El actor Eduardo Noriega fotografiado en la librería 8 y Medio de Madrid. / abraham blázquez garcía

Eduardo Noriega: «En vez de querer nuestra cultura, en España vetamos a un artista por sus ideas»

«La clase media del cine español está desapareciendo», lamenta el protagonista de 'Hache' y 'Los traductores'

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI Madrid

Eduardo Noriega (Santander, 1973) cuenta que últimamente se encuentra en los rodajes con gente que no había nacido cuando estrenó 'Tesis'. El protagonista de 'Hache' en Netflix reconoce que sigue prefiriendo el cine a las series. El 19 de marzo estrena en salas 'Los traductores', un thriller francés que presenta el mundillo literario como un juego de espías. El actor encarna a uno de los traductores contratado para trabajar en un best-seller internacional. Le acompañan Lambert Wilson y la exchica Bond Olga Kurylenko.

-'Los traductores' retrata el mundillo literario como si fuera un thriller de espías. A veces se nos olvida que es una industria que mueve cifras millonarias.

-Sí. Me gustó que la película hable del mundo de los libros, una excusa para la intriga. Cuenta qué hay detrás de los best sellers mundiales, muestra a editores ambiciosos y depravados, autores con seudónimo, negros… Y los traductores, que son siempre la parte invisible de este negocio. Ponerlos en el centro tenía cierta gracia.

-Son el eslabón más débil de la cadena.

-Hay un momento en el que el editor dice: «vosotros sois invisibles, vivís por poderes». Nadie se plantea cuando lee un libro que ese texto se ha traducido. Creo que la película funciona bastante bien. No tiene el típico ritmo trepidante de los thrillers, todo el mundo está siendo engañado por el de enfrente hasta el final.

Vídeo. Tráiler de 'Los traductores', que se estrena en cines el 19 de marzo.

-¿Fue idea suya la composición del personaje? Con gafas, asmático, tartamudo, con el brazo en cabestrillo…

-El tartamudeo ya venía en el guion, hasta aparecían las palabras en las que yo tartamudeaba. Le dije al director que tenía que ser algo instintivo. Le recordé que era un thriller: como tartamudee mucho esto se nos va. Había que marcar esa vulnerabilidad de un tipo hipocondríaco, aparentemente débil. Me hizo ilusión estar es un thriller y no hacer el típico personaje que suelen ofrecerme. El director me pidió una prueba, le envié un vídeo y le gustó. Además, era una gran producción francesa, nada que ver lamentablemente con el cine español, que tiene mucho que envidiar al francés.

-¿A qué se refiere?

-A capacidad de industria. En el cine español está desapareciendo la clase media, solo tenemos las tres o cuatro pelis grandes de los directores importantes y el resto están casi hechas con crowdfunding. Ahora mismo es muy difícil hacer una peli de autor con un presupuesto decente y con un mínimo recorrido en las salas. Mira 'A este lado del mundo', de David Trueba, una peli sencilla pero muy interesante. Sé que ha tenido dificultades para poderla estrenar. Ahora está en la web del director, es lamentable que no la vaya a ver nadie. Las plataformas deberían tener un hueco para ese tipo de cine, si no, vamos a acabar haciendo todos el mismo tipo de películas.

-La pandemia ha trastocado todo.

-Estamos viviendo un boom de las series, si no es serie no chuta. Intentas levantar un proyecto de cine y enseguida te dicen: ¿no has pensado hacerlo serie? Yo personalmente prefiero las pelis como espectador y como actor. Intento seguir yendo al cine y me gustan las historias concluyentes, la gran dificultad de un guion cinematográfico es desarrollar una historia y unos personajes y que eso concluya. Admiro mucho a los guionistas de series, por supuesto, hay títulos fabulosos. Pero ya me he aburrido del 'to be continued', siempre dejando abierta una nueva temporada. Hay algo hasta en las grandes series -'The Wire', 'Los Soprano'- que me aburre, llega un momento en que decaen.

-Usted fue pionero en buscarse las castañas fuera de España. ¿No había trabajo o le iba la aventura?

-Me va la aventura. He hecho marcianadas como 'Novo', en la que ni siquiera hablaba francés… Se dio así y me lancé. He tenido la suerte de trabajar en Francia, Estados Unidos y Latinoamérica. Eso me ha permitido mantener cierta estabilidad en mi carrera, si solo hubiese trabajado en España habría tenido desiertos tremendos. Me llena de orgullo formar parte de la industria francesa, aunque sea en una pequeña parte. Deberíamos imitarles en muchas cosas: distribución, promoción, exhibición… Y por supuesto en la admiración y respeto del público a sus cineastas franceses. Aquí lo vemos de otra forma.

-¿En qué sentido?

-Algo tan sencillo como admirar a un artista independientemente de lo que piense o diga. En España, como somos tan viscerales, le ponemos una cruz y le vetamos. No hay una base elemental de respeto y admiración a la gente que nos dedicamos a la cultura. Tampoco digo que nos tengan que adorar, simplemente querer su propia cultura y considerar nuestro cine como algo importante. Aquí somos subvencionados, peseteros, de la ceja. No tenemos que ver con la marca España. Si nos vamos atrás, sí se admira a Saura o Berlanga. Pero lo de ahora no lo ven como arte o cultura.

Eduardo Noriega en 'Los traductores'.

-Con los deportistas no pasa.

-Los deportistas en general no tienen una opinión, no se mojan a nivel político. Yo creo que independientemente de lo mal que me caigas puedo admirar cómo escribes o diriges. Debería ser así, y tomarnos el cine como un patrimonio cultural nuestro muy importante. En la pandemia me ha dado por ver cine antiguo, quizá porque nos permite una mayor evasión: de los años 20, 30… Me he recorrido el cine español y es fabuloso comprobar cómo está ahí la historia de España, para bien y para mal. Tiene que ver con nosotros. Deberíamos cuidar ese patrimonio.

-Ha trabajado con Sigourney Weaver, William Hurt, Schwarzenegger… ¿Se le ha caído algún mito?

-No. Rodar con Schwarzenegger era algo que no me creía. Y con Dennis Quaid, Forest Whitaker… He crecido con ellos, era como ponerte a jugar un partido con Messi. Imponen un poco al principio, pero son gente muy maja y profesional. Cada gesto que tienen contigo lo valoras como algo increíble. Schwarzenegger tiene que tener algo para proponerse metas tan extravagantes y lograrlas: Míster Universo, héroe del cine de acción en los 80 y 90, gobernador de California… Está Forest Whitaker, que es pura sensibilidad, que chapurreaba en español con los niños mejicanos, y Dennis Quaid, que ni sabía nada del cine español ni tenía por qué. «¡Este el actor de Alejandro Amenábar! ¡Este tío ha hecho 'Tesis' y 'Abre los ojos'!», le decía Whitaker. Y Quaid decía «¿what?». Las decepciones que me he llevado tienen más que ver con la idea que te haces en la cabeza, con tus expectativas. A veces me piden una foto por la calle y me dicen, qué majo, tal actor fue un borde y me la negó. Bueno, a lo mejor tenía mal día o no le entraste bien.

Eduardo Noriega en 'Tesis', 'En el punto de mira' y la serie de Netflix 'Hache'.

-¿Qué queda de aquel chaval de Santander que vino a Madrid con 19 años a buscarse la vida?

-Poco, ya soy un abuelo de 47 años… Hay algo que se ha mantenido sin especial esfuerzo por mi parte. Para mí era imposible que yo me dedicara a esto, pensaba que si me salía algún en papel en teatro hasta a lo mejor podía quedarme a vivir en Madrid. Siempre tenía el pálpito de volverme a Santander y buscarme las castañas en otra parte. Cada papel, hasta un casting para un corto en Hi-8 sin remunerar, lo vivía como si me hubiese tocado la lotería. Y resulta que entonces conozco a Alejandro Amenábar, Carlos Montero y Mateo Gil. Cada guion que me llega lo vivo como una alegría.

-¿Sigue viendo a Amenábar?

-Cada vez menos, ahora es una relación más adulta y seria. En aquella época estábamos todo el día juntos en Malasaña. Rodábamos un corto en un piso y dormíamos en el suelo.

«Estaba todo el día con Amenábar en Malasaña, rodábamos un corto en un piso y dormíamos en el suelo»

juventud

«Un día le pregunté la edad a la chica que me lleva en el coche en 'Hache'. Y no había nacido cuando se estrenó 'Tesis'»

madurez

-Se acerca a los 50.

-No me preocupa, pero soy consciente de ello. Yo he sido muy jovencito en los rodajes, y ahora soy de los mayores. En 'Hache', el director, el dire de foto y el productor son más jóvenes que yo. Un día le pregunté la edad a la chica que me lleva en el coche. Y no había nacido cuando se estrenó 'Tesis'. Hay que celebrar que estamos vivos, todavía tengo mucho recorrido como actor y, sobre todo, como ser humano. Tengo mucho margen de mejora y aspiro a ser cada vez mejor persona y a vivir con paz espiritual.

-¿En ese esfuerzo de ser mejor persona le ha ayudado ser padre de su niña de siete años?

-Ser padre te hace inevitablemente más empático. Yo ya no puedo ver una película en la que un niño lo pase mal. Aprendes a ser más paciente y piensas que no quieres pasar tus defectos a tu hija. Porque eres un espejo, ella te tiene como su referente, aunque dentro de muy poquito no será así. Intentas ser más responsable porque dejas huella cuando son muy moldeables. Yo espero ser un poco más consciente de mis torpezas.