ILUSTRACIÓN Gustavo Magalhães / Artistique int. agency

Los terroristas del 11-S y España

Al Qaeda se encuentra hoy mucho más extendida y el mando general ha pedido a sus partidarios que se preparen para un nuevo estadio de la contienda contra Occidente

Fernando Reinares
FERNANDO REINARES

Es la primera vez que lo revelo por escrito, pero estos momentos en que, veinte años después, se vuelve la mirada hacia los atentados de Nueva York y Washington son particularmente oportunos para hacerlo. El caso es que tres semanas antes del 11-S se produjo en la ciudad estadounidense de Minneapolis, en el estado de Minnesota, un hecho que bien pudo haber conducido a impedir la ejecución de esos actos de terrorismo. Un hecho que con el tiempo ha permitido, además, poner de manifiesto que la trama de yihadistas implicados en su preparación y ejecución tenían importantes contactos en España.

El 16 de agosto de 2001 agentes del Federal Bureau of Investigation (FBI) detuvieron en un hotel de Minneapolis a un individuo de origen marroquí y nacionalidad francesa, de 32 años, llamado Zacarias Moussaoui, quien estaba siguiendo un curso de entrenamiento para pilotos de aeronaves comerciales mediante simulador de vuelo en la cercana sede de la Pan Am Flight Academy. Moussaoui llevaba casi medio año en Estados Unidos y durante tres meses había tomado ya clases de pilotaje en la Airman Flight School de Norman, en Oklahoma. Un instructor de la Pan Am Flight Academy había contactado con el FBI por considerar extraño y sospechoso el comportamiento de Moussaoui, quien solo estaba interesado en despegues y aterrizajes además de haber abonado en metálico los casi nueve mil dólares de la matrícula.

Moussaoui fue inculpado por violar leyes de inmigración, pero el FBI de Minneapolis constató que antes de llegar a Estados Unidos estuvo en Pakistán y valoró la posibilidad de que estuviera adiestrándose como piloto para cometer un atentado, por lo cual pidió a la sede central del FBI una solicitud de autorización judicial para investigar el ordenador portátil que le fue intervenido. Las oficinas centrales del FBI se negaron. Mientras se tramitaba la deportación de Moussaoui ocurrió el 11-S. Este mismo día, la autorización fue concedida. Los contenidos del ordenador permitieron enjuiciar y condenar a Moussaoui en relación con la conspiración del 11-S, aunque todo indica que finalmente iba a participar como piloto suicida en una segunda oleada de atentados –no llegaron a producirse— a cargo de miembros de Al Qaeda con pasaportes occidentales.

Moussaoui, en efecto, había recibido adiestramiento terrorista durante 1998 en uno de los campos con que Al Qaeda contaba entonces para ello en Afganistán y estuvo en Pakistán desde diciembre de 2000 hasta febrero de 2001, permaneciendo unos quince días en el Reino Unido antes de entrar en Estados Unidos. Al llegar al país declaró 35.000 dólares en metálico, pero una vez en el mismo recibió más dinero que desde Hamburgo le hizo llegar Ramzi Binalshibh, yemení y uno de los integrantes de la célula que Al Qaeda había establecido en esa ciudad alemana, cuyos miembros prepararon y ejecutaron el 11-S. Y un detalle más: un responsable de la mezquita de Oklahoma a la que acudió mientras aprendía a volar en la Airman Flight School de Norman reveló que allí era conocido por el nombre de Shakur.

El 27 de agosto de 2001, un ciudadano español de origen sirio y residente en Madrid, Imad Eddin Barakat Yarkas, conocido como Abu Dahdah, recibió en su móvil la llamada de un individuo que, como Moussaoui, se hacía llamar Shakur y en el pasado había vivido algún tiempo en Granada. Este individuo, que hablaba con acento magrebí, mencionó a su interlocutor que estaba siguiendo ciertas clases y entre risas de ambos mencionó subrepticiamente que «hemos entrado en el campo de la aviación». Moussaoui lo había hecho asistiendo a dos escuelas para pilotos. El directorio de Al Qaeda lo había hecho al planear el 11-S. En suma, el Shakur con quien habló Abu Dahdah era Zacarias Moussaoui y no, como se ha pensado hasta ahora, otro individuo de origen igualmente marroquí afincado en el Reino Unido.

Abu Dahdah, por su parte, era el líder de la célula que Al Qaeda había establecido en España en 1994. Moussaoui no fue su único nexo con los terroristas del 11-S. Los principales integrantes de la célula de Hamburgo tenían el número de teléfono de su domicilio en Madrid. Más aún, su cabecilla, el egipcio Mohamed Atta, llegó a Madrid en un vuelo procedente de Miami el 8 de julio de 2001, permaneciendo en España hasta que el 19 del mismo mes regresó a Estados Unidos. Mientras tanto, Atta y el ya mencionado Binalshibh se reunieron, para ultimar los detalles del 11-S, entre las localidades tarraconenses de Salou y Cambrils. Este encuentro lo facilitó Amer Azizi, marroquí residente también en Madrid que entonces era segundo en rango dentro de la célula de Abu Dahdah.

El 16 de agosto de 2001 el FBI detuvo a Moussaoui, quien estaba recibiendo clases de pilotaje

La evidencia de las conexiones que existieron entre la célula de Hamburgo responsable del 11-S y la célula de Abu Dahdah llevó a las autoridades españolas a ordenar el desmantelamiento de esta última. Así, en noviembre de 2001 se puso en marcha la 'operación Dátil', la más transcendental intervención policial contra el terrorismo yihadista en España hasta entonces y la mayor en Europa contra Al Qaeda tras el 11-S. Todos los miembros del núcleo central de la célula fueron detenidos, salvo uno: Azizi. También fueron detenidos la mayoría de los demás integrantes de la célula, pero no todos. A partir de quienes no fueron detenidos –incluyendo Serhane ben Abdelmajid Fakhet, Said Berraj y Jamal Zougam– se inició la red que ejecutó la matanza del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

Entre el 11-S y el 11-M transcurrieron exactamente novecientos once días, lo que nos remite al 9/11 según el modo de datar propio de los estadounidenses para referirse a los atentados en Nueva York y Washington. Veinte años después de estos últimos, planificados por Al Qaeda desde Afganistán, esa estructura yihadista global se encuentra mucho más extendida que entonces y el mando general de la misma, espoleado por el éxito de los talibanes, ha pedido a sus partidarios que se preparen para un nuevo estadio de la contienda contra Occidente. Partidarios con los que sigue contando en España.

Los contenidos de este artículo se basan, entre otras fuentes, en la documentación incluida en las dos siguientes: United States District Court, Eastern District Virginia, Alexandria Division, United States v. Zacarias Moussaoui, Criminal no. 01-455-A (2002) y Audiencia Nacional, Juzgado de Instrucción núm. 5, Sumario 35 (2001).

Temas

11-S