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Luis Zahera sobrecoge en cada una de sus apariciones como el amenazante paisano de 'As bestas'.

Por qué 'As bestas' es la película española del año

Rodrigo Sorogoyen deslumbra con un western moderno ambientado en Galicia que habla de xenofobia, ecologismo y amor a la tierra, un ejercicio de tensión complejo llamado a ganar muchos Goyas

Oskar Belategui
OSKAR BELATEGUI

Rodrigo Sorogoyen arranca su nuevo peliculón con las hipnóticas imágenes de hombres aferrados a caballos hasta hacerlos caer. Es la 'rapa das bestas', la lucha entre el endémico caballo salvaje de los montes gallegos y los 'aloitadores', que derriban a los equinos para cortarles la crin, desparasitarlos y marcarlos antes de devolverlos a su medio natural.

Es un prólogo para advertir que vamos a asistir a algo telúrico, ancestral. A un combate entre dos maneras de entender el mundo en un pequeño rincón de la Galicia interior. Tradición frente a modernidad, lo rural frente a lo urbano, la depredación frente a lo sostenible. Rodrigo Sorogoyen y su guionista Isabel Peña nos reservan varias sorpresas. 'As bestas', en los cines desde el 11 de noviembre, no es 'Perros de paja' a la gallega, con una pareja de franceses que se han instalado en una aldea para hacer realidad su sueño de una Arcadia ecológica.

Cultivan la tierra y restauran casas que nadie quiere porque acabaron hartos de la gran ciudad. Saben lo que hacen. El físico poderoso del actor Denis Ménochet, que en su juventud fue skater y se mueve con agilidad, logra que no le veamos como una pobre víctima frente a los dos hermanos que tiene como vecinos, colmados de odio hacia el recién llegado. ¿El motivo? Los parques eólicos que liberan a los paisanos de trabajar las tierras y el ganado. Los bosques de gigantescos molinos que el Quijote de esta historia combate desde la dignidad y la paciencia.

Diego Anido en 'As bestas'.

'As bestas' es, ante todo, un brillantísimo ejercicio de tensión, un crescendo a base de miradas, gestos y conversaciones en el bar del pueblo que solo pueden desembocar en violencia. Luis Zahera, al que muchos descubrimos como el Releches de 'Celda 211', sobrecoge en cada una de sus apariciones. Resulta imposible apartar la vista cada vez que humilla y amenaza a su vecino francés. Sin embargo, el director logra en un momento dado que hasta comprendamos la razón de su inquina y sintamos algo parecido a la empatía. Tal como ocurría con los políticos corruptos de 'El reino' y con los policías desbordados de la serie 'Antidisturbios', en el cine de Sorogoyen todos los personajes son grises y con aristas. Hasta quien parece el villano tiene sus razones.

Lucha de clases

'As bestas' se inspira en un crimen real acaecido en una aldea de Orense en 2010. A Sorogoyen y Peña les intrigó que la mujer del holandés al que asesinaron dos hermanos por asuntos de derechos sobre montes comunales decidiera quedarse en un lugar que no era el suyo y donde le hacían la vida imposible. ¿La tierra es del que nace en ella o del que la trabaja y la ama?

Al igual que ocurría en 'Alcarràs', donde las placas solares reemplazaban los melocotoneros, la vida y la economía rural es más compleja de lo que presuponen nuestros prejuicios urbanitas. Nuestra buena conciencia ecologista puede ser desbaratada por quien se se siente encadenado a una explotación agrícola y ganadera desde su nacimiento. La lucha de clases también se dirime en el campo.

Denis Ménochet y Marina Foïs en 'As bestas'.

Otro peligro que esquiva 'As bestas' es limitarla a una cinta de machos que recurren a la violencia. Sin desvelar spoilers, un giro de guion consigue que en un momento dado el protagonismo pase de los hombres a las mujeres, siempre más inteligentes y conciliadoras. El que era un personaje secundario pasa a ser protagonista y la película se cuenta desde su punto de vista.

Marina Foïs encarna la dignidad de una madre coraje en esta cinta portentosamente escrita y dirigida, un western moderno en el que hay hasta un duelo y en la que todos los actores deslumbran (atención a Diego Anido, el hermano 'tonto' de Luis Zahera). 'As bestas', que en Francia ya han devorado casi medio millón de espectadores, nos interpela: ¿quién es la bestia y quiénes los 'aloitadores'?