Frecuencia Modulada

Pretty woman

31/07/2017

El atractivo del cuento de Cenicienta supera de largo el paso de los años. Por mucho que cueste asumirlo en público, a todos nos encanta creer que la chica pobretona logra encandilar al príncipe y ponerse por montera los obstáculos ideados por sus malévolas hermanastras. Es cosa de soñar incluso que, en la versión moderna del clásico de Charles Perrault, Richard Gere te lleva a Rodeo Drive a gastarse una «cantidad indecente de dinero» en trapitos. Todos se ponen a tus pies al olor de la chequera: «nos gusta que nos hagan la pelota», recita Casimiro Curbelo a sabiendas que sus tres diputados bloquean decisiones de peso en el Parlamento regional.

Y es que la matemática parlamentaria -cosida con alfileres en Madrid y al estilo prêt-à-porter en Canarias- convierte los tres escaños de ASG en llave de cualquier maniobra para renovar de espaldas a Coalición Canaria los órganos que dependen de la Cámara. Se necesitan 40 votos de los 60 del Parlamento para elegir a un miembro del Consejo Consultivo, de la Audiencia de Cuentas, del Consejo Rector de RTVC e incluso para nombrar al sustituto de Jerónimo Saavedra como Diputado Común.

Esa norma de mayoría reforzada convierte a Curbelo en la Pretty Woman del momento, la jovencita humilde a la que oposición y Gobierno tendrán que hacer «mucho, mucho más la pelota» en lo que resta de legislatura si quieren imponer su voluntad. Las cuentas están claras: PSOE, PP, Podemos y Nueva Canarias suman 39 diputados, bastantes para hacer daño a los nacionalistas con iniciativas en el Parlamento pero insuficientes para infringir castigo real a CC donde de verdad duele.

Pero, ¿cuál es ese talón de Aquiles de CC? Pues en estos momentos de la legislatura, los nacionalistas no pueden permitirse el lujo de perder el control de órganos fiscalizadores como la Audiencia, el Consultivo y el Diputado del Común, pero sobre todo tienen que amarrar al milímetro la situación en la ponencia del sistema electoral y en el consejo de la tele. Aguantar duras críticas de la oposición es una cosa, pero perder votaciones con todos en contra ya sería harina de otro costal.

Es ahí donde Curbelo cobra un especial protagonismo, se sienta en el porche del príncipe y empieza a elegir de acuerdo con sus intereses «Pito, pito, gorgorito», piensa mientras su teléfono suena insistente. La Cenicienta canaria tiene ya miles de llamadas entrantes en espera. Toca hacerle la pelota. Mucho, mucho más.