Cuentos Chinos

Renovarse o morir en turismo

02/08/2019

Lega agosto, el mes estrella del verano, la época en la que, por ejemplo, la mayoría de funcionarios de todo el Estado dejan sus trabajos para ponerse el bañador o lo que sea, pero bien lejos de sus respectivas oficinas. Agosto es el mes de la panza de burro en Las Palmas de Gran Canaria, el de los cientos de niños gritando y tirando arena en todas las playas de nuestra geografía y el de la Rama, el Charco, la Vará del Pescao, las Fiestas de San Ginés o las de Buen Viaje en El Cotillo.

Si queremos seguir siendo punteros, es momento para que el empresario invierta todo lo que ha ganado en épocas de bonanza, en mejorar su oferta.

El verano es bienvenido aunque este año, los datos de llegada de visitantes son preocupantes. Mientras la temporada arrancó con una subida media de foráneos llegados a España, aquí las cifras son a la baja. Sin ir más lejos, en junio llegaron a España 8,8 millones de extranjeros, un 3,2% más que en el mismo mes de 2018 con Cataluña liderando el ranquin con 2,15 millones y otras comunidades como Madrid, que disparan su estadística un 14,9%. Pero esta tendencia a la alza choca con las que siempre han liderado las estadísticas, es decir, Canarias y Baleares. Las mediterráneas recibieron 2,06 millones de visitantes, un 2,6% menos que en 2018, mientras que las atlánticas encabezan el listado de regiones que más nota el descenso con una pérdida del 7% interanual –931.810 visitantes–. Aunque este «solo» tiene matices puesto que venimos de épocas históricas en las que el terrorismo e inseguridad en nuestros competidores nos auparon a cifras récord, por lo que dirigentes y empresarios deberían reflexionar sobre las causas de que ese visitante accidental no se ha conseguido fidelizar.

De Baleares no hablo, pero ciñéndonos a nuestro territorio y, más en concreto, Gran Canaria, los problemas de antaño siguen siendo los de hoy en día. La escasa apuesta por la renovación turística por parte de muchos empresarios que siguen exprimiendo la gallina de los huevos de oro hasta que se quede sin nada que ofrecer, es el principal obstáculo. El visitante de hoy en día tiene conocimiento y acceso a mucha información y busca destinos que aporten algo, que ofrezcan una buena relación calidad/precio y no podemos vivir solo del binomio sol y playa. Aquí seguimos con apartamentos anclados en los años 80, solares abandonados llenos de basura en pleno epicentro turístico, zonas de ocio convertidas en macrobotellones y ring de boxeo, parques de ocio en los que clavan al visitante y ofrecen atracciones de escasa calidad, hoteles con el mismo mobiliario que hace décadas y zonas de restauración en las playas lamentables. Si queremos seguir siendo punteros, es momento para que el empresario invierta todo lo que ha ganado en épocas de bonanza, en mejorar su oferta. El turismo de calidad así lo exige.