Isabel Díaz Ayuso Provocar

Y provocación fue lo de Isabel Díaz Ayuso cuando dijo que la Virgen de Atocha también es una mujer

Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

Dice Alaska (Fangoria tiene nuevo disco) que nunca ha pretendido provocar. Tampoco lo pretende Tamara Falcó cuando propone rezar por Ucrania. Qué escándalo, aquí se reza. Ni que fuéramos de Marte. Hay otras provocaciones. Así, poner el nombre de Almudena Grandes a la estación de Atocha. El Gobierno cree que hay que dar visibilidad a las mujeres. Y han decidido añadir el nombre de la escritora con un guión tras Puerta de Atocha. Digo que es provocación porque no se pondría ese nombre sin la fea polémica tras la muerte de la escritora por parte de los hunos y los otros. A Chamartín le añadieron Clara Campoamor. Vale. ¿Es mejor Almudena Grandes que Elena Fortún? Ya. No se trata de eso.

Y provocación fue lo de Isabel Díaz Ayuso cuando dijo que la Virgen de Atocha también es una mujer. Y qué silencio aguantando el plano con un «os habéis quedado muertos con lo que he soltado». Para eso hay que valer. «Me impresiona su determinación», ha declarado Michael Barnier, asesor de la campaña de Valérie Pécresse para la presidencia francesa. Dice que ambas son eficaces y pragmáticas. Pero Ayuso tiene una actitud que no tienen otras. Y que molesta.

Da igual si Atocha se llama Atocha por la Virgen o no. Se trataba de provocar. Hay una parte lúdica en su candor agresivo. Y los que la consideran una verraca caen una y otra vez. Pero peor es caer con las cosas de Pablo Iglesias (¿quién es Pablo Iglesias?). Menudo melón, meterse con Jabois por reírse este del pacifismo jipi de Belarra y Echenique, por sugerir que Putin hable con ellos y no con Macron, a ver si lo convencen. Y lo llama indecente. O asegura que lo que dice es indecente. No gustarle a Iglesias es un adorno para las personas.