Greta Fernández, durante el Festival de Cine de Berlín. / Afp

Greta Fernández: «Actuar delante de mi padre ha sido algo extraño»

Hija de Eduard Fernández, la actriz ha obtenido una Concha de Plata con su primer papel protagonista en 'La hija de un ladrón'

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

Greta Fernández (Barcelona, 1995) está pletórica y no lo esconde. «Creo que hemos hecho una película muy buena y eso pasa pocas veces», dice risueña. La actriz catalana estrena este viernes 'La hija de un ladrón', ópera prima de Belén Funes, en la que da vida a Sara, una madre soltera acostumbrada a la soledad que, tras una ausencia de varios años, tiene que afrontar la salida de su padre de la cárcel, un papel que ha recalado en su propio progenitor, Eduard Fernández. Su actuación le granjeó en el pasado Festival de Cine de San Sebastián su primera Concha de Plata.

-Tiene 24 años y ya ha conseguido una Concha de Plata. ¿Se le ha subido a la cabeza?

-¡Hala, no! Qué va. A mí para que se me suba algo a la cabeza...

-Pero el teléfono no habrá dejado de sonar.

-No me puedo quejar, la verdad, pero esto de que con los premios te cambia la vida, de momento no. También es verdad que aún no se ha estrenado la película y sé que tengo que esperar. A mí el galardón me da esperanza, porque creo que la película va a tener un recorrido distinto y eso está guay.

-¿Siempre tuvo claro que quería ser actriz?

 -Bueno, la cosa viene de que mi papá era actor y mi mamá escribía. Yo siempre escribí diarios y cuentos en casa pero sabía que era mucho más difícil publicar un cuento que ir a un 'casting', así que tonteaba con la idea de ser actriz. Pero creo que hasta hace relativamente poco no lo he tenido más claro. A ver, también es muy difícil, porque tu tienes una idea de la interpretación o de hacer películas que a veces no es del todo real. Yo veía películas que me fascinaban, pero poder acceder a hacer una película de ese rango no es nada fácil y no es una cosa que puedas escoger, o no siempre.

-¿Y cuáles eran esas películas?

-Pues a mí me encantan Haneke, Sorrentino o los hermanos Dardenne, y de pequeña me encantaba Tim Burton, imagínate, aunque ahora no es el tipo de película que me gusta ni me pega para hacer (ríe). Me encantaba el cine de fuera y también de aquí: Almodóvar, Amenábar, Trueba... Pero luego te das cuenta de que es difícil acceder a ese tipo de proyectos.

«Me encantan Haneke, Sorrentino o los hermanos Dardenne. De pequeña me gustaba mucho Tim Burton, aunque ahora no es el tipo de película que me gusta ni me pega hacer»

-¿Su padre le dio algún consejo?

-Mi padre confía mucho en mí y si a veces se asusta, es por protección, como cualquier padre. Me aconseja que no se me suban las cosas a la cabeza, que sepa que un premio no quiere decir nada, porque luego puedes pasarte un año entero sin trabajar, que tenga calma y paciencia y que escoja buenos proyectos.

-¿Cómo surge 'La hija de un ladrón'?

-Yo ya había participado en el cortometraje de Belén 'La inútil', en un papel enano. Nos entendimos mucho en aquel 'casting'. Y ella, al cabo de un tiempo, me dijo que tenía una película que llevaba escribiendo muchos años y que quería que la protagonizara. Me leí el guion y me pareció maravilloso. Sentí eso que te decía antes, que había encontrado un texto y una directora que tenían esos gustos que había estado buscando: un cine más minimalista, más de pausas que de acción, un cine que me recordaba al cine francés y que me hacía mucha ilusión rodar; era como el proyecto de mi vida. Le dije a Belén que me gustaría mucho que mi padre hiciese de mi padre. Ella ya lo había pensado, le dejamos leer el guion y le encantó.

-¿Qué le parece el resultado?

-Siento que no estaba equivocada y que sí que era un cine como el que a mí me gusta. Si no fuese yo la protagonista, estoy segura de que diría: «Jo, ojalá me hubieran dado a mí este papel porque qué maravilla».

-¿Cómo ha sido trabajar con su padre? ¿Había nervios?

-A mí que mi padre viera mi trabajo, mis series, mis películas, como ya estaba hecho, nunca me ha dado vergüenza. Pero actuar delante de él sí me la ha dado. Me ha venido bien esta película para quitarme de encima este miedo. A ver, que tengo 24 años y no llevo la carrera que tiene mi padre, tampoco pasa nada. La verdad es que en el rodaje nos entendimos muy bien. Había algo un poco extraño también, que no sé explicar, porque si le miraba, veía a mi padre de verdad, y hay escenas jodidas, pero no nos costó mucho.

Sara conversa con su padre, Manuel, en un fotograma de la película.

-¿Cómo encontró la voz de Sara? ¿Conoció a gente en situación desfavorecida?

-No hizo falta. Tenía a Belén, que era mi guía, sabía lo que quería contar y cómo. Me ayudaron mucho sus palabras. Me dijo que Sara era una mujer reactiva, muy distinta a mí, que reacciona a las cosas, que no se para a pensar y toda la parte física de la película era un plus para mí, porque me empujaba a tirar hacia delante y a no parar, porque si nos paramos, lloramos. Era una mezcla de tener el dolor y el llanto en pausa a lo largo de toda la película. Sara, en realidad, podría ser más feliz de lo que es. Vive en un buen piso, le cogen en un trabajo... La película no aprieta demasiado en ese sentido, pero claro quiere más cosas: quiere al padre de su bebé, que la quiere pero no quiere estar con ella. Además, me vi mucho 'Rosetta', de los hermanos Dardenne, que me fue muy bien para entender la actitud que quería Belén. Fue un proceso muy bonito.

-Si no se parece a Sara, ¿cómo se describiría usted?

-Al final, me dedico a meterme en la piel de otra gente, así que la empatía es un músculo que trabajo muchísimo y también trabajo mucho la parte emocional. Cuando veo a gente que reacciona a determinadas cosas de forma distinta pienso «¿cómo es que esta persona lo ve de otra manera?». Yo me puedo permitir el lujo de trabajarme a mí y de trabajar con las emociones, en el caso de Sara esto no es así. No se lo puede permitir y yo creo esto es una cuestión de clase. Yo tengo la suerte de que vivo bien y vivo de lo que trabajo y me puedo permitir este lujo. Yo sí me pregunto por qué todo. En ese sentido somos muy distintas.

«Yo me puedo permitir el lujo de trabajarme a mí y de trabajar con las emociones. Yo sí me pregunto por qué todo, pero mi personaje no puede y eso es una cuestión de clase»

-Ha sido un rodaje con mucha cámara en mano. ¿Ha habido espacio para la improvisación?

-La verdad es que no hemos improvisado mucho, quizá algunas pequeñas cosas, pero en general todo estaba en guion. Los diálogos estaban tan bien escritos y tan de verdad y eran tan realistas que no fue necesario añadir nada más. Belén escribe muy bien.

-¿Qué se lleva de esta experiencia?

-Es la primera vez que hago un protagonista absoluto y ha sido muy duro rodar esta película. Lo pasé muy mal porque eran muchas, muchas horas y es agotador. He aprendido lo que es un rodaje, no tenía tiempo para absolutamente nada más. Me llevo mucho aprendizaje también de trabajo de Belén. Su planteamiento de los personajes es algo que voy a utilizar durante mucho tiempo para preparar personajes por mí misma, tiene mucho sentido común y del proceso creativo que hicimos juntas creo que aprendí lo suficiente por si tengo que hacerlo sola en algún momento. Y me llevo también el creer que he hecho una película muy buena y eso me hace mucha ilusión porque se que eso pasa pocas veces (ríe).

-¿Cree que un personaje como Sara importa a los políticos?

-Ja, ja. A algunos quizá sí. A mí me gustan algunos. A mí me encantaría. La gente dice a menudo: «A mí no me representa ningún político». Hombre, a mí totalmente tampoco, es obvio. Pero no se trata de eso. Yo he invitado a Iñigo Errejón para que venga a ver el estreno, aquí en Madrid, y en Barcelona he invitado a Ada Colau y me gustaría mucho que algunos políticos vieran 'La hija de un ladrón' porque es un cine social muy bien contado. Si hay gente a la que una película así le puede tocar o ayudar, pues genial.

«Me encantaría que los políticos vieran 'La hija de un ladrón'. Si hay gente a la que una película así le puede tocar o ayudar, pues genial»

-¿Cómo está viviendo la situación en Barcelona?

-Vivo en Madrid desde hace un año y veo lo que ocurre allí con mucha pena. Me sorprende mucho también la reacción de la gente por Twitter, dice unas barbaridades... Y todo, sin informarse en absoluto, que es algo que me parece increíble. Los ciudadanos, por ejemplo, no leen los programas políticos y eso es una barbaridad. Y luego, cosas que dicen muchos de Vox que son mentira, se demuestra que lo son y a la gente le da igual, no le importa. Si no te importa que tus políticos te mientan y no compruebas que lo que dicen es mentira... Es todo muy loco y muy grave.