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Los santos culpables

Los santos culpables

A la ultima ·

Domingo, 31 de octubre 2021, 23:11

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Tras la noche de las brujas –con sus disfraces repetidos, su oscuridad anticipada, sus dulces de calabaza y su cuarto menguante–, el sol se alza de nuevo para dar paso al primero de noviembre, una de las jornadas festivas más tristes de todo el calendario: el Día de Todos los Santos. Si he de ser sincera, y parafraseando a Terele Pávez en Zugarramurdi, a mí las brujas no me dan miedo. A mí los que me dan miedo son los santos. Todos los santos, toditos sin excepción, provocan en mí un conato de terror; pero de entre todos ellos, los que más miedo me dan –parafraseando también el título de una de sus mejores películas– son los santos culpables. O, por lo menos, esos santos culpables que intentan dárselas de inocentes.

Me da miedo San Zuckeberg Tadeo, patrón de las causas imposibles, que con tanto metaverso, tanta conectividad y tanta realidad virtual es capaz de hacer crecer cada día un negocio cimentado sobre la epidemia de la soledad. También me aterroriza San Juan Carlos I de Padua, patrón de las cosas perdidas –y de cuatro o cinco yates–: si fue capaz de ocultar tantos millones en paraísos fiscales sin que nadie los encontrase durante años, cualquiera le pide que se haga cargo de las llaves del apartamento veraniego. Pero quienes menos me gustan son los seguidores de Judas Iscariote, patrón oficioso de traidores, hipócritas y mentirosos, aunque de estos siempre ha estado lleno el camposanto de los vivos. Sin ir más lejos, a los que celebran la expulsión del hemiciclo de Alberto Rodríguez pero todavía no tienen claro quién puede hallarse tras el apodo de M. Rajoy, les recomiendo que le echen un tiento a Santa Lucía, patrona de los ciegos, a ver si al fin les devuelve la vista.

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