Borrar
Las actrices Itziar Lazkano, Sofia Otero y Patricia López Arnaiz junto a la directora Estibaliz Urresola esta mañana en la Berlinale. Reuters
Estibaliz Urresola: «Quiero que el espectador sienta por lo que pasa una familia con una niña trans»

Estibaliz Urresola: «Quiero que el espectador sienta por lo que pasa una familia con una niña trans»

La directora alavesa compite por el Oso de Oro en la Berlinale con su ópera prima, '20.000 especies de abejas', «un canto a la diversidad de las identidades»

Miércoles, 22 de febrero 2023, 10:55

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

Estibaliz Urresola (Bilbao, 1984) es la primera directora española que compite por el Oso de Oro con una ópera prima. Si el año pasado Carla Simón conquistó la hazaña de vencer en la Berlinale con 'Alcarràs', en esta edición la directora de Llodio afincada en Hernani es la única presencia española en la sección oficial con '20.000 especies de abejas'. Patricia López Arnáiz, Itziar Lazkano y Ane Gabarain son los protagonistas del primer largometraje de Urresola, que estuvo nominada al Goya al mejor cortometraje por 'Cuerdas'.

Hablada en euskera, castellano y francés, la cinta sigue a una familia en trance de separación, que regresa en verano de Baiona, donde viven, a la casa materna en Llodio. El eje de la historia es la pequeña Cocó, que quiere que la llamen Lucía y no Aitor (Sofía Otero, una niña de nueve años de Basauri). La lucha por rearfirmar la identidad de una niña trans vertebra toda una trama rica en temas como los postergados sueños artísticos de la madre, la figura de un padre artista con una vida no muy ejemplar y las redes de sororidad que se establecen entre las tres generaciones de mujeres que componen un filme que puede hacer historia este sábado en la Berlinale. Después, '20.000 especies de abejas' competirá en el Festival de Málaga y se estrenará en cines el 21 de abril.

–El germen del guion es el suicidio en 2018 de Ekai Lersundi, un adolescente transexual de 16 años de Ondarroa, que estaba a la espera de un tratamiento hormonal que nunca llegó.

–Ekai escribió una carta que se publicó en los medios que me pareció triste y al mismo tiempo esperanzadora, si es que admite esperanza este trágico suceso. Tomó esa decisión para sacar a la superficie el sufrimiento que padecía y con la esperanza de que las generaciones que vinieran detrás de él encontraran un escenario más fácil y de mayor aceptación. Me agarré a su último deseo. La película llega cinco años después y la sociedad ha avanzado mucho en este tiempo en su comprensión de esa realidad. Yo también me he ido actualizando con respecto a cómo viven las familias con niños y niñas trans.

Vídeo. Tráiler de '20.000 especies de abejas'.

–Hay una emocionante película documental francesa, 'Una niña', que supongo que habrá tenido en cuenta. Muestra el sufrimiento de los pequeños y de sus familias.

–Me parece una película maravillosa, un documental extraordinariamente ejecutado de manera fílmica. Es muy valiosa porque te acerca a la comprensión desde la emoción. Accedes a esa familia y la mirada del espectador con prejuicios e ideas preconcebidas sobre el tema se desmonta. Se impone la urgencia del sentimiento y de la necesidad que muestran estos niños y niñas. Esa película ha sido una referencia evidente, quería conseguir por todos los medios que el espectador accediera a la dimensión íntima de esta familia. '20.000 especies de abejas' es una ficción, no un documental, pero comparte con 'Cuerdas' su naturalismo, la ausencia de dispositivos efectistas. Quiero que el espectador comprenda qué le sucede a esta familia desde un lugar que no sea meramente racional.

–Que la familia protagonista se traslade de Baiona a Llodio para pasar esos días de verano, que atraviese la frontera, no es gratuito.

– No. La frontera es geopolítica, divide un territorio en dos estados, es una cuestión casi binarista: el País Vasco que corresponde a Francia o a España. Ese binarismo sobrevuela toda la película, el mundo es dual: hombres-mujeres, bien-mal, día-noche, nosotros-vosotros. Todo está planteado en unas dicotomías irreconciliables, no puede existir la idea de continuum. Además, alrededor de una frontera siempre se reúnen distintos idiomas, que hablan a su vez de diferentes identidades culturales. La película es un canto a la diversidad de las identidades. Con todo, la principal frontera era simbólica, la que tiene que atravesar esta familia. Su límite mental se presenta al principio de la película y después se va desarrollando.

–'20.000 especies de abejas' es, ante todo, una película de mujeres. La figura del padre (Martxelo Rubio) está ausente casi hasta el final de la película.

–Este matrimonio se está separando. El padre avanza en cuestiones logísticas, como buscar dos casas, resuelve los aspectos materiales, mientras Ane (Patricia López Arnáiz) puede volver al pueblo a sacar adelante una escultura que le pueda proporcionar un trabajo estable como profesora en Baiona. Al estar separada necesitará una fuente de ingresos mayor de la que hasta ahora. Trabajé con los dos actores que eran una pareja que se separa, pero no se tira los trastos a la cabeza. Coopera aunque la relación está debilitada. Lo importante es que los críos estén en las mejores condiciones. El padre se queda un paso atrás porque me interesan explorar los avances del personaje de Lucía en la conquista de su propia identidad y en la madre, que se ve interpelada por esa realidad: qué ha hecho con su propia vida, qué ha dejado de hacer por haber experimentado la vida a través de su condición de mujer. He reunido a mujeres para hacer una reflexión más allá de lo trans sobre qué ha implicado la condición de mujer en las diferentes generaciones que muestro. Cómo ha operado en ellas como un ADN que se transmite el legado de vergüenza y pudor como un mecanismo de control.

Patricia López Arnáiz y Sofía Otero, madre e hija en el filme.

–También es importante la figura del padre de la protagonista, ya fallecido, un artista que no fue un marido fiel. Ahora está muy vivo el debate sobre si debemos separar al artista de la persona.

–Así es. Y la figura de Lita, su mujer, siempre a la sombra de ese padre, necesaria para que pueda prosperar y desarrollarse. Esa abuela encarna a esas grandes mujeres que ha habido detrás de esos grandes artistas, a las que no se ha reconocido su gran aporte. Hablo de tres generaciones de mujeres y también de tres generaciones de hombres. Un padre ausente y un abuelo muerto que están muy presentes. Y el hermano de Lucía, Eneko, que representa el futuro esperanzador de unas masculinidades que van a crecer en la medida en que forman parte de una sociedad en la que la mujer tiene el espacio que necesita por derecho propio y se abrazan otras identidades minoritarias como la trans. Cuanto más atrás nos vamos en el linaje de la familia, la figura masculina adquiere tintes más cuestionables.

–¿Cómo se logra esa naturalidad e intimidad en las escenas familiares?

–Ha habido muchísimos ensayos. Las actrices traen un componente humano, tanto Patricia López Arnáiz, como Ane Gabarain e Itziar Lazkano se han entregado con una generosidad que no es habitual. Para mí era muy importante crear un vínculo familiar, la cuestión de la piel con piel que hay en una familia, que no la puedes interpretar, solo sentir. Ensayamos muchas fórmulas: los niños solos por un lado, con la madre y el padre... Trabajamos escenas del pasado de esta familia, para que cuando vinieran al rodaje tuvieran frescura en las nuevas secuencias.

Estibaliz Urresola dirige a la pequeña Sofía Otero en el rodaje de '20.000 especies de abejas'.

–¿De dónde sale la niña Sofía Otero, que encarna a Aitor/Cocó/Lucía? ¿Tiene ocho años, como el personaje?

–Tiene nueve años y es de Basauri. Vino a la primera sesión de casting y me encontré a una niña maravillosa, inteligente, alegre y extrovertida. Nunca la vi como protagonista, sino como una de las niñas en una escena en la piscina. Pero demostró tanta capacidad para improvisar y entrar en el juego que después de ver más de quinientas niñas pensé en ella. Cocó soporta el 90% de la peli, no podía ser cualquiera.

Sofía Otero y Ane Gabarain, que encarna a la tía de la pequeña en la cinta.

–¿Qué espera del paso por la Berlinale?

–Que la película guste mucho. Es la primera vez que la comparto con la audiencia, la prueba de fuego. Estoy muy contenta del trabajo de todo el equipo y lo vamos a celebrar por todo lo alto. Espero que emocione y genere conversación y diálogo en torno al tema. Que ayude al espectador a ver esta realidad de una manera que nunca hubiera esperado encontrar.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios