Vidas de santos

Los políticos son la avispa asiática de la literatura y si les dejamos campo libre pueden acabar arruinando un ecosistema tan frágil

Pío García
PÍO GARCÍA Logroño

Estoy reclutando una guerrilla ecológica para secuestrar de las librerías las autobiografías de políticos y montar con ellas una hoguera en la plaza mayor. Esta gente no se contenta con darnos la brasa en los telediarios y en las tertulias, sino que además pretende contarnos impunemente su vida, con lo pasada de moda que está ya la autoficción. Los políticos son la avispa asiática de la literatura y si les dejamos campo libre pueden acabar arruinando un ecosistema tan frágil. Yo me leí el 'Manual de resistencia' por prurito profesional y para ver cómo Sánchez despellejaba a sus compañeros de partido, pero por desgracia aquel pestiño no era ni Churchill ni Coto Matamoros. Luego fueron cayendo inexorablemente Rajoy, Cayetana, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, Mónica García... ¡Mónica García! Si no detenemos este frenesí, en la próxima feria del libro podemos encontrarnos en todos los expositores las memorias del concejal de Saneamiento y Alcantarillado de Tomelloso, mecánico y padre, ponderando lo mucho que le ha costado llegar adonde está.

Es como si de pronto se hubieran vuelto a poner de moda las vidas de santos. El esquema es idéntico: personas de insólitas virtudes luchando con impar heroísmo en un entorno hostil. Yo, de todos modos, prefiero las vidas de santos originales porque al menos tenían un puntito gore muy entretenido, con hachazos, lapidaciones, freimientos a la parrilla o amputaciones de tetas a la brava. Compáreme usted el caso de san Erasmo de Formia, al que los romanos primero le metieron clavos bajo las uñas y luego le sacaron los intestinos con un cabrestante, con el de Mariano Rajoy, al que un día le hicieron una moción de censura y se fue al bar.