en chándal que se matan jugando con galletas. Normal que los chavales acaben a hostias en las discotecas».

-En la definición de director de cine asegura: si no te interesa la vida de tus vecinos, dedícate a otra cosa.

-Así es. La materia prima de las películas es la vida de la gente, si no te interesa, no vas a hacer cine en condiciones. Todo tu trabajo va a consistir en hablar de lo que le pasa a las personas: sentimientos, emociones, soledad, desamor… De eso vas a tener que hablar con tus actores y es lo que vas a tener que filmar.

-Llevamos mucho tiempo viendo películas que hablan de otras películas.

-La ola de postmodernidad todavía dura, con suerte quizá se amortigüe. Hay toda una generación que se ha educado bajo la influencia de Tarantino y sus seguidores. Puede ser muy perniciosa porque te ahorra conocer a los originales de los que se nutre Tarantino. Ahí hay que picar piedra y hablarles de Melville, Aldrich, Fuller… Es un cine sobre el cine que nunca me ha interesado demasiado.

-A lo mejor Tarantino también se les ha quedado antiguo a sus alumnos. ¿Cuáles son las referencias que manejan?

-No se les ha quedado viejo. No manejan muchas referencias… Hace cinco o seis años el cine asiático tenía mucho predicamento. Ahora se nota la presencia de las alumnas, están todas con 'Titane'… Pero no creo que sean influencias consolidadas. Son gente muy joven, salvo excepciones están abiertos y en búsqueda.

Enrique Urbizu y Carlos Gómez, autores de 'La caja de madera. Estudios sobre puesta en escena cinematográfica'.

-Otra frase del libro: en un cine la película nos controla, en casa nosotros controlamos a la película.

-Antes estaba el vídeo doméstico, pero ahora es todo más exagerado. Controlas cómo ves la película, dónde, en qué plazos, qué fragmentos, a qué velocidad… La posesión física de la película es total. Te ves una mitad en el metro y la otra al llegar a casa en dos pantallas distintas.

-Con el vídeo intentabas reproducir en casa la liturgia de una sala de cine.

-Sí. Hasta apagabas la luz…

«La materia prima de las películas es la vida de la gente, si no te interesan tus vecinos dedícate a otra cosa»

director de cine

«La puta pandemia está dejando una huella de asociabilidad. Si recuperamos cierta naturalidad en las relaciones se podrá volver a las salas»

regreso a las salas

-¿Cree que existe el peligro de que las series terminen por cambiar el lenguaje cinematográfico de las películas?

-Muy pocas series han innovado en el lenguaje cinematográfico, la gran mayoría tienen una realización muy plana. Ese peligro siempre ha existido. Habrá cine que parecerá una serie, pero también cine que se despegue. Por ahí fuera hay muchas cosas, mira el cine asiático, tan estimulante y variado. De repente llega un japonés que te cuenta una cosa sencillísima y lo peta. Lo que pasa es que luego dura una semana en cartel.

-El público adulto que iba a las salas no termina de volver.

-Dependerá de la puta pandemia, que está dejando una huella de asociabilidad, de cierta precaución que todos notamos en lo comunitario. Si recuperamos cierta naturalidad en las relaciones se podrá volver a las salas. Yo creo que el placer de ir al cine se va a mantener.

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Cine, Zinebi