Rubiales Las mil y una noches

Con razón nos habían dicho que la Supercopa de España y el Mundial iban a traer al Golfo Pérsico vientos de libertad

Pío García
PÍO GARCÍA

Lo bueno de ser Gerard Piqué es que un día llamas al príncipe Bin Salman y, en lugar de descuartizarte con la motosierra, se pone al teléfono, te pide una camiseta firmada y si ha dormido bien hasta te canta el waka-waka. Somos muy exagerados y pretenciosos los occidentales con estas cositas nuestras de los derechos humanos, muy pejigueros, y tenemos que reconocer que los monarcas árabes son en el fondo gente hospitalaria y tratan muy bien al emérito, que anda purgando sus pecados en hotelazos del desierto y ahí lo tenemos por si hace falta, todo sea por el bien de las mujeres en general y de las aficionadas saudíes en particular. Con razón nos habían dicho que la Supercopa de España y el Mundial iban a traer al Golfo Pérsico vientos de libertad, un poco como cuando los Beatles tocaron en las Ventas y descubrieron a los españoles que otro peinado era posible.

Con el fútbol a veces nos empeñamos en ver negocietes donde solo hay sentimientos puros y ambiciones filantrópicas. Ya nos habían advertido Guardiola y Xavi de que Catar es en realidad un paraíso de las libertades, especialmente si uno es millonario y heterosexual, sobre todo millonario, y que tampoco molestan a los gais si reprimen sus efusiones y no se dan besitos en público porque eso es una cosa cultural como comer mosquitos o beber leche de camella y no podemos andar imponiendo por ahí nuestras decadentes costumbres europeas. Otra historia son los emigrantes pakistaníes y bengalíes que han muerto construyendo estadios, pero seguro que allá en el cielo les estaban esperando diez o veinte huríes con las tetas al aire y además estarán locos de contentos al saber que sobre sus huesos algún balón rematará Benzema.

--