Una imagen de 'Las cosas que decimos, las cosas que hacemos'.

La complejidad del amor

El realizador francés Emmanuel Mouret propone en 'Las cosas que decimos, las cosas que hacemos' un viaje emocional lleno de recovecos

Borja Crespo
BORJA CRESPO

En 'El arte de amar', Emmanuel Mouret –director, actor y guionista- hablaba de ese instante en el cual el ser humano se enamora y escucha una música particular. «Para cada cual es diferente, y puede sobrevenirnos cuando menos lo esperamos», apuntaba durante la promoción de esta comedia romántica anterior a 'Las cosas que decimos, las cosas que hacemos', su última propuesta, ya disponible en la cartelera. El azar provoca conflictos emocionales inesperados en la filmografía del cineasta galo, acostumbrado a tratar crisis sentimentales y explorar la infidelidad, el deseo, la pasión, el desengaño o la traición. Esta vez presenta a una mujer, embarazada de tres meses, de vacaciones en la campiña francesa, que acoge en casa durante unos días al primo de su pareja, ausente por motivos de trabajo.

Vídeo. Tráiler de 'Las cosas que decimos, las cosas que hacemos'.

A la espera del regreso del familiar en común, se cuentan sus experiencias emocionales, abriendo las puertas de la amistad. Seleccionada en Cannes, ganadora del premio Lumière a la mejor película del año, a competición en el Festival de Gijón del pasado año, le llovieron las nominaciones en los premios César. Un total de trece, incluyendo mejor película, director y varios intérpretes del reparto, encabezado por Camélia Jordana ('Curiosa') y Niels Schneider ('El reflejo de Sybil'). Émilie Dequenne ('Nos vemos allá arriba') se alzó con el César a la mejor actriz secundaria.

Mouret, responsable del guión y la dirección de 'Las cosas que decimos, las cosas que hacemos', suele anotar en libretas lo que se le pasa por la cabeza. A veces simples situaciones o principios de relatos. Para escribir sus historias suele recurrir a esas notas, algunas recientes y otras que se remontan a años atrás. «Mis personajes pretenden ser libres y quieren satisfacer sus deseos con total transparencia», relata sobre sus obsesiones como creador. «Es algo que me divierte y me fascina. Me permite, sobre todo, examinar nuestras costumbres actuales y, como quien no quiere la cosa, plantear cuestiones morales, sin que lleguen a ser nunca moralizadoras». Lo que no suele faltar es cierto humor en sus obras, dedicadas a la disección de las cosas del querer. «A menudo se dice que una historia trata sobre alguien que tiene un deseo y que encuentra un obstáculo», continúa. «Más bien, creo que para que haya una historia interesante, un personaje debe tener dos deseos irreconciliables. Ahí está el obstáculo. Y es por eso que algunas historias de amor se vuelven fascinantes, porque hay dos deseos que no se pueden conciliar, como en esta película, el deseo por el primo de tu pareja y el deseo de ser una buena persona».

'Las cosas que decimos, las cosas que hacemos'.

«Quería un lienzo sentimental donde pudieran convivir historias ligeras y más serias y quería que todo llevara a un final que, en cierto sentido, las englobe a todas haciéndolas resonar», asevera Mouret. «Una especie de pequeño concierto de resonancias. Quería una estructura en forma de embudo donde las diferentes historias se condensaran repentinamente en una». Como ya demuestra su trayectoria, le gustan las historias dentro de las historias. «Las amo», recalca. «Cuando dos personas se encuentran, a menudo se cuentan historias personales, y la narración de estas historias puede crear otras nuevas. Esto es lo que les ocurre a los protagonistas. Cuando escribía, era muy emocionante pasar de una historia a otra. Quería hacer una película que fuera a la vez muy divertida y muy sentimental».

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