https://static.lasprovincias.es/www/menu/img/pantallas-desktop.png

Katia y Maurice Krafft murieron en la erupción del Unzen (Japón) en 1991.

'Fire of Love': Un amor volcánico que acabó sepultado en la lava

Un documental narra la historia del matrimonio Krafft, vulcanólogos que pagaron con su vida la pasión y el riesgo con los que concebían su oficio

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

«Si pudiera comer piedras no bajaría de los volcanes», afirma Maurice Krafft en un momento de 'Fire of Love'. Este geólogo francés y su mujer, la geoquímica Katia Krafft, formaron en los 70 y 80 una popular pareja dedicada a divulgar los volcanes a través de libros y apariciones televisivas. Un documental que llega este viernes a las salas españolas descubre la historia de amor que llevó a estos científicos a permanecer juntos hasta el final de sus días el 3 de junio de 1991, cuando fueron sepultados en una erupción del Unzen en Japón.

Como cuenta Katia Krafft, Maurice pesaba el doble que ella, así que siempre iba detrás de su marido; si le pasaba algo quería estar junto a él. Los Krafft se convirtieron en yonquis del riesgo, aproximándose a los cráteres como nadie había hecho hasta entonces. Las alucinantes imágenes de 'Fire of Love', premio al mejor montaje en el Festival de Sundance, fueron tomadas por estos vulcanólogos que decidieron no tener hijos para consagrar su vida a su pasión. La erupción del Nevado del Ruiz en Colombia, donde murieron 25.000 personas, provocó que redoblaran todos sus esfuerzos para entender los mecanismos por los que la Tierra explota periódicamente.

Una imagen de 'Fire of Love'.

La directora Sara Dosa otorga un toque 'arty' a esta producción de National Geographic que cuenta con Miranda July como narradora. Con sus gorritos rojos a lo Cousteau, los Krafft parecen a veces personajes de Wes Anderson. Fueron pioneros que se plantaban en mitad de una erupción en un '4 Latas' y que se conocieron en el agitado París de 1966. Les unió su amor por el Etna y el Estrómboli y su compromiso político. Pero poco después llegó el desencanto por el ser humano. Desde entonces recorrieron volcanes rojos, los de los mansos ríos de lava, y grises o explosivos, como el que los mató.