Juan Piqueras.

La historia del crítico de cine que fue fusilado por el franquismo

'Los años imposibles', de Enrique Fibla Gutiérrez, recupera la memoria de Juan Piqueras, creador de la revista 'Nuestro cinema'

Boquerini .
BOQUERINI .

No es muy conocida la historia del crítico cinematográfico Juan Piqueras, creador de la revista 'Nuestro cinema', que fue fusilado en los primeros días de la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Ahora el libro 'Los años imposibles', de Enrique Fibla Gutiérrez, recupera su memoria.

Juan Piqueras Gutiérrez (Requena, Valencia, 1904 - ¿Venta de Baños?, Palencia, 1936), crítico, escritor, poeta e historiador de cine, fue una figura muy importante de la cultura española de los años de la República. Amigo de Luis Buñuel, con quien dirigió el cineclub de 'La Gaceta Literaria', fue ayudante de René Clair en 'A nous la liberté', creó en 1932 la revista 'Nuestro cinema', que alcanzaría un notable prestigio internacional, descrita por el erudito e historiador francés George Sadoul como «la publicación más importante sobre cine de los países capitalistas», en la que escribieron los grandes cineastas de la época, como Sergei Eisenstein, Pudovkin, Bela Balázs, Joris Ivens o Rene Clair. Piqueras publicó además en numerosos periódicos y revistas de la época, e incluso llegó a prologar una edición popular de 'La vida es sueño', de Calderón de la Barca.

En 1930 se casa en París con la aragonesa Catalina Ketty González, con la que tuvo un hijo, que siempre le ayudó en las traducciones y correcciones de textos, fue representante de la productora española Filmófono (en la que trabajó Luis Buñuel) en París, militó en el Partido Comunista de España en los años de la II República y en sus últimos años vivía entre París y Madrid.

A mediados de julio de 1936, Juan Piqueras deja su casa de París cargado con una maleta repleta de libros para visitar a un amigo en Oviedo. Ketty y su hijo se quedaron en París. Nunca se volverían a ver. Enfermo con una úlcera de estómago, debía cambiar de tren en Venta de Baños, lugar donde se cruzaban las líneas ferroviarias del Norte de España, pero su enfermedad no le daba tregua, por lo que tuvo que permanecer en la localidad palentina donde le visitó un médico que le recomendó reposo absoluto. Hospedado en la Fonda de la Estación, allí le sorprendió la sublevación militar del 18 de julio de 1936. Muy pocos días después sería sacado de la cama en pijama y fusilado por los sublevados sin ningún tipo de juicio. Su cuerpo permanece desaparecido, aunque se intuye dónde fue enterrado.

La portada del libro.

Su muerte se mantuvo oculta durante meses, pese a los esfuerzos de su mujer por saber de él, que viajó a la zona franquista en su busca (después tendría múltiples problemas para regresar a Francia, y hasta 1940, y gracias a un general franquista, no obtuvo el visado). Su muerte fue desvelada por el periódico francés 'L'Humanité', en una esquela junto al también asesinado Federico García Lorca en febrero de 1937. En los años 80, la Filmoteca de Valencia, a instancias de Ricardo Muñoz Suay, bautizó una de sus salas con su nombre, pero tras una reforma, se sustituyó sin ninguna explicación, por el de Luis García Berlanga.

En el libro 'Los años imposibles', Enrique Fibla (historiador, crítico y animador cultural, coordinador de debates en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona) repasa pormenorizadamente la vida y obra de Piqueras, encuadrándola dentro de los movimientos vanguardistas de los años 30 del pasado siglo, así como con paralelismos con la lucha por la libertad en otros lugares a lo largo del siglo XX.

El pintor Josep Renau realizó un retrato de grandes dimensiones de Juan Piqueras, que puede contemplarse actualmente en el interior del Ayuntamiento de Requena, donde una calle lleva su nombre. No estaría de más que en la Gala de los Goyas, de este sábado en Valencia, se reivindicase su nombre. Piqueras sigue siendo uno de los muchos desaparecidos enterrados en una cuneta. Su vida y sus escritos resultan hoy imprescindibles para saber de dónde venimos, y una de las reivindicaciones más sangrantes de nuestra memoria histórica.