Decenas de personas tratan de huir de una avalancha en el Love Parede de 2010. / Afp

Una década de la tragedia del Love Parade

Presentada en el festival In-Edit, una cinta recuerda la avalancha en la que murieron 21 jóvenes, dos de ellas españolas, y recoge el macrojuicio contra los organizadores del evento

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

«Vendremos mientras nos sea posible. Es el último lugar que pisó Clara y nos gusta imaginar que subió por la escalera y sobrevivió», dice Paco Zapater al borde de las lágrimas. Sus palabras resuenan en el memorial que se levantó en el lugar de la tragedia, bajo una inscripción, en distintos idiomas, en la que puede leerse: «El amor no acaba nunca». Allí, velas y flores, honran la memoria de su hija y de las otras veinte personas –de cada una hay una fotografía–, entre ellas otra tarraconense, Marta Acosta, que murieron aquel fatídico 23 de julio de 2010, justo cuando se disponían a disfrutar de una intensa jornada de música electrónica.

Fue el último Love Parade, una fiesta con acento marcadamente contracultural que había dado sus primeros pasos en el Berlín de 1989, pero que a finales de los noventa se había convertido en todo un festival, masivo y multitudinario, con cientos de djs, carrozas de fantasía y cientos de miles de asistentes que bailaban hasta altas horas de la madrugada. Aquel año, el evento recalaba en Duisburgo, una ciudad minera ubicada en la región de Ruhr, en un intento por renovar la imagen de la localidad. ¿El problema? Las dos entradas habilitadas para llegar hasta el recinto, ubicadas al este y al oeste, confluían en un túnel que había que recorrer para llegar a la rampa que daba acceso a la enorme explanada en la que se celebraría la fiesta. La enorme afluencia de personas obligaba a una anchura mínima en todo el recorrido de 60 metros. Sin embargo, había tramos en los que no se llegaba ni a los treinta. El atasco provocó histeria, pánico y desesperación y una avalancha que acabó con la vida de veintiún personas y más de 650 heridos.

Ahora, un documental titulado 'El caso Love Parade', que se ha presentado estos días en In-Edit, el Festival Internacional de Cine Documental Musical -esta vez la edición es online y está abierta a todo el mundo-, recuerda la tragedia y documenta el macrojuicio que se abrió en diciembre de 2017 contra seis funcionarios del Ayuntamiento, entre ellos el entonces concejal de Urbanismo, y cuatro personas de la empresa organizadora. Dirigido por Dominik Wesseley, la pieza da voz a testigos, peritos, víctimas, familiares, acusados, abogados, fiscalía e incluso el magistrado del tribunal, que reconstruyen pormenorizadamente lo que ocurrió durante las 184 sesiones que duró el juicio.

El trabajo periodístico en torno al proceso resulta riguroso y excelso, lanzando continuamente preguntas, respuestas y reflexiones. Pero hay también cierta asepsia en el acercamiento a la tragedia. Afortunadamente queda rota cuando la voz de los familiares se pone de relieve. «Clara siempre fue graciosa y muy bonita. Todo le hacía ilusión y siempre estaba con ganas de hacer cosas», recuerda su madre, Nuria Caminal, mientras muestra a cámara fotografías de la joven en diferentes etapas de su vida. Hiela la sangre saber que tres años después de la tragedia, unos operarios encontraron la cámara de fotos de la joven con las instantánea que había sacado minutos antes de morir.

Varias personas tratan de evacuar a una mujer. / Reuters

Un perito revela que el evento jamás debería haberse realizado y explica cómo cuando el miedo invadió a los asistentes, se crearon grupos de forma natural para buscar la mejor salida. Algunos treparon por un poste de luz, otros lograron subir por la angosta escalera. «El resto trataba de sobrevivir», se lamenta Manfred Bauknecht.Superviviente de la tragedia y uno de los demandantes, grabó el horror y el espanto en lo que algunos dieron en llamar «el mayor desastre jamás filmado». «Recuerdo que por el túnel í bamos tarareando el 'Seven Nation Army' de los White Stripes sin saber la que se nos venía encima», afirma quien luego fue consciente de que había entrado en aquella ratonera con personas que, unos minutos después, estaban muertas. La angustia y los gritos de desesperación de las imágenes que recogió contrastan con el silencio casi reconfortante del túnel cuando Bauknecht regresa para el documental. Desde la parte superior de aquella 'jaula', uno de los responsables policiales observaba sin poder hacer nada: «Parecía problemático, pero no fatal. Luego me di cuenta de que había estado viendo morir a gente».

Cuentan los padres de Clara que no supieron que su hija había muerto hasta el día siguiente. «Vimos lo que había sucedido y dijimos: 'Menos mal que nuestra hija no ha ido a ese concierto'». Al día siguiente recibieron la terrible noticia. Para ambos, el proceso ya empezó mal, pues los que a su juicio eran los máximos responsables –el alcalde, el concejal de Orden, y el responsable del Love Parade, Rainer Schaller– solo acudían como testigos. Siete de los acusados aceptaron pagar una multa de 10.000 euros y quedaron en libertad sin cargos penales. Para los otros tres, el caso quedó sobreseído el 4 de mayo de 2020 en parte por el coronavirus, en parte porque la Fiscalía entendía que la culpa de los acusados era «limitada» y que continuar con el juicio no era proporcional. «Identificar a un villano como ocurre en las películas de catástrofes no fue posible», asegura Mario Plein, el magistrado. Los padres de Clara llevarán el caso a Estrasburgo.