Yolanda Díaz. / Reuters

'La vida amarga'

Ser Paquita

¿Qué clase de humildad patológica y demagógica puede llevar a alguien a decir que es un defecto ser trabajador?

Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

Condoleeza Rice se levantaba a las cuatro de la mañana y se ponía a hacer ejercicio. Una hora más tarde lo hacía Iván Redondo cuando estaba en el Gobierno. O en lo que estuviera. Al menos cuando se lo preguntó Alberto Surio, que tampoco insistió mucho: «Me levanto muy temprano. ¡No me haga decir la hora! Las 5.00 de la mañana». Mira, la misma hora que Yolanda Díaz, la ministra del extraño prestigio, según contó en 'Salvados'. «Soy una mujer que tengo un enorme defecto y es que soy demasiado trabajadora. Me levanto a las cinco de la mañana…». Es como decir: tengo un enorme defecto, los ojos color violeta. ¿Qué clase de humildad patológica y demagógica puede llevar a alguien a decir que es un defecto ser trabajador? Otra cosa es qué hagas con el trabajo. O que seas como ese del que habla Pla en 'La vida amarga': «Era un gandul profundísimo, insondable, que había llegado a encontrar la manera de aparentar que estaba siempre atareado».

Albert Rivera se va del despacho Martínez-Echevarría, que lo acogió cuando quiso ser feliz. Rivera acusa a la firma de negarle la presidencia y de no pagar el variable, según leo en 'El Confidencial'. Lo terrible es cuando entrecomillan esto del despacho: «Su productividad estaba alcanzando niveles preocupantes, muy por debajo de cualquier estándar razonable». Un gandul. Eso no está bien visto. Ese es el defecto.

Ya retirada, Paquita Rico se levantaba después de la una. Una amiga, harta de no poder hablar con ella por las mañanas, la animó a levantarse antes. Le dijo que toda su vida se había levantado a las seis de la mañana para hacer películas y que ahora (entonces) se levantaba a la hora que le salía del coño. Es mejor ser Paquita que Yolanda.