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Paz Vega y Paz Padilla, en un fotograma de la película.

Crítica de 'A todo tren 2': más de lo mismo pero con mejor ritmo

Santiago Segura cede la silla de director a Inés de León para la segunda entrega de su otra aventura familiar, que esta vez protagonizan Paz Vega y Paz Padilla

Iker Cortés
IKER CORTÉS Madrid

'A todo tren: destino Asturias' (2021) confirmó que lo de Santiago Segura con el cine familiar es todo un idilio que dura ya cinco películas, las que ha estrenado desde que en 2019 reventara la taquilla con 'Padre no hay más que uno'. A tiempo para la temporada navideña, llega ahora 'A todo tren 2: sí, les ha vuelto a ocurrir', una segunda parte escrita de nuevo por Santiago Segura y Marta González de Vega, pero en la que el padre de Torrente ha decidido ceder los bártulos a la actriz y directoria Inés de León, que además tiene un papel en la película. Y resulta extraño porque el papel de Segura en esta ocasión es casi testimonial. El suyo y el de Leo Harlem. Porque ahora, además del grupo de niños, son Paz Vega y Paz Padilla las protagonistas -no en vano, la película iba a llevar por subtítulo 'Ahora son ellas'- de un filme que, en la tradición de cintas como 'Solo en casa' y sus secuelas, repite paso por paso el esquema de la cinta anterior.

Ha pasado un año desde que Ricardo (Segura) y Felipe (Leo Harlem), responsables de llevar a los pequeños a un campamento de verano, perdieron el tren a Asturias en un descuido mientras la chavalada estaba dentro del vagón. Esta vez, los niños deben llegar a Perpiñán y, desde allí, tomar un autobús hacia el nuevo campamento. Debido a lo que ocurrió, Clara (Paz Vega), la madre de dos de los pequeños, desconfía de Ricardo y Felipe y toma la decisión de viajar junto a los niños con ayuda de Susana (Paz Padilla), madre de otro de los pequeños y del adolescente al que da vida Diego Arroba, más conocido como 'El Cejas', encandilada con la astrología. Los cuatro se encuentran en la estación, momento que la cinta utiliza para recordar, de forma quizá innecesaria y con un montaje un poco burdo de secuencias aceleradas, qué pasó en la anterior entrega.

Tras leer la cartilla al padre y al abuelo, Clara y Susana entran en el vagón dispuestas a organizarlo todo. Clara, autoritaria y firme, impone una serie de reglas a los chavales, mientras Susana, más expansiva y alocada, se echa unas risas con cada frase. Las cosas se complican cuando el hermano de Fernandito, el nuevo pipiolo del grupo, sale del tren poco antes de que este parta. Las dos salen corriendo a por el pequeño, pero cuando están a punto de lograr meterlo en el tren, el convoy sale una vez más con los pequeños dentro y sin adultos al cargo.

Un fotograma de la película.

A partir de ahí, el largometraje avanza con mejor ritmo que su precuela en torno a dos tramas: por un lado, la de los chavales en el interior del tren, donde se reencontrarán con Felipe (Florentino Fernández), el revisor que acabó enloquecido con las travesuras de los infantes. Su interpretación, llena de comicidad, vuelve a ser de lo mejor en este arco argumental que se asemeja al de una sencilla historia de espías con Carlos Iglesias, atado literalmente a un misterioso maletín, y Ramón Langa como protagonistas. Por el otro, la de Clara y Susana, que tomarán un avión para tratar de llegar a tiempo a Barcelona. En el ajetreado periplo, se toparán con una novia a punto de casarse (Inés de León), un autobús lleno de ancianos -el momento zombi es de lo más hilarante de la película- y hasta a Kerem Bürsin, protagonista de telenovelas turcas como 'En el corazón de la ciudad' o 'Love is in the Air', en un simpático cameo.

En definitiva, una película familiar que toca temas como los prejuicios, las falsas apariencias, que no arriesga en demasía pero que será una de las opciones más elegidas de cara a estas fechas navideñas.