Woody Allen y Mia Farrow con su hijo Moses y la pequeña Dylan.

Mia Farrow condena a Woody Allen

Un sesgado documental que HBO estrena este lunes retrata al director como un pederasta con el objetivo de reabrir el caso por el presunto abuso sexual en 1992 a su hija de siete años

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Una cámara sobrevuela Central Park hasta detenerse en el hotel Plaza. Allí, Woody Allen, siempre remiso a hablar con periodistas, dio una rueda de prensa el 18 de agosto de 1992 para defenderse de las acusaciones de abuso sexual a su hija Dylan, que entonces tenía siete años. Su unión con Mia Farrow (nunca se casaron ni llegaron a vivir juntos) había saltado por los aires pocos meses antes cuando la actriz descubrió unas fotos eróticas -«propias de la revista 'Hustler'», según afirma- de su hija adoptiva de 20 años Soon-Yi tomadas por Allen. Las primeras imágenes del documental 'Allen v. Farrow', que HBO estrena en España este lunes, se introducen entonces en el idílico paisaje de Frog Hollow, la casa de campo en Connecticut donde ocurrió la presunta violación. Allí, la numerosa prole de la actriz (14 hijos entre biológicos y adoptados) ha estado en contacto con la naturaleza, mientras Allen, urbanita empedernido, solo iba de visita de vez en cuando.

Vídeo. Tráiler de 'Allen v. Farrow', que HBO estrena este lunes 22 de febrero.

«Me costó tanto aceptar que puedes amar a alguien y sentir miedo de él», confiesa Dylan Farrow, que hoy tiene 35 años y una niña de cuatro. Kirby Dick y Amy Zering, directores ganadores de dos Emmy y candidatos al Oscar gracias a 'La guerra invisible', documental sobre las violaciones en el Ejército estadounidense, dan la voz durante cuatro episodios de una hora a la hija del cineasta y a Mia Farrow. «Hay mucha desinformación en este caso, solo ha emergido la punta del iceberg», adelanta Dylan, que muestra fotos familiares de las que ha sido recortada la figura de Allen. Los vídeos domésticos revelan mansiones de ensueño y viajes a Venecia en jet privado. La primera vez que aparece el autor de 'Manhattan' es nadando en una piscina y abrazando a la pequeña Dylan. «Es culpa mía, yo traje a este tipo a mi familia», lamenta Mia Farrow. «Todo el mundo adora a Woody Allen, nadie podía creerlo. Yo no podía creerlo».

¿Es Woody Allen un pederasta o Mia Farrow miente y, movida por el rencor, ha hecho creer a su hija que fue violada por su padre? El documental renuncia a cualquier tipo de objetividad periodística y toma partido desde el principio por la exmujer de André Previn y Frank Sinatra. Un rótulo final informa que ni el director ni Soon-Yi (llevan juntos desde 1992, se casaron en 1997 y tienen dos hijos adoptados) han querido participar. Dick y Zering optan por incluir fragmentos del libro de memorias 'A propósito de nada' leídos por el propio realizador en la versión en audiolibro. Un volumen que Ronan Farrow, que tiene un contrato con HBO para la creación de documentales, logró que Hachette no publicara en Estados Unidos el año pasado. Poco importa que los jueces en dos investigaciones judiciales y los análisis médicos hayan concluido que no tocó a la niña. En la era del #MeToo, el autor de 'Annie Hall' ha visto cómo sus dos últimas películas no han conseguido distribución en su país, donde se ha convertido en un apestado.

Dylan Farrow y su madre, la actriz Mia Farrow.

El filme salta de los días felices en Elaine's, el bistrot neoyorquino en el que Michael Caine les presentó, a la obsesión que Allen sentía por la pequeña Dylan, colmándola de regalos y achuchándola sin pausa. Dos amigas de Mia Farrow y su hermana afirman haber sido testigos del acoso. «Siempre me estaba persiguiendo», recuerda Dylan, que también dibuja la incómoda imagen del pulgar de su padre metido en su boca. El documental asegura sin ninguna prueba que a los cinco años la niña fue a terapia por su timidez y que contó que guardaba «un secreto». También se afirma que Allen acudió a un psicólogo en 1990 porque su comportamiento con su hija era «inapropiadamente intenso», extremo que en el juicio por la custodia se concluyó que era mentira. El director es retratado como un enfermo al que, sin embargo, el mundo admira y venera. Dylan desvela que solo tuvo un novio en el instituto durante tres semanas y Farrow culpa al cineasta de no haber vuelto a trabajar como actriz en Estados Unidos. Tras el Globo de Oro de honor al director en 2014, Ronan Farrow logró que algunos actores renegaran de haber trabajado a sus órdenes. Penélope Cruz y Woody Allen aparecen dándole las gracias.

El retrato idílico de la familia Farrow en el filme también se detiene en la labor humanitaria de la actriz y la brillante carrera periodística de Ronan, el hombre que llevó a la cárcel al productor Harvey Weinstein. Faltan sin embargo los antecedentes familiares de la hija de John Farrow y Maureen O'Sullivan, que Allen describe en sus memorias: «De entre sus tres hermanos y sus tres hermanas, uno se suicidó, otro acabó en el manicomio y un tercero fue a prisión por molestar a los niños». Tampoco aparecen el maltrato y los castigos de Farrow a su prole, refrendados por su hijo Moses en una carta hace dos años. Una convivencia esquizoide que en nada se parece a la dibujada por Dylan y Ronan, el único hijo biológico de ambos nacido en 1987, que se quitó el nombre con el que fue bautizado, Satchel. Sin ir más lejos, Allen acusa a la actriz de dormir desnuda con Ronan hasta que el pequeño tuvo 11 años. «No sé qué dirían los antropólogos sobre eso, pero me imagino lo que dirían los muchachos en los billares», ironiza en 'A propósito de nada'. Y hace balance de manera brutal: «¿Cómo se entiende que dos de sus hijos adoptados se suicidaran, un tercero casi los imitara, mientras que otra hija murió de sida a los treinta años sola en un hospital en la mañana del día de Navidad?».

Pese a su falta de rigurosidad, 'Allen v. Farrow' ha logrado de manera capciosa volver a poner a los medios estadounidenses en contra del director, que busca financiación en Europa para su película número 51. Con Mia Farrow entregada a sus labores humanitarias en África, el rostro de Dylan Farrow no puede ocultar la tristeza pese a verla jugar con su niña en las últimas imágenes del documental. Ella aparece como la principal víctima de una guerra que dura ya casi treinta años.