Javier Rey y Blanca Suárez, en 'El verano que vivimos'. / Enrique Baro Ubach

'El verano que vivimos': una de amor originalmente contada

Protagonizada por Blanca Suárez, Javier Rey y Pablo Molinero, la cinta dirigida por Carlos Sedes parte de una estructura atractiva pero problemática

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

El vino y las tierras de Jerez son el leitmotiv de 'El verano que vivimos', una historia de amor corta y desgarradora que tiene en su desarrollo formal su gran valía, pero también un importante problema estructural. Dirigida por Carlos Sedes, curtido fundamentalmente en la ficción televisiva con títulos como 'Velvet', 'Alta mar', 'Las chicas del cable' o la estimable 'Fariña', la acción arranca cuando Isabel, una joven becaria, se presenta a mediados de los noventa en 'El Faro de Cantaloa', un periódico local, para realizar unas prácticas. Deseosa de empezar a escribir, su sueño se viene inicialmente abajo cuando le encargan llevar las esquelas del diario. Hasta que un buen día se topa con una de ellas, sin firmar, dedicada a una tal Lucía. Al tirar del hilo, descubre que el misterioso remitente todos los años envía una esquela similar en la que se adivina una historia de amor, amistad y traición que sucedió en las viñas de Jerez durante el verano de 1958.

Y ese es el argumento que nutre realmente la película. A través de un flashback, el espectador asiste a la historia de Gonzalo ( Javier Rey), un joven arquitecto que viaja a Jerez para proyectar la nueva bodega con el que su mejor amigo, Hernán ( Pablo Molinero) y su joven prometida, Lucía ( Blanca Suárez), van a celebrar su enlace, que supondrá la unión de las dos familias bodegueras. Pronto, los tres se verán envueltos en un triángulo de amor pasión y mentiras que va a trastocar sus vidas. Nada nuevo ni emocionante aquí. Es una historia sencilla y sin grandes pretensiones, con algún que otro giro interesante -y algún momento más bien torpe-, aunque es necesario apuntar que los tres actores convencen -Molinero, especialmente- y que formalmente tiene verdaderos hallazgos como la romántica secuencia de la playa o esa paliza en la bodega que adquiere una fuerza inusitada debido al plano fijo que apuntala las intenciones oscuras del verdugo.

'El verano que vivimos' habla de los grandes amores imposibles, de las espinitas clavadas y de lo dolorosa que acaba siendo la nostalgia para quien se queda a vivir en el pasado y lo hace con un trasfondo interesante y una estructura original. Pero precisamente es esa estructura la que tiene un punto problemático. A medida que Isabel va tirando del hilo y descubriendo lo que ocurrió en torno a las esquelas de los años anteriores, la historia en el pasado no deja de avanzar cuando lo más lógico sería que fuera hacia atrás o se contara de manera desordenada.

Blanca Suárez y Pablo Molinero, Lucía y Hernán, en 'El verano que vivimos'. / Enrique Baro Ubach

«Esta historia -señala Sedes- conecta con algunas historias de amor que más nos han emocionado como 'Los puentes de Madison'. Es una historia clásica, en dos tiempos. Una historia de personajes. Pero por encima de nos plantea si nuestra vida es la correcta. Si llegase un desconocido y en un muy poco tiempo nos hiciese sentir algo diferente o quizá olvidado, nos plantearíamos toda nuestra vida». Lamentablemente, la historia circunscrita a los noventa tiene menos garra y resulta evidente donde se han centrado los esfuerzos, si bien es cierto que hay un fondo de descubrimiento o redescubrimiento interesante y ameno.

Completan el reparto Carlos Cuevas, Guiomar Puerta, María Pedraza, el nominado al Goya Moreno Borjam la ganadora del Goya Adelfa Calvo, Manuel Morón, y el ganador del Goya Joaquín Nuñez.