Enrique Villarreal, 'El Drogas', en una imagen del documental.

El Drogas, al desnudo

El músico se sincera sobre su vida y su «asqueroso final» en Barricada en un apabullante documental que estrena el Festival de San Sebastián

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

'El Drogas' ya no es aquel heavy de pelo lacio y dentadura imposible al que adjudicaron el mote en La Txantrea a los 16 años, cuando su rostro rebosaba acné. Enrique Villarreal es un señor que cumplió 61 años el pasado 31 de agosto y que en los últimos tiempos cultiva una imagen de dandi canalla a lo Keith Richards, con pañuelos piratas, barba de chivo y gafitas de intelectual. La pena, confiesa, es que no pueda verle ahora su amigo Josetxo Ezponda, el líder de Los Bichos, que murió pobre y solo en la casa de su madre en Burlada a los 50 años. Él le convenció para que adoptara un aura glam y diera espectáculo en los conciertos.

'El Drogas' tiene dos nietos con los que se revuelca en el suelo, anda en bici, come sano, hace más de quince años que no se mete nada y todavía le duele su controvertida salida de Barricada hace casi una década. Es una estrella del rock respetada por todos y su música forma parte de la memoria sentimental de chavales hoy cuarentones y cincuentones, que admiran su autenticidad y siguen sintiendo un escalofrío cuando aúllan «¡Estás asustado, tu vida va en ello…!».

'El Drogas' protagoniza un apabullante y rendido documental del realizador navarro Natxo Leuza que se presentará en el Festival de San Sebastián antes de su estreno en salas el 25 de septiembre. Los fans de Barricada gozarán con las canciones, las imágenes de archivo inéditas y las confesiones de su carismático protagonista, que no esconde nada en el repaso a su vida, incluidas drogadicciones, ausencias como padre y su expulsión de la mítica banda pamplonesa. El resto descubrirá a un buen tipo que llora leyendo a Dulce Chacón, que se ha mantenido fiel a unos ideales en un negocio que corrompe y envilece y que, por fin, puede sonreír con la dentadura completa.

Si el año en que nacemos marca nuestro destino, 'El Drogas' vino al mundo en 1959, cuando Fidel Castro llegó al poder, Franco inauguró el Valle de los Caídos y se funda ETA. El músico se despierta en su cama y a un lado está Mamen, su «socia» desde hace 42 años, cuando ambos perdieron la virginidad en los sanfermines de 1978, en los que murió Germán Rodríguez por disparos de los 'grises'. Al otro lado de la cama, reposa su guitarra.

La madre con alzhéimer a la que Enrique cuida en las imágenes del documental tuvo la lucidez de no operarle de niño de uno de los ojos y no dejarlo tuerto. «Desde entonces camino torcido para ver la vida equilibrada», filosofa este orgulloso vecino de La Txantrea, La Txan, el barrio de aluvión de Pamplona al que llegó con dos años. La vida entonces se hacía en la calle, entre manifestaciones, descampados y bares. «Más que cuadrillas éramos bandas», precisa.

'El Drogas' se despierta en su cama junto su «socia» desde hace 42 años Mamen Irujo y su guitarra. El músico en otra imagen del documental y en una foto de juventud.

Entre las curiosas imágenes de la película figuran las del Drogas haciendo la mili en Berga en 1980, cuando ya da vueltas a la idea de formar Barricada, o la de su boda por lo civil con Mamen Irujo, que permanece a su lado desde los 15 años. «Era tan feo que su madre le preguntaba si le había conocido de noche», se escucha. Conservar el proyecto de vida que tenían y sus dos hijos, Araia y Gari, fue lo que les dio la energía para desintoxicarse juntos. «He probado casi todo lo que había en aquel momento», confiesa el músico, al que también «se le fue la olla» cuando Barricada llenaba estadios. Kutxi Romero, amigo del alma, le inoculó el amor por los libros. «A Enrique le salvó la literatura», asegura el líder de Marea.

Fito Cabrales, Christina Rosenvinge, Carlos Tarque y Rosendo alaban la coherencia de un letrista sensible y un músico poderoso idolatrado en los barrios de cualquier ciudad. «En Vallecas, Barricada eran dios», recuerda su productor Marino Goñi. También hay momentos amargos en este viaje por éxitos discográficos, contestación política y gramos de perica. La muerte del batería Mikel Astraín a los 24 años de un derrame cerebral y la expulsión de Barricada, «un final asqueroso», no empañan el optimismo y la energía que destila este recorrido biográfico en el que solo falta Boni, el exguitarrista de Barricada que se quedó sin voz por un cáncer de laringe. Una fotografía certifica su encuentro tras muchos años sin hablarse en el camerino de Rosendo. El propio Boni subió la foto a las redes sociales con una reflexión: «Merece la pena pasar por momentos tortuosos para llegar y vivir momentos tan enormes».

Boni y El Drogas se reconcilian tras años sin hablarse en el camerino de Rosendo durante el concierto de su gira de despedida en Pamplona.